Un habitant du septième ciel

martinez fabio un habitante traducción cara sola ab 6 11

 

                                                                     Retazos criticos de la obra

                                                          Le Septième Ciel : un habitant littéraire de Paris

                                                          Entre la memoria y la imaginación: link

                                                                             Fabio Martinez, entrevistalink

                                                                             Lecture littéraire, le 7ème ciel: link

De l'autre côté du rêve

 

Luisa Ballesteros Rosas

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Dans De l'autre côté du rêve, la poésie se définit comme une arme et conscience, car la poésie en elle-même offre une justification de l'expérience, de la vie. Par le contact constant avec la nature, ses vers sont peuplés de perles, lunes, roses, feuilles et épis, dans une philosophie de l'existence, s'éloignant du contexte littéraire colombien des dernières années où, dans un langage plutôt familier, celui de la rue, la ville s'impose.

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Mardi 21 février 2012 2 21 /02 /Fév /2012 22:36

LA ÚLTIMAS ALEGRÍAS

                                                                Cuento de Milcíades Arévalo

 

Milciades4.jpg

                                                                El escritor Milcíades Arévalo en su casa de la candelaria en Bogotá


Busqué un bar, desde el cual pudiera  divisar el muelle, la bahía iluminada, el horizonte, nada más. Solo esperaba la llegada de  un  barco para partir lo antes posible. Durante la travesía  tocaría los puertos y en los puertos estaban las aventuras y las muchachas bonitas. 

 

 Me siento  en un rincón desde el cual  veo  gente que entra y sale, interminablemente. Sus rostros parecen pintados de verde debido a la penumbra. Pido un aguardiente para alejar el frío.

 

 -- Hoy es navidad –dijo alguien a mis espaldas. Luego fue hasta la barra,  dio media vuelta, contempló al público y comenzó a cantar: La muerte.  Cuando la canción  inundó el bar, se acercó a mi mesa y me puso las garras en el hombro.

 

-- Te conozco –me dijo.

 

Lo miro a la cara: en ninguna parte del mundo lo he visto. Le digo que no tengo  tiempo de escucharlo, que pronto terminará de llover, que había entrado por causalidad, etc. No se inmutó con mis pequeñas protestas. Dejé caer la mirada sobre los espejos del bar, iluminado débilmente por lucecitas de colores. ¿Quién era, qué hacía, qué quería, de dónde vendría.

 

El hombre aspiró una bocanada de humo y poco a poco la fue soltando mientras hablaba:

 

-- La primera letra de mi nombre es la M, pero me hubiera gustado más que me llamaran Alejandro. Por lo demás, ¿qué importa  el nombre? Cuando era pequeño soñaba ser Capitán, navegar los mares del mundo. Me embriagaba de sueños: Playas, sol y amor…  Cuando el humo de mi tabaco sube al cielo y sobre el pavimento recién mojado por la lluvia   parpadean las luces de neón, pienso en la felicidad. Pero no vamos a hablar de eso, la felicidad no existe.

 

Quise decirle algo afectuoso, pero me interrumpió de nuevo.

 

 -- Me emociona enormemente el progreso de la humanidad. Los amaneceres me parecen maravillosos y los gozo hasta el delirio, pero hay algo que me atormenta todos los días. ¿Por qué armas y no manzanas? –me preguntó con rabia.   

 

Acaricié una idea en el magín. Quise decirle que la paz era un buen negocio para los fabricantes  de armas y las manzanas, pero le respondí que la paz del mundo estaba amenazada y, que en este caso, las armas le servían  a los gobiernos para defender sus  dominios. Me miro sorprendido y a la vez incrédulo.

 

-- En estos tiempos se habla mucho de  la paz pero eso a nadie le importa: la  paz es una paloma muerta –dijo dejando y se quedó callado. Imagine que trataba de localizar en el fondo de su memoria algún himno guerrero. Sorpresivamente  levantó la mirada y dijo:

 

-- Mi vecino a menudo me llama para que hablemos de su automóvil. Le he dicho mil veces que no entiendo nada de autos, que si me hablara por ejemplo de elefantes, podríamos llegar a ser amigos. Mi vecino cree que la envidia me muerde las uñas, pero se equivoca. Los hombres  de hoy tiene tantos objetos que cuidar que ya no tiene tiempo de vivir: su mujercita, su dinero, sus trapos, etc. ¡Pobrecitos!

 

Levantó la mirada y en el fondo de sus ojos vi que se perfilaba un recuerdo grato. Le pregunté si le gustaban los gatos.

-- Con Liv sentí por  primera vez el incendio en los labios y los carbones furiosos de la pasión en la sangre.

 Eso me alegro. Por fin hablaba de algo interesante. Mire a la mujercita que nos a atendía. La imaginé desnuda en alguna aventura amorosa y sentí un cosquilleo el cualquier parte.

 

El hombre  se levantó y fue al baño. Cuando regresaba lo detalle. La soledad pesaba sobre sus hombros. Lucía un abrigo raído y en sus ojos de azul profundo navegaba una paloma. Se sentó de nuevo y continuó hablando:

 

-- La mujer que está sentada en la barra, tan pronto me vio comenzó a contorsionarse como un  relámpago para  enredarme entre sus faldas. Por eso la alejé. Usted es diferente. Callado y estático. Me gusta su inmovilidad. Parece un muerto.

 

No me sorprendió que dijera “Parece un muerto” Desde hacía un tiempo esperaba que alguien me identificara entre la multitud. Traté de reírme pero luego pensé que no era cosa de bromas. El hombre clavó su mirada en mis narices y dijo:

 

-- El silencio absoluto. Esa es mi regla. Si le parezco una cotorra, no se extrañe, necesitaba comunicarme con alguien. No encontré ningún idiota  pero tampoco desfallecí. Soy un falso actor. Eso somos todos.

 

--¿Le gusta esa muchacha? -me preguntó el hombre.

 

Volteé a mirar  un bulto opaco, movible, perfumado. En sus manos podía tener un paraguas, un cuchillo o una flor. La imaginé en  alguna aventura amorosa. En menos de un instante estrujaría sus senos, grandes y turgentes y comenzaría a manosearla de la manera más deliciosa, llevado por las olas de un mar invisible y lejano.

 

-- En algún lugar del mundo una mujer piensa en mí –le dije.  Levanté la copa  y brindé a nombre de todas las soledades.


-- Escombro de guerra –dijo el hombre lanzando bocanadas de humo como un barco que se va a pique.


-- Es el momento –me dije. Saqué una soga y se la mostré. El hombre se quedo perplejo, mirándola. Le dije que era experto en hacer nudos e inmediatamente comencé a enseñarle, pero el hombre no daba con el mecanismo. Mis dedos eran ágiles. Me detuve para decirle que mi propósito no era enseñarle a hacer nudos. En pocas palabras le di a entender el asunto.  Dos meses de viaje y estaría de nuevo en mi patria, en sus calles y avenidas, sitios donde alguna vez fui feliz.. Soltó una risita macabra.

 

Lo observe detenidamente. Todo mi pasado nadaba en la profundidad de su mirada. Ya no habrá otros veranos para mí. Mi viaje, ¿qué importancia tenia? ¡Nada! Es posible que cuando regrese al hogar, ahora lejano y definitivamente borroso, Nadia diga al verme  llegar  que en ciertas cosas me parezco al que ella amaba, que aunque el amor sea el mismo he perdido mi tiempo para llegar a ser un escombro de guerra un recuerdo, nada. Barcos, puerto, la guerra, el valor, la libertad. Había luchado contra nadie y ahora… A veces quisiera  dejar a un lado las muletas y volar.

 

El hombre se levantó, miro hacia la calle. Dio un suspiro largo y miró hacia el espejo donde yo tenía puesta la mirada.


-- Ha escampado y es tarde ya. Si esta noche el policía de la esquina hace bulla con su cornetín es mejor que se cuelgue un ancla al cuello –dijo y salió.


La muchacha  se acercó, dijo algo acerca de la lluvia, luego me preguntó la hora.


-- No siquiera te conozco –le digo.


-- Los amantes del mundo no se conocen.


Miré el pasaje de regreso y comprobé que esperaba la llegada de un barco en el puerto más extraño jamás conocido.


-- Todos aman pero no todos esperan un barco –le digo.


Apoye firmemente el cuerpo contra las muletas, estruje sus senos, recorrí su cuello con mi lengua  y acerqué mi boca a sus labios. De su carne brotaba el aroma del deseo.


-- El barco… --murmuro. Tomo un trago. Abro la puerta y salgo a la calle.

 

El viento del amanecer levanta papeles, hojas… De todas partes me llega el aliento  fresco de la noche envuelto en el verano. En algún lugar del mundo, Nadia piensa en mí. En el horizonte, un barco se dirige al puerto con luces hasta el tope y banderas desplegadas en los mástiles. Al subir a cubierta tropecé con un hombre de aspecto agradable. Le mostré el pasaporte, el pasaje y los  recibos de la aduana. Una semana de viaje y estaría de nuevo en mi patria.  En un tono que derrumba a toda esperanza me dijo:

 -- Lo compadezco.

 -- ¿Por qué? –balbucí.

 -- Todos esperan un barco que no ha de venir --Tomó el astrolabio y comenzó a recorrer el cielo  de sur a norte.

-- Es cierto. Quizá la quilla de un nuevo barco apunte hacia este puerto

–le dije como si fuera un   escombro  de la guerra.

 Bajé a tierra.

 

   De “Las otras muertes” (cuentos)

 

 

DE DERNIERES JOIES

                                                                 par Milciades Arévalo             

                                                              Traduit par Libia Acero-Borbon 

 

 

Luis Vidales y Milciades

                                                                             Milcíades Arévalo con el poeta Luís Vidales

                                               

J'ai cherché un bar, depuis lequel je puisse distinguer le quai, la baie illuminée, l'horizon, rien de plus. J’attendais seulement l'arrivée d'un bateau pour partir le plus tôt possible. Durant la traversée je toucherais les ports et dans les ports, je trouverais les aventures et les jolies filles.

 

Je m'assois dans un coin depuis lequel je vois les gens qui entrent et sortent, interminablement. Leurs visages semblent peints en vert à cause de la pénombre. Je demande  un verre d’eau - de - vie pour adoucir le froid.

 

Aujourd'hui c'est Noël - quelqu'un m’a dit derrière moi. Ensuite il est allé jusqu'au comptoir, a fait un demi-tour, a contemplé le public et a commencé à chanter : La mort. Quand la chanson a inondé le bar, il s'est approché de ma table et m'a planté ses griffes dans l'épaule.

 

Je te connais – m’a t’il dit.

 

Je regarde son visage : je ne l’ai vu nulle part au monde. Je lui dis que je n'ai pas le temps de l'écouter, qu’il va bientôt s’arrêter de pleuvoir et que je suis entré par hasard etc. Il n'est pas altéré par mes petites protestations. J'ai laissé tomber le regard sur les miroirs du bar, illuminé faiblement par des petites lumières de couleurs.  Qui était-il, que faisait, que voulait, d'où pouvait-il venir ?

 

L'homme a aspiré une bouffée de fumée et l'a relâchée peu à peu pendant qu’il parlait :

 

- « La première lettre de mon nom est M mais j’aurais préféré que l’on m’appelle Alejandro. En outre: qu'importe le nom ? Quand j’étais petit, je rêvais d’être capitaine, de naviguer sur les mers du monde. Je m'enivrais de songes: les plages, le soleil et l'amour … Quand la fumée de mon tabac monte au ciel et sur le pavé récemment mouillé par la pluie, que les lumières de néon clignotent, je pense au bonheur. Mais nous n'allons pas parler de cela, le bonheur n'existe pas. »

J'ai voulu lui dire quelque chose d'affectueux mais il m'a à nouveau interrompu.

 

- « Le progrès de l'humanité m'émeut énormément. L’aube me semble merveilleuse et je jouis d'elle jusqu'au délire mais il y a quelque chose qui me tourmente tous les jours. Pourquoi des armes et pas des pommes ? » – me demandait-il avec rage.

 

J'ai alors nourri une idée. J'ai voulu lui dire que la paix était une bonne affaire pour les fabricants d'armes et de pommes mais je lui ai répondu que la paix du monde était menacée et que dans ce cas, les armes servaient aux gouvernements à défendre leurs domaines. Il m’a regardé surpris et à la fois incrédule.

 

- « En ces temps, l’on parle beaucoup de la paix mais cela n'importe à personne : la paix est une colombe morte »- dit-il avant de demeurer silencieux. Je me suis imaginé qu'il essayait de localiser au fond de sa mémoire un hymne guerrier. De manière surprenante, il a  levé le regard et a dit :

 

- « Mon voisin m'appelle souvent pour que nous parlions de son automobile. Je lui ai dit mille fois que je ne comprenais rien aux voitures, que s’il me parlait d’éléphants, nous pourrions arriver à être amis. Mon voisin croit que l'envie m’en démange mais il se trompe. Les hommes d'aujourd'hui ont tant d'objets dont ils doivent prendre soin qu'ils n'ont pas assez de temps pour vivre : leurs petites femmes, leur argent, leurs chiffons, etc. les pauvres !

 

Il a levé le regard et au fond de ses yeux, j'ai vu qu'un souvenir agréable se profilait. Je lui ai demandé si les chats lui plaisaient.

- « Avec Liv j'ai senti pour la première fois l'incendie sur mes lèvres et les braises furieuses de la passion dans le sang. »

Cela m’a réjoui. Il parlait enfin de quelque chose d'intéressant. J’ai dévisagé la petite femme qui nous servait. Je l'ai imaginée nue dans une aventure amoureuse et j'ai senti un chatouillement à un certain endroit.

 

L'homme s’est levé et est allé aux toilettes. Quand il est revenu, je l’ai soigneusement observé. La solitude pesait sur ses épaules. Il portait un manteau râpé et dans ses yeux d’un bleu profond filait une colombe. Il s'est assis à nouveau et a continué à parler :

 

- « La femme qui est assise au comptoir, dès qu’elle m’a vu, elle a commencé à se contorsionner comme un éclair pour m'embrouiller entre les plis de sa jupe. C’est pour cela que je l'ai éloignée. Vous êtes différent. Silencieux et statique. Votre immobilité mhttp://www.latinoaldia.com/articles-/oolitica-y-economia/245-en-la-selva-de-alfonso-diaz-uribee plaît. Vous ressemblez à un mort.

  

Je n'ai pas été surpris qu'il dise " Vous ressemblez à un mort."  Depuis quelques temps déjà, j’attendais que quelqu'un m'identifiât parmi la multitude. J'ai essayé de rire mais j'ai ensuite pensé que ce n'était pas matière à plaisanteries. L'homme a cloué son regard sur moi et a dit :

 

- « Le silence absolu. C'est ma règle. Si je vous semble une pipelette, ne vous étonnez pas, j'avais besoin de communiquer avec quelqu'un. Je n'ai trouvé aucun idiot mais je n'ai pas non plus failli. Je suis un faux acteur. Nous le sommes tous.

Cette jeune fille vous plaît-elle ? » - me demanda l'homme.

 

Je me suis retourné pour regarder un ballot opaque, mobile, parfumé. Dans ses mains, elle pouvait tenir un parapluie, un couteau ou une fleur. Je l'ai imaginée dans une aventure amoureuse. En moins d'un instant, je presserais ses grands seins turgescents et commencerais à la caresser de la manière la plus délicieuse, porté par les vagues d'une mer invisible et lointaine.

 

- « Quelque part dans le monde, une femme pense à moi » - lui ai je dit. J'ai levé ma coupe et ai porté un toast au nom de toutes les solitudes.

- «  Ruine de guerre » - dit l'homme en expirant des bouffées de fumée comme un bateau qui coule.

 

« C'est le moment » - me suis-je dit. J'ai sorti une corde et la lui ai montrée. L'homme est resté perplexe, la regardant. Je lui ai dit que j’étais un expert pour faire des noeuds et immédiatement j’ai commencé à lui apprendre mais l'homme ne découvrait pas le mécanisme. Mes doigts étaient agiles. Je me suis arrêté pour lui dire que mon propos n'était pas de lui apprendre à faire des noeuds. En peu de mots, je lui ai fait comprendre l’affaire. Encore deux mois de voyage et je serais à nouveau dans ma patrie, dans ses rues et ses avenues, des endroits où une fois j'avais été heureux. Il a lâché un petit sourire macabre.

 

Je l’ai observé attentivement. Tout mon passé baignait dans la profondeur de son regard. Il n'y aurait plus d'autres étés pour moi. Mon voyage: quelle importance avait-il ? Aucune! Il est possible que quand je revienne au foyer, maintenant lointain et certainement flou, Nadia me dise à mon arrivée que sur certains points je ressemble à celui qu'elle aimait, que bien que l'amour soit le même, j'ai perdu mon temps pour devenir un décombre de guerre, un  souvenir, un rien. Des bateaux, un port, la guerre, la valeur, la liberté. Je n’avais lutté contre personne et maintenant … Parfois je voudrais laisser de coté les béquilles et m’envoler.

 

L'homme s’est levé, a regardé vers la rue. Il a soupiré longuement et a scruté le miroir où j'avais posé le regard.

- « Il a cessé de pleuvoir et il est déjà tard. Si cette nuit le policier du coin fait un tapage avec son petit cornet,  il vaut mieux  qu’il se pende une ancre au cou » – a t’il dit et est sorti.

La jeune fille s'est approchée, a dit quelque chose à propos de la pluie, m'a demandé l'heure.

- « Non je ne te connais même pas » - lui ai-je dit.

- « Les amants du monde ne se connaissent pas. »

   J'ai vu le ticket de retour et ai constaté qu'elle attendait l'arrivée d'un bateau dans le port le plus étrange jamais connu.

- « Tous aiment mais tous n’attendent pas un bateau » – lui ai-je répondu.

J’ai appuyé fermement son corps contre les béquilles, pressé ses seins, parcouru son cou avec ma langue et ai rapproché ma bouche de ses lèvres. Sa chair exhalait le parfum du désir.

 

- « Le bateau … »  - je murmure. Je prends un verre. J'ouvre la porte et je sors dans la rue.

    Le vent de l'aurore soulève les papiers, les feuilles … De toutes parts m'arrive l’air frais de la nuit enveloppé de l'été. Quelque part dans le monde, Nadia pense à moi. A l'horizon, un bateau se dirige vers le port avec des lumières sur toute la hauteur et des drapeaux déployés sur les mâts. Lorsque je monte sur le pont du bateau, je trébuche sur un homme d'aspect agréable. Je lui montre le passeport, le ticket et les reçus de la douane. Une semaine de voyage et je serais à nouveau dans ma patrie. Dans un ton à tuer toute espérance, il me dit:

- « Je te plains »

- « Pourquoi ? »  

- « Tous attendent un bateau qui ne viendra pas » - Il prend l'astrolabe et commence à parcourir le ciel du sud au nord.

- « C’est vrai. Peut-être que la quille d'un autre bateau visera ce port » - lui dis-je comme si j’étais un décombre de la guerre.

   Je descends à terre.

De “Las otras muertes” (cuentos)

                                                                                                   

Par VERICUETOS - Publié dans : NARRATIVE
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Dimanche 5 février 2012 7 05 /02 /Fév /2012 22:23

EL POEMA COMO EXPERIENCIA PEDAGOGICA
EN SAINT-MALO

Por Efer Arocha
París, 6 de febrero de 2012

 

  remparts de st malo

Saint - Malo

El poema que vino a la vida con la pretensión de explicar el mundo, se disputa con la religión, la ciencia y la filosofía dicho terreno. Esto desde los albores que antecedieron al registro de memoria en su forma escrita, y que los historiadores nos argumentan que fue el momento en que nació la citada disciplina.


Como entre los materiales que constituyen el poema se encuentra el sentir intrínseco de los recónditos humanos, tanto en su forma individual como colectiva, esto le ha permitido al poema en el transcurso de su existencia prestar servicios diversos. El más frecuente es la tarea de hacer aflorar la alegría y el dolor anidados en la esencia de lo inaprehensible, constituyéndose en uno de los principales sedimentos del sentimiento para particularizar al sujeto en tanto que unidad abstracta.


En el plano del goce, cuando éste sobrepasa ciertos umbrales, se convierte en esencia de la alegría; ahí hace un tránsito de lo abstracto a lo concreto. La alegría para poder ser leída se manifiesta de manera aprehensible por intermedio de los órganos de los sentidos del espectador. Esto en el plano individual del sujeto alegre, porque en su forma colectiva ella es visible en las conductas del grupo; es decir, en la muchedumbre. En un plano distinto él poema se convierte en aval de lo sublime, austero y perenne, integrándose a la magnificencia de los acontecimientos de Estado, siendo herramienta para contribuir a lograr la trascendencia histórica. En el área del dolor, en el lenguaje del lamento, el poema es un broche que abotona el luto, incensiando la atmósfera del pesar, para luego cerrar el pesado portón negro y metálico de la separación entre lo animado e inanimado.


El poema presenta un ángulo de desempeño polifacético que le permite alcanzar la cualidad de ser un portador de múltiples elementos; entre ellos el más importante es el desempeño en el campo de la gnosis, él es conocimiento; aquí nos referimos al conocimiento estético que es un conocimiento distinto al que aporta la ciencia. El conocimiento estético del poema desde los albores de su nacimiento, entró en contradicción con la idea teológica, puesto que los dos tienen el mismo objetivo, explicar el mundo, y al hacerlo deben explicar al hombre, cada uno desde un puerto distinto. El poema lo hace desde las entrañas humanas, mientras que la idea teológica lo hace desde las alturas celestiales. Sin embargo, el poema como herramienta estética es polisémico, polisemia que le permite ponerse al servicio de lo religioso, ser instrumentalizado por la idea teológica; de ahí que un género de poesía, muy bella por cierto, es sacra. Otra disputa del poema es con la filosofía y la ciencia, pero nos detenemos porque no es tema de esta crónica.


Como instrumento pedagógico, en tanto que útil para la enseñanza y el aprendizaje de una lengua de manera sistemática, no lo había encontrado en parte alguna. Por ello fue para mí un verdadero descubrimiento ocurrido en Saint-Malo. La ciudad es un puerto francés ubicada en la región bretona, la cual se sitúa en el litoral de la Mancha sobre la rivera derecha del Estuario Rance.


Para establecer el número de sus habitantes se debe tener en cuenta varios factores. Si se parte del presupuesto de nativos o raizales, para el censo de 2008 tenía cerca de 49.000. Si el conteo se verifica en época de verano, la cantidad se dispara astronómicamente, alcanzando el cuarto de millón. El sitio es el destino preferido de los europeos, puesto que posee variados atrayentes a los que nos referiremos más abajo. Uno de ellos es su lengua aborigen, el galo.


claude-couffon3

  Claude Couffon

 

El poema transformado en un instrumento de la pedagogía, fue en principio la idea de Claude Couffon, muy conocido en el campo de los especialistas de la literatura en lengua española; poeta, traductor y profesor universitario quien es hasta hoy el más grande traductor del español al francés. No obstante, las ideas por si mismas, en su sentido abstracto no logran las trascendencia si no se corporizan mediante las acción de una práctica concreta, mérito que recae a Dodik Jégou y a Françoise Diarté.


deux enseignantes Dodick Jégou (à droite)

 

 

Dodik Jégou fue nombrada en 1982, Presidenta de los Encuentros Poéticos Internacionales de Bretaña, región continental francesa, para continuar con los Encuentros Poéticos del Mont Saint-Michel fundados en 1956, cargo que ejerce hasta hoy. Dodik y Françoise son dos mujeres llenas de pasión, energía y vida por todo aquello que expele olor a tierra bretona. A causa de esto, organizó con el artista Gwen, eventos de la cultura bretona que terminarían por cristalizarse con el nacimiento de la Maison Internacionale des Poètes et des Ecrivains (Casa Internacional de Poetas y Escritores), una verdadera estructura con bases firmes debido a que la municipalidad de Saint-Malo se involucró en la subsistencia y existencia, empezando porque puso a su disposición una antigua y bella casona situada en el número 5 rue du Pelicot, que es la calle más vieja que tiene la ciudad. La sede fue inaugurada por René Couanau, Diputado y también Alcalde de la ciudad, en un acto de notabilidad, de brillo y pompa, el 6 de octubre de 1990, con la presencia de Federico Mayor, Director General de la UNESCO, Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura, padrino de la institución, el poeta Edouard Maunick y otras connotadas personalidades.


La Casa Internacional de Poetas y Escritores y el Taller de Traducción, ha invitado a un notable grupo de plumas latinoamericanas: Jorge Nájar del Perú, Vivian Lofiego-Argentina, Carmen Yánez Hidalgo-Chile, Arnaldo Calveyra-Argentina, Leopoldo Chariarse-Perú, Rocío Durán Barba-Ecuador, Zoé Valdés-Cuba, Lina Zerón-México, Ivette Guevara-Cuba, Diana Lichy-Venezuela, Luis Mizón-Chile, Humberto Ak’abal-Guatemala, Silvia Castilleros-México, Justo Padrón-España, Porfirio Mamani-Perú, Myriam Montoya-Colombia, Lourdes Espinola-Paraguay.


Françoise Diarté, profesora de español, en uso de buen retiro, esposa del médico Pierre Diarté quien es otro militante de la poesía y sobre todo del español, le ayuda en sus diferentes tareas. Ella es una de esas personas que llevan en su intrinsedad y corazón su profesión; es decir, es pedagoga por vocación; no obstante de estar jubilada, y desempeñarse en varios frentes de las obligaciones familiares asume su trabajo solidario como si se tratara de una profesora en ejercicio. Es un enlace de ese fenómeno pedagógico de los talleres de traducción llevados a efecto en varios centros educativos de Saint-Malo, como son el Instituto Jacques Cartier, Liceo La Providence, Colegio Robert Surcouf y el Colegio René Cassin.


Lycée Jacques Cartier

Photo Lycée Jacques Cartier, déposée par Florian BIGAUD

 

Entré en contacto con esta bella experiencia pedagógica en el Liceo Jacques Cartier cuyo establecimiento adorna uno de sus muros con una especie de mural friso en madera el cual cuenta la odisea del descubridor de Canadá. Los profesores de los establecimientos son verdaderos entusiastas del taller de traducción; Michel Babonneau y Valérie Garnier son los profesores de español del Jacques Cartier.


El resultado de la experiencia plenamente confirmado en la enseñanza de los idiomas, ha demostrado sin lugar a dudas que a una menor edad del estudiante, éste aprende más fácil una lengua. En consecuencia no hay ninguna razón que impida crear un taller de traducción poético en el mismo momento en que se está aprendiendo una lengua. La práctica que tuve sobre todo con los más pequeños en el colegio René Cassin de Cancale; donde es profesora de español Michèle Simon; me ha hecho reflexionar profundamente en este sentido.

 

Los chiquitines me sorprendieron por la plasticidad en el lenguaje para proponer soluciones distintas al vocablo equivalente con el fin de potencializar un verso. Para lograr esto se hace necesario salvar muchos obstáculos, empezando porque la poesía no se traduce por equivalencia del significado que contienen las palabras, esto en la mayoría de las veces. El significante y el significado pueden servir de materiales para usarlos en parte o totalmente en la elaboración de un verso que se trabaja en directo con los valores anteriores y, que en la lengua objeto de traducción tiene equivalente. Pero cuando el poema contiene muchas imágenes, o su factura es la imagen, el término válido para una traducción de prosa, en poética resulta inútil puesto que queda anulado. Nos encontramos frente a la mayor dificultad que presenta el cambio de los valores comunicacionales de una lengua a otra; sólo los orfebres del lenguaje pueden asumir la tarea; la explicación es simple, las imágenes verbales carecen de toda traducción obligando al traductor a cincelar una imagen que sea portadora de valores correspondientes en la lengua en que se está trabajando, como pueden ser su rima, melodía u otros codificantes, porten o no, aproximación o coincidencia con el texto de la lengua de origen. Caso parecido se presenta cuando la cesura del verso se convierte en el punto central donde chocan y explotan los dos opuestos. Por esta acción, el verso se cristaliza en un material distinto del común usado en el idioma, el que empapa todo el poema, operando igualmente un cambio en la estructura versificadora y también en todo el conjunto significativo. Queda claro que cuando el poema presenta las características anotadas, la exigencia para quien o quienes se enfrentan la labor, es ardua la tarea de encontrar el material propio que encaje en esa construcción exigente que es hacer un edificio similar o parecido al original, sin que la obra sea una copia, puesto que lo que se pretende es que sean dos originales que se diferencian por el entorno en el cual emergieron pero que pueden ser una unidad en dos partes distintas. Como es evidente, el esfuerzo que requiere desde la perspectiva pedagógica, enriquece al alumno por los descubrimientos que debe hacer desde el ángulo léxical haciéndole ampliar su vocabulario, concepción gramatical, y en ese orden, la más fina depuración en el manejo de un idioma. Develamos que además de realizarse el poema en tanto que poema, se ha convertido por haber sido sometido al taller de traducción poética en un instrumento pedagógico de primer orden en la enseñanza y aprendizaje de una lengua.

 

Saint-Malo es una ciudad vital llena de fuerza, con un glorioso pasado y también con una historia dolorosa. Las ciudades como las personas tienen sus propias particularidades que son las que establecen su personalidad y su unicidad. En el plano económico resulta ser un centro pujante con independencia y vida propia, empezando porque es un puerto marítimo activo en movimiento de mercancías y pasajeros, un centro de pesca que procesa los derivados del mar, fuente de ingresos y de empleos; igualmente es un centro agroindustrial, tiene una fábrica de abonos que da empleos a 660 trabajadores, el Grupo Roullier primera empresa francesa de agro-suministros le da trabajo a 6.300 obreros; el constructor Sanden dedicado a la fabricación de elementos para la climatización de automóviles, tiene a su servicio 760 asalariados. El Grupo de Almacenes Baumanoir que sólo en Francia tiene 850 establecimientos y miles en el extranjero, tiene allí su sede; y en ese orden otras empresas como la lechería de la localidad que tiene 150 empleados y una cifra de ventas de 60 millones de euros.


Hacen presencia cinco centros comerciales y numerosos almacenes de todo orden; esto sin reseñar el servicio de hotelería y de turismo que además de ser servido por vía marítima, ferroviaria y aérea, posee el servicio de tren de alta velocidad. Sin embargo, todo este ajetreo que supone muchedumbres en movimiento está ausente; sus calles son un misterio, respiran silencio y se toca una soledad apacible. La presencia de su campiña le hace a uno compañía en la vuelta de cada esquina, mezclada con la música lejana del oleaje que con suaves vaivenes acaricia rocas y arenas al compás del vuelo de aves marinas.


Sus acantilados rasgan la sábana marina formando una visión de melena encrespada. En una de esas rocas descansa uno de sus hijos connotados, François-René vicomte de Chateaubriand, figura cimera del romanticismo literario francés; su obra máxima es Memorias de Ultratumba, que es en cierto sentido una autobiografía y un retrato de la pequeña nobleza bretona de la época. Contó entre sus admiradores literarios con otro bate, Victor Hugo. Igualmente fue un hombre político en tiempos del Primer Imperio y de la Restauración. En cuanto a su predilección por los valores foráneos tenía un gusto muy particular sobre todo lo que referenciara América del Norte, un atlantista militante como se diría hoy.
Varios son los personajes de brillo que nos muestra la ciudad. Entre éstos hay dos que son inomitibles, Jacques Cartier y Robert Surcouf.


Lycée Jacques Cartier1

Jacques Cartier

 

Cartier adquiere connotación por haber sido cartógrafo y conquistador. Sobre la primera actividad la evidencian los diferentes mapas hechos sobre ríos y territorios iroqueses. En cuanto a la segunda, se empieza por el término Iroqués Kanata, del cual se deriva el nombre de Canadá que Cartier dio a la Nueva Tierra por él descubierta; para colonizarla efectuó tres viajes. El primero lo hizo partiendo de Saint-Malo el 20 de abril de 1534 y para el 10 de mayo se encontraba ya bordeando las costas de Terra Nova tomando posición de ella en nombre del rey de Francia. Siguiendo la tradición española, Cartier hizo erigir una enorme cruz en Gaspé, el 24 de julio de 1534, como sello que marca y apropia un espacio. Su segunda expedición tendrá lugar un año más tarde. Zarpa el 16 de mayo de 1535, esta vez con una verdadera flotilla compuesta por tres navíos. El Gran Herminia de alto calado con un peso de 120 toneladas, el Pequeño Herminia de 60 y el El Hermérillon de 40. Remonta el que ahora se denomina el río Saint Lorent (San Lorenzo), y echa anclas en Québec. Navegando en El Hermérillon se detiene en un lugar que le pondrá el nombre de Mont-Royal (Monte Real), que luego se transformará en Montreal. Su tercer y último viaje lo emprendió el 3 de mayo de 1541, partiendo de Saint-Malo. En esta oportunidad tiene a su disposición cinco barcos; lo hace bajo la dirección de Jean-François de la Roque, Seigneur de Roberval. Entre sus planes está instalar los primeros colonos franceses que deben poblar lo que ahora se llama La Nouvelle France, empezando por ubicarse en las orillas del río San Lorenzo. La enfermedad y las malas relaciones con los nativos, lo obligaron a retornar en 1543. La mayor parte de sus vivencias las ignoramos, comenzando por la fecha de nacimiento que no se puede establecer con el rigor que la precisión exige en el plano histórico, a causa de que hay un hueco de memoria de la palabra escrita, entre 1472 a 1494. En lo que sí hay unanimidad es que fue un malouinense de cepa. En este sentido abundan las pruebas, una de ellas muy atractiva y que es toda una institución en América Latina, El compadre; aparece 58 veces desempeñando este papel en actas bautismales. El interés de sus viajes no difieren de los demás contemporáneos que partían al Nuevo Mundo buscando El Dorado para su país y para su bienestar personal.

 

 

Robert Surcouf


Robert Surcouf

Robert Surcouf nació en Saint-Malo el 12 de diciembre de 1773 y murió el 8 de julio de 1827 en Saint-Servan. Su primer mérito que lo pone por fuera de ser un hombre común, es su calidad de lobo marino. Lo indicado es seguir la tradición de cómo lo llaman los bretones quienes le dicen: “tigre de mar”, calificativo bien ganado y también merecido. Siendo un hombre de corta edad trajinaba por las entrañas de la navegación mercante. No había cumplido trece años y ya era grumete; alcanzando el más alto cargo en la rama, antes de cumplir los veinte se hizo capitán de navío. Sin embargo, lo que lo llevó a la gloria fue otro asunto muy distinto pero ligado con la navegación, la piratería; actividad que nació en el mismo momento en que el hombre aprendió a desplazarse sobre las aguas en un tronco de madera, para luego hacerlo en una piragua, y que hoy aún se practica en el golfo de Adén. Este oficio alcanzó su máxima cima con el descubrimiento del Nuevo Mundo y el comercio de las especias. Dedicación de enormes beneficios en el plano económico que llegó hasta modelar naciones, y adquirir estatuto jurídico. De ahí que Surcouf en su condición de corsario sea un hombre de su tiempo, esculpido por éste, fue el que le imprimió su trascendencia hoy magnificada por sus coterráneos, mediante la estatuaria y todos los recursos que la perennización tiene para recordar a quienes en el pretérito adquirieron notoriedad. Como hombre de armas se le anota el temple aguerrido y la intrepidez, coronados por una bravura que le permitió cosechar verdaderos botines en asaltos marinos cazando las naves inglesas, entre las que se encuentran el Triton y el Kent. Se convirtió en un verdadero azote para los navíos de su majestad, quien le puso precio a su cabeza, y a pesar de ello no logró jamás su captura.


 

Para perennizar su memoria, una institución educativa que también está integrada a los Talleres de Traducción poética lleva su nombre, se trata del Colegio Surcouf, donde son profesores de español actualmente, Muriel Gazengel y Sylviane Bétrémieux.

 

Un visitante curioso, que siempre es aquél que se encuentra ávido por conocer y descubrir, se interroga sobre el origen o de dónde han podido venir esas gentes que mira en las calles tan entusiastas y trabajadoras, donde el bienestar colectivo se deja sentir como el silbido del viento gélido del Mar del Norte. Los malouinses, también conocidos como bretones, puesto que hacen parte de la Bretaña; en la antigüedad integraban una confederación de pueblos célticos denominada en la historia como “Confederación Armoricana”. César los nombraba “Aremorici” (Guerra des Gaules, VII, p. 35). Entre los confederados sobresalían los “venetes” que tuvieron asentamientos en dos regiones bien distantes: en el territorio que nos ocupa y en la zona donde se encuentra la ciudad de Venecia en Italia. En lo que concierne a los primeros, lograron desarrollar una poderosa flota mercante, tenidas en cuenta las proporciones posibles de su tiempo. Éstos comerciaban con los puertos ingleses y con los ubicados en sus orillas al norte y sur. La importancia de la flota la dejó consignada el cónsul Julio César donde manifiesta admiración y preocupación en la obra antes citada.


Los “venetes”, dos siglos antes de nuestro calendario habían logrado la organización del Estado con todos los organismos fundamentales incluido el parlamento. Precisamente en el año 56 antes de nuestra era, la flota romana reforzada con navíos de pueblos enemigos de los venetes, logró la destrucción de su flota en la batalla de Morbihan, y como consecuencia de la derrota se destruyó el Estado Venete, y sus habitantes fueron sometidos a la esclavitud y las tierras repartidas entre los amigos de Roma.


La región bretona enfrentará siempre un incesante movimiento de población a partir desde entonces, empezando por las migraciones britoromanas que terminaron por fundirse y confundirse con la población nativa. Luego de que las legiones romanas en el 411 abandonaran la zona, comenzará un intercambio de población permanente. Para el 476 a la zona llegan los visigodos y los francos que habían ocupado todo lo que hoy es Francia. Luego se presentarán los enfrentamientos y también mezclas. A partir del siglo VIII harán presencia los merovingios, y en el 920 los vikingos. En la Edad Media su historia empieza con Guillermo El Bastardo, para luego seguir con lo que llama la Era Capeciana bajo el reino de Felipe Augusto, en el 1209.


Durante el periodo tratado, buena parte de este estadio, Saint-Malo no pasó de ser cosa distinta a un pequeño grupo de casas dispersas absorbidas por el oleaje del mar, pero en paciencia con el correr de los siglos fue ganando importancia hasta convertirse en un caserío que había alcanzado estatuto urbano. Todo parece indicar que a mediados del Ier. siglo antes de nuestro calendario, era ya un poblado galo-romano ubicado donde hoy está Saint-Servan, el que posteriormente fue conquistado por las tropas de Julio César. Sin embargo, el Saint-Malo actual, situado sobre la roca llamada Canalchius, que para el siglo VII de nuestra era se encontraba inhabitada según la leyenda. Ella empezó a poblarse de pronto con la llegada de un ermita de nombre Aarón quien construye una gruta, Más tarde viene a sumarse un monje gallois de nombre indeciso Maclow, Mac Law o Malo, originario del País de Gales, del cual deriva su nombre.


Para el 811 un lugarteniente de Carlomagno invade el poblado y quema la iglesia de los católicos. Henri III de Inglaterra desembarca en Saint-Malo en 1230 para apoyar a Pierre Mauclerc en su lucha contra el rey Luis IX. Un hecho de características especiales porque rompe los parámetros de la historia agitada de la ciudad ocurrió en 1308 cuando sus burgueses establecieron una Comuna, similar a la Comuna de París, que logró sobrevivir durante un tiempo; de ahí en adelante invasores sucesivos le harán constantes saqueos, vicisitudes que le imprimirán nuevos bríos. Para tener una idea de su progreso, en 1319 cuando la parroquia fue secularizada, los ingresos del párroco pasaban las doscientas libras, cantidad considerable en esos tiempos, suma que dos siglos después subió a trescientas libras. De todos esos asaltos que ha sufrido la ciudad, uno de ellos fue el que enfrentó en 1693 cuando la flota inglesa la saturó de bombas tras fracasar todos los asaltos de sus murallas. Un nuevo bombardeo tuvo que resistir entre el 14 y el 18 de julio de 1695 por una flota de 75 navíos anglo-holandeses comandada por Lord Berkeley. Posteriormente el 5 de junio de 1758, el poblado sufre un súbdito ataque de la armada inglesa; esta vez dirigida por el Duque de Malborough quien desembarca en Cancale a la cabeza de 15.000 hombres. Luego sufrirá otro ataque de parte de los ingleses. La peor saturación de bombas que prácticamente la destruyó en su totalidad, ocurrió entre el 6 al 14 de agosto de 1944 en la Segunda Guerra Mundial a manos de la aviación norteamericana, buscando liquidar la guarnición alemana atrincherada en el castillo de Saint-Malo, lugar donde los alemanes se rindieron.


En cuanto a su estatuto urbano existen pruebas de algunas etapas. En 1308 fue declarada comuna jurada. Entre 1395 a 1415 el rey de Francia Carlos VI le otorga el privilegio de franquicias portuarias. Los duques de Bretaña para garantizar conservarlas construyen un castillo el que fue tomado en 1594 por malouinses cuando se declararon República Independiente, la cual duró cuatro años, hasta cuando el rey de Francia Henri IV abjuró del trono.


En 1661 su espacio estaba constituido por 16 hectáreas cuando sufrió su primer incendio. Para entonces se llamaba Saint-Malo de l’Isle. Posteriormente Siméon Garangeau, ingeniero militar y malouinse, junto con Vauban refortificarán la ciudad ampliando su espacio a 24 hectáreas; desde entonces no ha cesado de crecer.
La Casa Internacional de Poetas y Escritores es un centro que desde el momento de su fundación ha sido muy activo. En su sede ha recibido a más de dos mil personalidades en los distintos eventos realizados, tales como seminarios, coloquios, conferencias y todo lo concerniente con la actividad artística y cultural derivada de la poesía y del mundo literario. Cerca se encuentra el Instituto La Providence que es otro miembro de las instituciones educativas que conforman los talleres de traducción, hoy su profesora de español es Suzanne Pompean.

 

remparts de st malo3

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Dimanche 8 janvier 2012 7 08 /01 /Jan /2012 19:13

 

Adolfo Guidali Etcheverry tan uruguayo como

Tabaré, Julio Herrera y Reissing, Galeano u Horacio Quiroga

   

Por Efer Arocha

París, 8 de enero de 2012

 

   Adolfo Guidali4

Adolfo Guidali Etcheverry

  

Guidali es un escritor uruguayo que vive en París y publica como hay que hacerlo ahora: salir a estanterías en América Latina, y en español de la región. Su novela Marginautas fue editada en México al igual que otros textos narrativos que vieron a luces en otras lugares. Conocí a este zurcidor de palabras, una noche cualquiera, en esos haceres literarios que nos taladran los huesos construyendo mundos que nos reflejan tanto interior como exteriormente, y que a veces somos países sintetizados que andamos soñando por los entresijos de París,

 

Guidali desde el momento en que lo vi percibía que comprimía toda la geografía de su origen con su mirada profunda y su comportamiento de niño adulto, cualidad que lo convierten en un ser extremadamente simpático, agradable y conversador. De inmediato pasó por mi memoria el recuerdo de un niño que nunca creció y que se murió por esos desmanes traviesos cuando pasaba los sesenta, Olver Gilberto De León. Otro a quien no le entran ni la polilla ni los años, y que se parece a un personaje de Tin Tin, es Fernando Aínsa, quien vive contando aves en vuelo, en un lugar de la campiña española; también una encantadora silueta de mujer va y viene por los alares de París deleitándonos con sus gratos textos; ella es Ingrid Tempel. Pero para entender a Guidali y a todos esos personajes ausentes y vivientes de la literatura uruguaya, se necesita hacer un bosquejo de ese país donde todos sus habitantes, empezando por Guidali y Eduardo Galeano, que son de tez café lechoso, y que pasan fácilmente por suecos o noruegos.

 

En Vericuetos N° 7, 1992, publicamos un texto sobre Tabaré, quien fue el último de los indios charrúas eliminado en 1831 por la burguesía uruguaya, que tenía un odio acérrimo contra todo lo que no fuera un blanco níveo. La República hizo lo que los españoles no se habían atrevido a hacer durante la Colonia: liquidar a todos los nativos. Siguiendo el criterio que nuestras víctimas también pueden ser nuestros héroes, el poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín, hace un poema elegíaco en 1888 para glorificar la Leyenda de Tabaré  que tuvo amores con un mujer blanca. Pedro Henríquez Ureña, gloria de la crítica literaria latinoamericana, consideró la creación de Zorrilla de admirable; mientras que Miguel de Unamuno lo denominó el mejor poema americano en lengua española; y así sucesivamente otros.

 

Zorrilla que tenía una imaginación de escritor nos cuenta hablando del sustantivo propio Uruguay, que significa, “río de los pájaros pintados”. Félix de Azara afirma que designa a un pájaro nombrado “urú” Otros sostenemos que se deriva del vocablo Uruguá de la lengua guaraní para designar a un pequeño caracol que huye permanentemente de la civilización.

 

De otra parte la República Oriental del Uruguay, actualmente tiene una población de 3.500.000 habitantes, la mitad de los cuales los alberga su capital Montevideo; existe una minúscula minoría racial de negros y mestizos, a causa de limitar con Brasil y recibir su influencia. En términos territoriales de América del Sur, el país es muy pequeño, posee una superficie de 176.220 kilómetros cuadrados.

 

Uruguay como el resto de los países de América de sur a  norte, la mayor parte de su historia ha transcurrido bajo la égida de dos partidos, que en algunos casos cambian de nombre. En Uruguay se denominan blancos y colorados; mientras que en Colombia son liberales y conservadores, en Estados Unidos demócratas y republicanosnidos demócratas y republicanos. Analizando su esencia uno se encuentra que son uno y la misma cosa. Es por esto que resulta muy importante desde la  perspectiva de la historia, el surgimiento en ese país de la guerrilla urbana conocida como los “tupamaros” que se hizo conocer en octubre de 1969 con el asalto de Pando. Luego vendrán una serie de dictaduras y una persecución sanguinaria y sangrienta contra los rebeldes. Pero como el movimiento social no permanece estático y todo se transforma, en las elecciones del 2004 la izquierda llega al poder, encontrándose a la cabeza Tabaré Vásquez, gobernando entre el 2005 y 2010. En las nuevas elecciones gana el movimiento MPP, dirigido por José Mujica, ex-guerrillero tupa, quien ha hecho bajar la deuda pública, aumentar el salario mínimo, disminuir el desempleo y la pobreza absoluta, crecimiento del 10% de la economía, y otros rubros.

 

En el plano que nos ocupa, que es el literario, las Letras uruguayas tienen un sitial merecido en el tablero de la literatura latinoamericana. Uno de los cuentistas más connotados émulo de Adolfo Guidali, es Horacio Quiroga, a quien se le considera como el maestro del cuento latinoamericano, autor de Anaconda que fue el primer cuento que leí en mi juventud. Otro cuentista es Filisberto Hernández autor de La Cara de Ana, Fulano de tal, Nadie encendía las lámparas … Mario Benedetti, uno de los autores más prestigiados; algunas de sus novelas El cumpleaños de Juan Angel, texto versificado, La Tregua, Gracias por el fuego, éstas entre sus muchas creaciones. En la llamada generación del 900 se destaca el gran poeta modernista Julio Herrera y Reissing, paralelamente encontramos a Delmira Agustín, al ensayista José Enrique Rodó, Javier Deviana, Carlos Reyles; también aparecen mujeres como Juana de Ibarbourou, Sara de Ibáñez, María Eugenia Vaz Ferreira, Idea Vilariño, Marosa di Giorgio, Amanda Berenguer, Ida Vitale … Entre los hombres Eduardo Acevedo Díaz, Florencio Sánchez, Juan Parra del Riego, Mario Lebrero, Francisco Espinola, Enrique Amorím, Francisco Acuña de Figueroa, Carlos Martínez Moreno y Eduardo Galeano …

 

Retomando a nuestro publicado, Adolfo Guidali Etcheverry, que es un autor pausado donde fácilmente uno encuentra una lectura entre autor y texto; los dos establecen una unidad simbiótica en lo que predomina lo singular, a causa de la humanidad de Guidali asimilable a una divinidad mítica; diría que es la típica representación de un dios pagano, en él, nada refleja prisa, tal como en su narrativa. Su novela corta procede por acumulación donde la lentitud es lo dominante, la paciencia hace nidos en los párrafos. Uno de los buenos filones que se encuentra en Marginautas es lo transgeográfico. Rulito es un personaje trotamundos, anda a troncas y a  mochas, camina por donde encuentra brecha, sin punto de llegada ni rumbo, adonde lo lleva la realidad. Sin embargo, en cierto sentido trasluce melancolía y también nostalgia que en el autor deja escapar entre tanto y tanto al fogueo de vinos y de buena mesa. El trasterramiento es la piel del exilio, así el animal lo esconda tras sus escamas. Para no continuar disertando sobre los textos de Adolfo, publicamos varios de sus cuentos que permitirán a nuestros lectores forjarse su propia idea.

 

 

  

CUENTOS DE ADOLFO GUIDALI ETCHEVERRY

   

A mi hijo Mateo, a quien también le gusta escribir

 

“Il y a moins de force dans une innovation artificielle que dans une répétition destinée à suggérer une vérité neuve”.

Marcel Proust

 

  OBSESION

  

Nuestro personaje, un joven escritor, se encontraba leyendo en el salón de su casa, un pequeño apartamento amueblado y decorado en forma espartana, aunque no del todo austera. En definitiva casi un fiel reflejo de su personalidad.

Aquel día se había despertado con una extraña sensación de ahogo, su boca y su garganta estaban invadidas por un gusto seco y amargo, y una sustancia viscosa entorpecía los movimientos de su lengua.

De haber tenido un interlocutor delante, el diálogo se hubiese visto dificultado. Pero, precisamente ese día en que prefería no estar solo, dado su estado de ánimo, las blancas y mudas paredes de su estudio lo tenían como único testigo.

Con el correr de las horas ese sentimiento fue aumentando, el desasosiego amenazaba ahora con frustrar uno de sus hábitos mas frecuentes, la lectura. No encontraba, por más que pensaba, una causa lógica para toda aquella molestia. En forma un tanto ingenua se sugirió que la razón de su incomodidad era ese ruido uniforme y constante producido por el goteo de una canilla en la cocina. Presuroso se levantó para acudir a cerrarla.

En la soledad del apartamento la paz se vio quebrada sólo por el sonido amortiguado de sus pasos sobre la roja moquette. A su regreso observó por un instante el antiguo trabuco colgado inerte sobre la pared. Se sentó y avanzó algunas páginas en la lectura del ensayo, pero todo seguía igual, la tensión persistía e incluso aumentaba. De manera apresurada tomó un saco de su ropero y salió a la calle.

Se encaminó hacia un viejo y descascarado edificio en la zona céntrica, y allí montó en un viejo, lento y chirriante ascensor forrado de vidrio. Al llegar al piso deseado hizo sonar tres veces el pequeño llamador, una mano de bronce que, con su gélido contacto, sólo ayudó a aumentar su ya ingente angustia.

Durante todo el trayecto había sentido como si aquella presencia que lo mortificaba se hubiese echado tras él en una persecución implacable. Ahora tenia una especie de certeza. Al salir a la calle miró hacia el cielo en actitud implorante e interrogativa, pero  sus ojos fueron heridos por los reflejos del atardecer; al bajar la mirada se encontró con un pordiosero que le alargaba la mano pidiéndole una limosna; pero él cree ver que lo apunta empuñando el viejo trabuco. Aún así, se incorporó y atinó a sacar unas monedas de su bolsillo para dárselas; entonces se alejó corriendo.

Llegó a casa de su novia, de manera precipitada trató de explicarle lo que a esta altura era ya una obsesión. Ella intentó consolarlo y restarle importancia a su historia, atribuyéndolo todo a la tensión nerviosa. Más se preocupó en hacerle caricias y arrumacos que en tratar de entenderlo, al punto que, exasperado, en un rapto de ira se marchó sin dar más explicaciones.

Siguió su fuga sin rumbo, cansado se sentó en la barra de una confitería, pidió un whisky y fumó nerviosamente un cigarrillo. De repente, su mirada antes perdida en la lejanía, se cruzó con la del barman, no llegó a advertir si denotaba desprecio o compasión por su actitud tan insegura. Por un segundo volvió a su mente la imagen del trabuco, aplastó con pulso tembloroso el cigarrillo, pagó y se fue.

Como último recurso en medio de su desesperación, desembocó su alocada carrera en la quinta de un amigo. Al entrar, en un ambiente cargado de humo y efluvios alcohólicos, una mujer se desvestía al compás de la música en medio de gritos histéricos. El dueño de casa, tirado en un rincón entre cojines, no hizo caso a sus inquietudes y como toda respuesta o invitó a integrarse a la orgía.

Otra vez se retiró casi  por completo derrotado, con la convicción de que estaba solo frente a un enemigo intangible representado por un elemento decorativo. Con paso lento y pausado volvió a su casa, fatigado, aunque todavía un poco excitado. Una vez en ella trató de tranquilizarse y recapacitar, pero era imposible, la presencia del arma sobre la pared lo arrojó de nuevo al exterior.

Se fue entonces a caminar por la playa, lo hacía descalzo sobre las olas que rompían en la orilla, se entretuvo mirando las breves ondas que formaba el agua al chocar con sus pies. Eran las primeras luces del alba, la brisa húmeda castigaba su rostro y enmarañaba sus cabellos. Por un instante, una sensación de náusea recorrió todo su cuerpo, pero duró poco, pues sabía que ya no tenía  sentido, que todo había terminado para él. Entonces una lágrima se deslizó por su rostro, y antes de caer sobre la oscura arena alcanzó a besar sus labios haciéndole sentir un gusto salado, su última sensación, pues al levantar la vista, la bruma le impidió ver la oscura silueta que oprimía el gatillo. Un intenso fogonazo, un estampido seco, y cayó de espaldas con ojos horrorizados. En medio del  amanecer  lleno de un manto gaseoso la escena se paralizaba, marcando para nuestro personaje el comienzo de un viaje eterno sin destino por la oscuridad infinita.-

  

MUERTE CIVIL

  

Me llamo Carlos Reyes, aunque me da cierta vergüenza decirlo, en realidad en mis casi cuarenta años de vida no ha ocurrido nada demasiado interesante. Mi rutina se limita casi exclusivamente a mi trabajo en el Banco, mi familia y alternando con alguna que otra escapada al estadio o a la rueda de amigos en el café, los fines de semana. Esto hasta hoy porque es indudable que todo ha tomado matices muy diferentes cayendo en el plano de la confusión.

Todo empezó esta mañana en que aprovechando el feriado laboral me quedé hasta muy tarde en la cama. Si no fuera por mi pereza, me hubiese llamado la atención no haber almorzado a la hora acostumbrada, pero el calor de las sábanas y frazadas me hacia cómplice de tal desarreglo. Entonces me dediqué a leer el diario de la noche anterior con tal avidez que, sin darme cuenta y contra mi costumbre, me encontraba en medio de la pagina necrológica. Quedé muy sorprendido al encontrar mi nombre entre los avisos, pero la sorpresa del principio se transformó en estupor cuando al leer los de los deudos comprobé que coincidían con los de todos mis familiares. Porque después de todo la existencia, o ya no, de un homónimo está dentro de lo previsible, pero ya todo era demasiado casual.

Me levanté abruptamente y me dirigí hacia el patio central de la vieja casona. Creí enloquecer al toparme con mi madre llorando desconsoladamente, la tomé entre mis brazos y le pedí que me explicara algo de lo que estaba ocurriendo pero todo fue inútil, me abrazó y su llanto cobró mas fuerza aún. Desesperadamente busqué a Virginia, mi hermana, considerada la más centrada y responsable de la familia, llegó a hacer estudios universitarios de Derecho y actualmente trabaja en el estudio de un abogado. La encontré en su dormitorio hecha un ovillo sobre la cama, los resultados fueron los mismos, sus ojos hinchados por el llanto parecían no verme.

Traté de aislarme para razonar y aclarar aunque sólo fuese en mi mente los sucesos pero, ya por la tarde el incesante desfile de vecinos con cara de circunstancia me impidió hacerlo. Habían pasado algunos compañeros del banco, amigos de la familia, el panadero y otros, cuando llegó Lucía mi ex novia, acompañada por doña Rosa, su madre. Al verla luego de tanto tiempo, tan arreglada como siempre, me pregunté cómo no llegué a casarme con tan adorable mujercita. Me sentí tentado en hacerle un cumplido sobre lo bien que le sienta el color azul, pero me contuve, era una irreverencia en tales circunstancias una cosa así.

Por su parte, doña Rosa, de riguroso luto desde la muerte de su esposo don Fermín, hacía gala de la misma solemnidad con la que no mucho tiempo atrás en las tertulias interrumpía nuestras charlas de sofá. Con una mano sostenía la de mi madre y con la otra se abanicaba, mientras paseaba una mirada de desprecio sobre toda la concurrencia.

Llegó un momento en el que definitivamente creí perder la razón, ya no comprendía nada de lo que pasaba a mi alrededor, quise gritar y poner fin a esto que para mí era una farsa sin sentido, una auténtica pesadilla, pero no, pues no tenia derecho a irrumpir en el dolor de toda aquella gente.

Así llegó la hora de cenar, sólo quedaban en casa los parientes más cercanos. Mis tías improvisaron una informal y frugal cena fría. En el momento de sentarnos a la mesa, todos rezamos al unísono una oración que me estremeció. Porque la verdad era una sola: Carlos Reyes había muerto.

 

 

calle de Montevideo.Sarandi

                                                                       Calle de Sarandi,  Montevideo, Uruguay

Par VERICUETOS - Publié dans : NARRATIVE
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Dimanche 8 janvier 2012 7 08 /01 /Jan /2012 19:07

Adolfo Guidali3

Adolfo Guidale Etcheverri

 

  EL NUEVO ITINERARIO

    El super-petrolero navegaba hacia el Golfo Pérsico, era una noche calma y tranquila. La temperatura había bajado de cincuenta y cinco grados centígrados a unos cuarenta que, en comparación, parecían algo así como una bendición.

El cielo estaba completamente despejado y se veían miles de estrellas, mientras que las dos lunas, una roja y la otra azul claro, iluminaban provocando caprichosos reflejos en las crestas de las breves ondas marinas.

De repente, como respondiendo a una voluntad superior, las lunas comenzaron a desintegrarse y millones de fragmentos multicolores se precipitaron hacia el mar. El espectáculo era maravilloso, pero ese exceso pirotécnico -eso parecía- hizo temer por la integridad del buque.

Fue en ese preciso instante cuando Antonio Varela, primer oficial del barco, se despertó sobresaltado y transpirando. Se sentó al borde de la cucheta y entonces recién tomo conciencia de que navegaban en el Atlántico, con destino al África Occidental y no hacia Kuwait como creyó en sueños. En todo caso la temperatura en el camarote, más que agradable, terminó por convencerlo.

Miró el reloj, eran casi las once de la noche, todavía faltaba una hora para su turno de guardia. Desde que navegaba en el buque petrolero había perdido la costumbre de los relevos en el puente de mando, pues su jerarquía lo obligaba sólo a hacerse responsable de la carga, pero la enfermedad repentina del tercer oficial provocó una redistribución de las tareas de a bordo.

Subió las escaleras, en la mesa de derrota encontró al segundo haciendo su ultima corrección al rumbo. Tomó el sextante y se dirigió a la parte exterior del puente, “bajó un par de estrellas” y, mientras le dictaba las cifras a su compañero, le hizo preguntó:

- Decime Fernández, vos normalmente soñás en colores o en blanco y negro?

El otro un poco extrañado se encogió de hombros.

- Nunca me detuve a pensarlo, pero creo que indistintamente.

La respuesta le pareció convincente, además aquellas fantasías oníricas seguramente serian consecuencia del cansancio y de los días acumulados de navegación. Quedaban aún veinte minutos por delante que emplearía en una recorrida por cubierta. Una semana atrás descubrió a dos marineros fumando en un lugar inapropiado, lo que desencadenó un molesto incidente, mejor era cerciorarse de que  todo estuviera en orden.

Fue así, salvo que al pasar por los botes salvavidas, un cabo de las lonas le chicoteó en plena cara.  Recordó que le había pedido al cuarto oficial que verificara los dispositivos de seguridad antes de llegar a puerto, lo que incluía botes y bombas contra incendio; éste era un indicio de que no lo había cumplido y arribarían al día siguiente. En otras circunstancias hubiese sido un motivo para reprenderlo, pero todos tenían exceso de trabajo y hubiera sido injusto. Anudó la cuerda y continuó su camino. La esfera estaba límpida y podían verse caer decenas de meteoritos. La luna blanca y casi llena, nada tenia que ver con las de su sueño.

Mientras recibía la guardia y firmaba el diario de a bordo, se dirigió nuevamente al segundo.

- ¿Cuál es la probabilidad de que un meteorito caiga encima nuestro?

Fernández con aire un poco burlón y divertido, contestó: “Despreciable. Pues como vos bien sabés, la mayoría se desintegra al penetrar en la atmósfera “-y abandonó el recinto con un corto saludo, demostrando no estar con ánimo para una conversación trivial a esas horas de la noche.

Antonio palmeó al timonel en un hombro mientras le dictaba y verificaba el nuevo rumbo en el timón automático. El marinero se sintió como obligado a comentar “hoy el mar parece un plato de aceite”, refiriéndose a la calma total. Pero no era la posibilidad de un temporal lo que preocupaba a Varela, ya el “meteo” había alejado cualquier temor, sino las advertencias hechas antes de partir en cuanto a los peligros una vez anclados en puerto. Era su primer viaje a la región y carecía de experiencia.

Pidió al timonel que bajara por unas tazas de café y se quedo fumando pensativamente. La oscuridad del puente se veía atenuada ligeramente por las luces de los instrumentos y la brasa del cigarrillo. No le agradaban para nada las medidas a tomar. Pero según aquellas advertencias, parecía ser que algunos nativos del lugar se acercan en canoas por la noche a los barcos fondeados y suben por las cadenas de las anclas en busca de lo que fuera. Había antecedentes de un oficial apuñalado y el asunto era una cuestión seria. Además, en ocasiones se alumbraban con antorchas, lo que entrañaba un peligro mucho mayor aún en este caso. Antes de acostarse, repasó los rifles y sus cargas.

Aquel mismo día, al atardecer, fondearon en el antepuerto. Junto con el capitán recibieron a las autoridades. Un oficial servilmente eficiente los asesoró sobre lo que ya sabían.

- ¡Señores! Estando en el antepuerto la seguridad del barco corre por vuestra cuenta. Sabrán perdonarnos, pero sólo una vez con el barco atracado en puerto podemos garantizarles un servicio más eficiente, y aún así han sucedido episodios desagradables. Les ruego tomen las medidas del caso y está de más decirles que, cualquier incidente, disparen a matar que el resto corre por nuestra cuenta.

Antonio se sintió deprimido, interpretó las palabras del monigote como si en realidad les estuviera diciendo: “señores 'civilizados', llévense nuestro petróleo y de paso, si les cae en gracia, mátennos.”

De cualquier manera, la idea de perder un hombre o cualquier accidente de graves consecuencias no lo seducía en lo más mínimo. Apostó un marinero armado sobre cada cadena y otros dos rotando en cubierta, entonces pensó que podría descansar un rato.

Cuando iba a entrar en su camarote sintió desvanecerse, le pareció como si su cabeza fuera a estallar, no alcanzo a distinguir si había sido un golpe o qué. De lo único que tenia conciencia era de que estaba fuertemente maniatado, y sólo escuchaba un rumor como de remos que golpeaban contra el agua.

Cuando volvió en sí, no dio crédito a lo que veía. Decenas de hombres y mujeres danzaban a su alrededor; en el centro, uno que parecía el jefe o hechicero lanzaba gritos  que sonaban aterradores y levantaba los brazos señalando hacia el cielo. La luna era un perfecto disco dorado. La danza crecía en intensidad, llegando al borde de la histeria. Eran todos los brazos ahora que señalaban hacia arriba y la luna, como si escuchara sus ruegos, comenzó a cambiar de color, mostrando matices indescriptibles. Hasta que comenzó a dividirse formando dos astros, uno rojo y el otro azul claro. En el mismo momento que el maestro de ceremonia levantaba su brazo, del que pendía una especie de daga, las lunas comenzaron a desintegrarse. Cundió el pánico y mientras los demás escapaban como bien podían, se quedó a solas con el sacerdote. Éste con el brazo todavía en alto, aunque la trayectoria parecía inevitable.

Igual que en la primera vez, se despertó transpirando, sólo que en ésta, en lugar de encontrarse en su camarote del barco estaba en una sala de hospital. Tenía fiebre y le dolía la cabeza, sentía todo su cuerpo por completo extenuado. Un médico con un casi impoluto guardapolvo blanco le tomaba el pulso y le hablaba.

- Lo que usted tiene es malaria, por suerte lo peor ya pasó. Va a quedar unos días en observación y luego tendrá que seguir un tratamiento muy estricto… No es momento para reproches, pero según me dijeron, usted no tomó su ración de quinina como se le había advertido.

Antonio ya no lo escuchaba, entonces el brazo del hechicero descendió con violencia, el puñal se hundió en la carne hasta atravesarle el corazón, que se deshizo en mil pedazos.

 

Escrito en 1979, publicado en 1980 por el Centro Cultural hispanófono La Casa de las Peñas, Louvain-La-Neuve, Bélgica, donde fue premiado en un concurso literario.

    

EL DESTINO EN LA GALLERA

 

A Luis Morquio Piñeyro, quien siempre apreció este cuento

 

Para Peter ya se había transformado en una especie de rutina. Todos los días, al atardecer, simultáneamente al agudo ulular de las sirenas de alarma antiaérea, recortados sobre un cielo plomizo del mismo lado siempre respecto a la torre gótica del Hotel de Ville, aparecían cinco oscuros moscardones en perfecta formación, con su sonido lúgubre de muerte y destrucción.

Eran americanos, amigos, aunque esto nunca lo comprendiera muy bien, pero así se lo habían asegurado y optó por aceptarlo sin mayores preocupaciones. En todo caso, este malentendido solo sirvió para aumentar la natural inconsciencia de un niño de ocho años frente a un peligro que por cotidiano no dejaba de ser trascendente.

Corría 1944 y la antigua ciudad belga de Lovaina se había transformado en una escala más en la ruta de los pesados bombarderos. El objetivo: la estación de ferrocarril y varios depósitos que los nazis tenían junto a la planta urbana. Las recomendaciones de su madre eran drásticas, generalmente a esa hora ella estaba trabajando por lo cual le imploraba que a la menor señal corriera sin parar hasta el refugio más cercano, el sótano de una taberna improvisado a tales fines.

Peter se guareció las dos primeras tardes; pero, a la tercera, tentado por la curiosidad y con tal de evitar la sordidez del lugar, de hacinamiento y lamentos, se las ingenió para llegar cuando ya habían sellado la puerta. Entonces regresó a su casa, dispuesto a presenciar el espectáculo desde un gallinero vacío que quedaba a los fondos de la vivienda. Este había sido saqueado cuando los alemanes entraron a la ciudad. Como su padre era de origen valón y se había unido a la resistencia, supusieron además de ésta otras catástrofes familiares, pero por suerte no se ensañaron mayormente con ellos. Todavía guardaba vivo, el recuerdo de aquel ridículo espectáculo en que aquellos hombres altos, enfundados en imponentes uniformes, desfilaban marcialmente con dos gallinas tomadas por las patas en cada mano, mientras las pobres aleteaban dando los últimos estertores. De su padre recordaba poco o nada, en realidad sólo mantenía una vaga imagen, sustentada por los cuentos de su madre y una vieja fotografía en color sepia que registraba a dos jóvenes sonrientes en el momento de su boda.

De pronto, los moscardones aumentaron increíblemente su tamaño; cuando pasaron sobre su cabeza más bien parecían ballenas aladas y, al llegar a la altura de la torre de la alcaldía, como si el gallito de la veleta en complicidad les marcara el rumbo, viraron un poco hacia la izquierda. Pocos segundos más y sus vientres se abrieron dejando caer decenas de bombas, mientras que el repiqueteo de las ametralladoras desde tierra, servia de acompañamiento de fondo al ruido sordo de las explosiones. Densas columnas de humo se levantaban, y en medio de ellas trozos de los más diversos materiales volaban por los aires. El corazón de Peter palpitaba de emoción, qué locura era esa de encerrarse cuando a pocos cientos de metros se producía esa maravillosa exhibición. Entonces hubiese querido contárselo a su madre o tal vez ante toda su clase en la escuela, pero intuía las consecuencias de su transgresión. ¡Qué lastima no tener con quien compartirlo!

No terminó de lamentarse cuando se produjo el milagro. A través de un agujero de la empalizada del fondo alcanzó a ver los enormes ojos azules asustados de un niño. Mirando con más atención vio también su frente cruzada por un mechón amarillo oro.  Cuando pudo integrar todo el rostro, reconoció a Jan, un muchacho poco mayor que él. Lo conocía de vista, no sólo porque los fondos de sus casas se tocaban, sino también porque asistían a la misma escuela, pero como la familia de éste era enteramente flamenca y simpatizaba con los ocupantes, no habían alternado en lo más mínimo.

Desde aquel día comenzó una gran amistad a escondidas de los mayores. Con la primera sirena, Peter corría hacia el fondo de la vivienda y cuando estaba llegando, ya Jan había saltado la empalizada. Al principio se limitaban a observar la escena, tirados boca arriba y en silencio, con una brizna de paja entre los labios; pero en otras ocasiones fumaban cigarrillos hechos con hebras de tabaco que Jan robaba a su abuelo, quien lo obtenía de los propios nazis. Esta complicidad clandestina estrechó aún más el vinculo entre los dos niños y, tarde tras tarde, el encuentro se repetía como si se tratara de un rito con su propia liturgia; aún cuando los aviones no cumplieran con su parte.

En una ocasión en la que su amigo no asistió a la cita, tal vez de manera premonitoria, sucedió lo inesperado pero que, aunque él no lo sabia, entraba dentro de la lógica posible de la guerra. Los libertarios cowboys voladores confundieron su objetivo; en lugar de la estación, los B-26 se ensañaron con la biblioteca de la Universidad, bastante más cercana a su casa como para que ésta saliera indemne en el nuevo raid. Sintió cómo se despegaba del suelo para luego rebotar una y otra vez, rodando hasta quedar atrapado por el tejido de alambre del gallinero, parcialmente derrumbado.  Una nube de polvo lo cubría todo a su alrededor y no veía absolutamente nada, sólo tomó conciencia de que estaba ileso, milagrosamente vivo.

Curiosamente, aunque nunca se animaría a reconocerlo, no escuchó la explosión. Sólo experimentó una serie de sensaciones que, estaba seguro, no quería volver a repetir.  Total, que el saldo fue de algunas magulladuras y una fuerte reprimenda de su madre por su irresponsable transgresión. En algunas casas vecinas la suerte no fue tan benévola y hubo que lamentar algunos muertos. Con el tiempo comprendería que aquel error, aquella  equivocación inesperada de los pilotos, en un plano más “metalógico” no era tal.

Poco después, los aliados liberaron la ciudad y además de su asombrosa salvación, sólo un hecho lo marcó a sangre y fuego: el padre y el abuelo de Jan fueron fusilados por colaboracionistas, y éste con su madre y hermanos se fueron a vivir con otros parientes a un pueblo más pequeño. Entonces sufrió el golpe más duro de su vida, supo lo que era

perder un amigo.

Ni siquiera la noticia de la muerte de su padre lo afectó tanto, pues se trataba prácticamente de un desconocido y el hecho de morir algo demasiado cotidiano desde que tenia memoria como para alterarlo. Su último contacto con su padre -si a este hecho se le puede denominar así-  fue en el cementerio de la ciudad en una mañana invernal en que tuvo que enfrentarse a un cantero sembrado de cruces blancas y uniformes, gente de todas las edades vestida de negro, coronas de flores y discursos, que sólo aumentaban su deseo de volver a casa cuanto antes y saborear algo caliente junto al fuego de la chimenea y olvidar el frío intenso que calaba hasta los huesos. Todo le sonaba hueco y retórico, hasta se avergonzó por el alarido que profirió -emocionando a toda la concurrencia- cuando, al abrazarlo, un oficial de la resistencia, en el momento de condecorarlo, hundió el alfiler de la medalla de su padre en su tetilla izquierda.

Así pasó su niñez, con un recuerdo algo romántico de una guerra de la que era hijo a su manera, y a la que no despreciaba ni reprochaba nada pues la veía y recordaba como algo normal. Su madre, todavía joven, continuó trabajando y dedicándose a su hijo; y gracias a un poco de ayuda estatal en lo sucesivo tuvieron una situación bastante desahogada. El gallinero nunca fue reconstruido... En contrapartida, años después, un grupo de artificieros del ejército belga desactivó una bomba que yacía enterrada sin explotar desde aquella época nada menos que en el jardín de la casa que era de la familia de Jan, a escasos metros del suyo. Al enterarse, no pudo evitar un gran estremecimiento que lo mantuvo alterado durante varios días.

Terminado el bachillerato, y siendo Peter un adolescente sin demasiados conflictos, se decidió a estudiar periodismo en la Universidad local. Fue un buen estudiante; y a poco de doctorarse se casó con Corinne, una colega francesa. Durante varios años no ejerció  la profesión sino que se dedicó exclusivamente a la docencia; pero, en 1968 cuando los disturbios universitarios mundiales estallaron en Lovaina en como un conflicto lingüístico entre las dos comunidades mayoritarias en el país, su posición ambigua, dados sus orígenes, le impidió tomar posición en el cisma. Así que se trasladó a Bruselas y entró a trabajar como redactor en la plantilla de un periódico bastante importante. Por su formación académica y su aplicación al trabajo, en poco tiempo ocupó posiciones de relevancia. Era un hombre feliz, amaba a su mujer e iban llegando los hijos; pero, algo en su interior lo angustiaba, una suerte de rebeldía contra un quietismo excesivo, aquella vida burguesa que, por demás siempre fue la suya, comenzaba a abrumarlo.

Su espíritu buscaba algo diferente, sus sueños se transformaron en imágenes recurrentes signadas por la acción. Ya superaba la cuarentena y una forma extraña de desasosiego dominaba su existencia. Consultó a un psiquiatra y además de corroborar su buena salud mental, le recomendó que viajara con su familia y, si esto no fuera suficiente, que intentara desarrollar una actividad menos estática dentro de su profesión.

Después de una corta temporada en el Mediterráneo, que sólo sirvió para aumentar su inquietud, Peter comenzó a estudiar proyectos más ambiciosos dentro de su profesión. Como todo buen europeo de su generación tenia una visión maniquea del mundo, y miraba con cierto desdén a los países de África y América Latina desde la más supina ignorancia. Durante su época de estudiante se intereso poco o nada en estas regiones del mundo, para él dominadas por la corrupción de sus propios gobernantes. En cualquier caso, su existencia sólo se justificaba por proveer al mundo civilizado de una serie de materias primas baratas y alimentos exóticos. Había conocido a algunos sacerdotes católicos provenientes de aquellos lugares en la Universidad, que hubieran alterado sensiblemente su opinión, pero en realidad le era mucho mas cómodo mantener la idea estereotipada de sus pares pues, si aquellos curitas eran diferentes seguramente seria consecuencia de su fe religiosa. Además, si también es cierto que el periodismo requiere en lo posible una importante dosis de objetividad, para Peter los prejuicios no significaban forzosamente algo malo.

Las noticias que llegaban por entonces desde Centroamérica despertaron su curiosidad e interés por todo el continente. Al poco tiempo, descubrió que las cosas allí eran bastante diferentes a como él las percibía, no había esa supuesta uniformidad, sino más bien que el contexto ofrecía matices muy dispares, y dignos de un profundo análisis.  Primero experimento una forma de desengaño consigo mismo, que lo llevo a encarar el tema con mayor seriedad, aunque aún con cierta desconfianza. Luego sobrevino una etapa de gran lucidez en la que incluso se adelantó a estudiosos del tema latinoamericano, al sentir una especie de complejo de culpa por mucho de lo que allí ocurría. Esto último lo redimió de todo lo anterior, y un continente entero le abría sus puertas.

Corría 1979, y Nicaragua acaparaba la atención del mundo entero. Hacía varios años que, salvo por hechos nefastos o más fugaces no se le dedicaba a la región tanto espacio en la prensa, eclipsada a nivel mediático por las dictaduras del Cono Sur. Primero pensó que era una locura, pero después se entusiasmó de tal manera que, la decisión de viajar y cubrir las informaciones del conflicto no fue revocada ni por la oposición familiar ni por los consejos de sus superiores, que entre perderlo y propiciar el viaje optaron por lo segundo.  Fueron dos semanas caóticas, inundó su escritorio y su casa con todo el material que consideró de alguna utilidad: mapas, enciclopedias, libros de historia, periódicos recientes y cables de agencias noticiosas desparramados por doquier; lo instruían y le servían para esconder el rostro ante las miradas de reproche y desolación de su mujer e hijos.

Nada lo haría echarse atrás y, en pocos días, cargado de novelería y material fotográfico suministrado por el propio diario, arribó a San José de Costa Rica.

Su proverbial sentido del orden determinó que su primer contacto fuera con el cónsul belga en esta ciudad. El resultado fue negativo para sus intereses. Junio llegaba a su fin y la caída de Managua se consideraba algo inminente; no obstante la situación era bastante confusa y, si bien las tropas somocistas tenían a sus mejores aliados en Honduras y su retirada se producía por esta frontera, algunos piquetes desconectados intentaban una desesperada fuga hacia Costa Rica, algo que, entre otros, complicaba el ingreso a territorio nicaragüense. El cónsul le prometió que ni bien se aclarara el contexto (palabras  textuales) y se concretara el previsible triunfo sandinista, le otorgaría todas las facilidades para llegar a la capital y cubrir entonces la información. Este ofrecimiento, lejos de convencerlo, lo sumió en una profunda desazón; ésta era una oportunidad única y no quería desaprovecharla.  En los bares del centro entabló amistad con varios colegas también europeos, los que en su mayoría no compartían su misma inquietud. Es que en realidad  -le habían explicado-, era más sencillo esperar aquí la información envidiada por sus compañeros que estaban en  Nicaragua desde antes y darle una salida más rápida hacia el resto del mundo. Le hicieron sugerencias de todo tipo al comprobar su tozudez, una de las más descabelladas era la de alquilar un avión y lanzarse en paracaídas en la zona más indicada, opción descartada por varios motivos. La posibilidad más lógica, pero que igual suponía una gran cuota de riesgo, se la sugirió un camarógrafo italiano.  Consistía en trasladarse hasta alguna localidad cercana a la frontera e intentar contratar a algún conocedor de la zona que lo ayudara en su propósito. Seguramente, fue lo que hicieron poco antes otros colegas.

El 1º de julio, llevando consigo sólo una mochila con el equipo fotográfico y lo más indispensable, abordó un autobús con destino a la ciudad de Liberia. Una vez allí, luego de ingentes esfuerzos con su precario español, contactó a dos nativos prácticos de la región, Tomás y Gregorio eran sus nombres. Juntos elaboraron un plan de viaje bastante convincente para las circunstancias. Primero se trasladarían en un camión hasta la zona fronteriza; una vez allí averiguarían cuales eran los sectores menos controlados. De poder burlar la vigilancia, se deslizarían por un corredor que tenia por límites una línea trazada entre las poblaciones de San Juan del Sur y Rivas por un lado, y las orillas del lago Nicaragua por el otro. De salir con éxito toda la maniobra, en cinco o seis días de marcha a pie como mucho, estarían en los alrededores de Managua, momento a partir del cual Peter debería valerse por sí mismo, olvidándose de sus lazarillos.

Una vez pagado un adelanto de lo pactado, Peter dividió y ordenó de manera meticulosa el resto del dinero en dos fajos, que guardó entre las botas y las medias.  Entonces comenzó el peregrinaje. La primera etapa la cumplieron sin contratiempos y el cruce de la frontera fue mucho más sencillo de lo que esperaban. Durante todo el trayecto uno de los guías se adelantaba y el otro quedaba regazado junto a Peter a la espera de las novedades. A pesar de que la comunicación era bastante dificultosa, desde un primer momento simpatizó más con Tomás, le agradaba su compañía y fue un alivio comprobar que las más de las veces era su compañero el que iba a la vanguardia. Esquivaron algunas poblaciones pequeñas, no las consideraban un peligro pero era preferible llamar la atención lo menos posible. Una y otra vez zigzaguearon su derrotero, arrimándose a la ribera del lago. El periodista quedó fascinado con su majestuosidad y belleza, que contrastaban con la situación, y por instantes lo hacía evadirse del clima de tensión y peligro que hasta se respiraba. Peter pensó que era un lugar maravilloso para recorrer y disfrutar tranquilamente en circunstancias más normales, quizás en una excursión con toda su familia. Al cuarto día, se encontraban en un punto a mitad de camino entre Rivas y Granada. Gregorio llegó agitado con la noticia de que había divisado un pequeño grupo de la guardia nacional que huía visiblemente diezmado, apenas se trataba de un oficial con cuatro o cinco soldados. Marcharon extremando al máximos sus cuidados. Al anochecer, se guarecieron en una pequeña granja abandonada, donde decidieron que era mejor no hacer fuego, y comieron su frugal cena directamente de las latas de conserva. Luego, se dispusieron a dormir en la vivienda, consistente en una sola habitación semiderruida con el suelo de tierra apisonada, los guías montarían guardia por turnos.

Peter estaba nervioso, cuando pudo conciliar el sueño tuvo intensas pesadillas dominadas por recuerdos de su infancia: la guerra, su amigo Jan, las bombas que casi lo destrozan. Pasada la medianoche se despertó bruscamente y al volverse sólo vio a Tomás que dormía profundamente, Gregorio había desaparecido. No se preocupó demasiado pues imaginó que andaría por los alrededores, más bien trató de poner orden en sus pensamientos. Pero, un rato más tarde escuchó algunas voces y antes de que pudiera incorporarse la puerta del chamizo fue derribada violentamente, entrando el oficial somocista y los cuatro soldados que el guía había divisado. Se veían sucios y con los uniformes hechos girones, junto a ellos estaba Gregorio, pero no en calidad de prisionero por la manera como se comportaba. Esto último indigno a Tomás, quien lo increpó y trató de agredirlo; pero no pudo, antes fue detenido y golpeado brutalmente en los testículos por los militares. Luego se lo llevaron arrastrando, tomado por las piernas, mientras que el oficial se ensañaba con Peter y le decía: “¡Ustedes los periodistas son todos unos sandinistas hijos de una gran puta!”. Luego de propinarle entre todos una espectacular paliza, el jefe retiró los fajos de billetes de adentro de las botas, se guardó uno en el bolsillo de la camisa y repartió el otro entre el resto, incluido Gregorio. La cámara fotográfica también se la quedó el superior junto con la documentación del europeo.

Cuando Peter recuperó el conocimiento, se encontró atado y tirado en el mismo piso del gallinero donde, la víspera a su llegada, dos escuálidas gallinas picoteaban estérilmente buscando nada que comer. Ahora estaban siendo asadas por los soldados a escasos metros de distancia. De pronto se sintió paralizado, una sensación de horror apresó su espíritu. Nunca creyó en determinismos, pero por un instante se iluminó y comprendió que todo había sido una mala jugada del destino. La bomba que no había estallado hacia más de treinta años, en realidad recién ahora lo haría. Mil imágenes se agolparon en su mente, y se sucedían como en un film sin argumento; pensó en su familia y se desesperó, ya nada quedaba por hacer, todo era impotencia.

Después de un rato, ya comidos, el oficial se levantó y se dirigió hacia él. Se pasó la mano por la boca engrasada y se la limpió en el pantalón, para luego sacar de su cartuchera una reluciente Ballester-Molina 45  -obsequio de un instructor argentino. La empuñó con ambas manos, apuntó a la cabeza de Peter y jaló el gatillo mientras le decía a modo de epitafio: “¡Pa’ tu madre, comunista del diablo…!”.-

 

 

LOS PARTOS DE LA SOLEDAD

 

A Susana Cantonnet Stirling, in memorian

 

  El espectáculo, hasta ahora siempre esquivado de las cabezas de oveja desnudas, fue en cierta manera premonitorio de una fatalidad que Julián sabía inevitable. La primera vez que las vio, recién llegado, a los pocos segundos casi muere aplastado bajo las ruedas del Métro de no ser por la intervención providencial de uno de los limpiadores del andén, que alcanzó a sujetarlo por el falso cinturón del impermeable cuando caía al vacío, en el preciso instante en que comenzaban a verse por el extremo del túnel los ojos encendidos de la máquina.

En lo sucesivo, siempre se esforzó por eludir las carnicerías de Belleville, transformando sus itinerarios en ilógicos laberintos sólo comprendidos por él y que, cuando alcanzó a dominarlos, recién entonces pudo comenzar a descifrar el significado de los arcanos de la gran ciudad.

Es que había algo obsceno en el destello dorado de aquellos ojos aparentemente muertos, que en realidad no era otra cosa que una íntima asociación con lo que era su propia vida. Él había querido cambiar el mundo, aunque lo negaba.  “Sólo quería mejorar la sociedad del país en el que me tocó nacer”, argumentaba con modestia.  Entonces le permitieron seguir viviendo, en realidad subsistiendo, formando parte de una categoría residual de viejos olvidados, solitarios y miedosos, que comían de la mano del mismo sistema que los había triturado, arrancado hasta el último vestigio de esperanza y con un mendrugo confinado donde no molestaran.

Los luchadores sociales de los años sesenta tuvieron que dejar de ser los padres espirituales de quienes los sucederían para transformarse en inmigrantes jubilados, dignos de conmiseración e indulgencia. Julián lo sabía, lo asumía de a ratos; pero había cedido en todo menos en algo que por trivial escapaba a la vista de sus gentiles cancerberos: las cabezas rojizas de oveja de los árabes, impúdicas exhibicionistas que estaban más allá de lo tolerado por su removida sensibilidad.

Había conseguido mudarse a un barrio residencial, demasiado “Vieja Francia” para su condición de exiliado político latinoamericano, pero este esfuerzo como contrapartida lo mantenía a salvo de cualquier sorpresa desagradable.

Esto, hasta aquel día en que regresando a su casa no reparó en el pequeño negocio que se inauguraba a escasos veinte metros del portal del edificio. No había terminado de pasar por delante del local, cuando bruscamente se corrió una cortina de un rojo encarnado, descubriendo una vitrina fuertemente iluminada en cuyo centro destacaba no una, sino un ramillete de cabezas primorosamente dispuestas entre hortalizas.

Julián apuró el paso tanto como su físico se lo permitía; espantado cruzó el zaguán de la planta baja, contestando apenas el solemne saludo de la señora Frosnay, su vecina de piso que, como todos los días a la misma hora y bajo cualquier circunstancia, sacaba a pasear al caniche blanco cuya existencia llenaba todos los momentos de su vida; suerte de dama de compañía harto acicalada, padre, hermano, amigo y confidente. El que muy pronto sería involuntario causante de la desgracia del veterano refugiado.

Ajeno al protagonismo que la refinada mascota adquiriría muy pronto en su vida, con el solo fin de alejar la odiosa imagen de su mente, mientras subía en el perezoso ascensor de madera, recordó una reciente conversación con Guillermo Castro corresponsal del diario “El Ácrata” de Montevideo, que tuviera lugar en un prolijo restaurante de menú fijo en Saint–Ouen.

Entre jarra y jarra de vino tinto, el joven periodista le explicaba algunos aspectos de un largo articulo que estaba por terminar. Agudo observador de lo cotidiano, chispeante por los efectos de una octava o novena copa de un correcto Bordeaux, hablaba en un tono y en un idioma que ponían nerviosos a los demás comensales. A su parecer, lo que para muchos era un verdadero disparate, en realidad revestía visos de logro científico, y era la novedad de los psicólogos para perros. Para Guillermo no importaba tanto hasta qué punto una buena psicoterapia podía recuperar los castrados instintos caninos, sino más bien era de la opinión que desarrollando e instrumentando una adecuada semiología veterinaria se podía bucear con facilidad en las psicosis de los perritos falderos, que no eran otra cosa que un exacto reflejo de aquéllas que escondían o sublimaban sus amos. En definitiva, un método más rápido y económico para tratar taras humanas. Luego lo puso al tanto en cuanto a que según recientes encuestas, los franceses dedican mucho más tiempo al cuidado de los animales de compañía que a los propios niños, incluyendo todo aquello que podríamos llamar educación hogareña. Ganaban los bichos, quienes disfrutaban de una diferencia a favor cifrada en el orden de los seis minutos diarios.

Julián se mostró al principio interesado en el tema, sólo discrepó en cuanto a que no le quedaba claro qué tan accesible era la psiquis de un perro, y se preguntaba si forzosamente las psicosis tenían que ser contagiadas o podían ser exclusivas de los animalitos. Luego se distrajo y dirigió su atención hacia una anciana que almorzaba en una mesa cercana. Al principio le pareció que hablaba sola, luego se percató de que toda su preocupación la motivaba un caniche blanco enano sentado en una silla a su lado. Ese detalle le recordó a la señora Frosnay y por eso, posiblemente, ésta a su vez le haría recordar este episodio durante el viaje en ascensor de unos días más tarde.

Cuanto más la observaba, de a poco iba comprendiendo lo dramático de la situación: ¡Fifí no quería comer! A pesar de los esfuerzos de la buena señora, en una muestra de majadería e ingratitud, un Fifí rígido e indolente, cubierto todavía por una pequeña capa impermeable -las botitas y el gorrito haciendo juego descansaban junto al paraguas de la vieja, ahora al borde de la desesperación, daba vuelta la carita mostrando un rictus histérico.

A medida que entraban otros parroquianos habituales, la mayoría se acercaba a saludarla con esa amabilidad exagerada pero siempre distante -que no es gentileza sino miedo y distancia con el prójimo y, sin excepción, la gente preguntaba por Fifí, siendo participada del drama. Pero, de manera indefectible, todos se despedían con la misma cortesía que al llegar pasando a sentarse en las otras mesas. Más tarde, cuando sus ruegos resultaron definitivamente inútiles, en una decisión sólo justificada por una situación critica, se acercó al chef y propietario del lugar, un bretón gordo y simpático, quien soportó estoicamente la explicación de que “Fifí no había querido despreciar su exquisito conejo 'a la cazadora'”, sino que últimamente estaba inapetente, cosa que la tenia muy afligida. Si bien era cierto que ella, desde temprano, le obsequiaba bombones de chocolate y otras golosinas, él por su parte jamás se había mostrado tan apático como ahora.

Desde su silla el perro los miraba sin poder disimular su hastío por la vida.

En cuanto entró al apartamento, Julián aspiró hondo, orinó abundantemente sin cerrar la puerta del cubil del W.C., y ahora sí exhaló con fuerza a medida que lo invadía una sensación de alivio, entonces se dedicó a comprobar que todo estuviera en orden.

Entró a la sala de baño y se sentó al borde de la inmensa bañera, atípica para este país, y con ternura acarició una y otra vez en el lomo a Ambrosio, el hipopótamo bebé. Con un susurro de confidencia le contó su desgraciado percance de un par de minutos atrás, sin ocultar la angustia por todo aquello que se cernía sobre sus existencias. Conmovido, le hizo la sincera promesa de que haría lo imposible para que nada ni nadie turbara la armonía compartida. En adelante, saldría y llegaría al edificio siempre por el mismo lado de la calle, aunque ello significara multiplicar por siete la distancia hasta o desde la boca del Métro o la parada del autobús; puesto que el engaño de cruzar a la otra acera no servia, puesto que tenia la amarga certeza de que era suficiente trasponer la línea de la visual de los ojos de las cabezas de oveja asadas para caer víctima de su maldición.  Pero estaba seguro que acercándose por la otra vertiente, arrimándose contra los edificios, podría ganar el portal del suyo sin ser descubierto.

No había terminado de explicarle la compleja situación a Ambrosio, cuando sonó el timbre de la puerta. Aturdido, luego de dudar un instante se precipitó a abrirla. Era la señora Legrand, la portera del edificio. Se trataba de un personaje antipático, soberbia en su investidura, despreciaba a sus colegas españolas y portuguesas. Por lo general subía para comunicarle asuntos triviales que Julián ya conocía por haberlos visto afichados en el panel de la propia portería; pero siempre que ocurría algo extraño en el inmueble era al primero que consultaba en carácter de sospechoso. Sin lugar a dudas, por su condición de extranjero. Al principio, muy cortésmente la invitaba a pasar a la sala del apartamento pero, cuando se percató de que sus visitas tenían visos de allanamiento policial, optó por apenas abrir la puerta sin quitar la cadena de seguridad y hablar mirando a su interlocutora por la breve luz que apenas quedaba entre ambos.

Pero, en el apuro olvidó cerrar la puerta del baño, lo que no planteaba mayores inconvenientes puesto que Ambrosio era de lo más discreto y además existía el dispositivo de la cadena. Lo que jamás supuso Julián fue que los albures se concertarían en una jugada macabra, que finalizaría con una desgracia mayúscula. Junto con la portera descendían del ascensor la señora Frosnay y su adorado caniche. Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos; el perro emprendió una repentina y loca carrera y se introdujo por la escasa rendija de la puerta de su vecino, siguió hasta el baño y, como si de un imán se tratara, saltó a las fauces de Ambrosio que bostezaba despreocupadamente.  Sólo un breve gemido acompañado por un sordo crujido de pequeños huesos y, como único testimonio visible, colgando a un lado de la trompa ahora cerrada del hipopótamo, quedaba la cinta tricolor con la cual la señora Frosnay armaba la moñita con que engalanaba a su Fifí en festejo del bicentenario de la Revolución francesa.

El resto fue un caos, Julián trataba como podía de tranquilizar a las dos mujeres, al borde del colapso nervioso. Antes de pasada media hora, ya estaban los bomberos subidos a una larga escalera y rompiendo a fuerza de pico los bordes de la ventana del baño. Una compañía completa de la Compañía Republicana de Seguridad cerraba la cuadra por ambas esquinas, y apostaba francotiradores en las azoteas más cercanas e incluso en la puerta del propio apartamento; mientras un veterinario del zoológico de Vincennes anestesiaba al pobre Ambrosio, al tiempo que dos de los bomberos lo fajaban con una especie de férula en la que se destacaba una gruesa argolla en su parte superior.

Recién cuando escuchó el ruido de un helicóptero, Julián comprendió el operativo que desde hacía rato observaba sin atinar a nada, y moviéndose de un lugar a otro para dejar que los demás hicieran. Desde el aparato lanzaron un largo cable de acero con un gancho en el extremo, que aseguraron a la argolla del arnés y entonces, con suaves movimientos, comenzaron a elevar al pequeño paquidermo.

Para evitar los riesgos fruto del balanceo, habían dispuesto gruesos colchones en los balcones del edificio de enfrente y en del propio Julián, a quien una vez sustraído el animal de su morada le fue extendido un recibo por un hipopótamo, y le dieron como toda explicación que sería llevado al zoológico, así como le advirtieron que tuviera a bien presentarse lo antes posible en la comisaría del barrio. Mientras, Ambrosio sobrevolaba mansardas con techos de pizarra oscura, callecitas y avenidas, recortándose su silueta regordeta en el cielo eternamente plomizo de París. Al llegar al bulevar Periférico, a la altura de la Puerta de Vincennes, el animal se disolvió en la nada sin que nadie pudiera explicar lo que sucedió.

Aturdido todavía, Julián llamó a Guillermo para que lo acompañara a la comisaría de Policía en calidad de intérprete. Nunca había aprendido bien el francés y estaba demasiado consternado como para hacerse entender. Allí el interrogatorio fue breve, al oficial lo único que le obsesionaba era enterarse cómo había hecho para meter a Ambrosio en la bañera; ni siquiera la forma en que se desvaneció le importaba mucho, apenas solicitó que se hicieran discretas averiguaciones por si alguien había encontrado un hipopótamo despanzurrado en los alrededores del distrito duodécimo. Pero a su pregunta encontraba siempre la misma respuesta; Julián con su beatifica sonrisa, mirando hacia al suelo, contestaba lacónicamente que había llegado solo.

Un par de días más tarde tuvieron que presentarse en el Palacio de Justicia. Allí también el tramite fue corto y hasta podría decirse que hubo demasiada indulgencia  para con el veterano exiliado. En la audiencia sólo estaban Julián, Guillermo, el juez, el fiscal, un abogado de oficio y algún estudiante de leyes madrugador. Después de una larga reprimenda referida al uso y abuso de la generosidad y amplitud de la Francia liberal para con sus asilados, el magistrado se detuvo en consejos más domésticos: Estaba  bien tener perros, gatos, loros, y hasta monos pequeños, si estos últimos cumplían con todos los requisitos sanitarios. Pero, los hipopótamos eran animales inconvenientes, y si tanto le gustaban, lo mejor era visitarlos en los parques zoológicos. Finalmente, y en vista de que a pesar de la cantidad de testigos oculares la prueba del delito había desaparecido, solamente lo condenaba a pagar los daños en la fachada del edificio, indemnizar a la señora Frosnay de tal forma que pudiera comprarse otra mascota más algunos francos por el daño moral infligido y, finalmente ,una suma menor de dinero para la señora Legrand, la portera, por el mal rato pasado.

Los dos amigos abandonaron el lugar y como la mañana soleada invitaba a caminar, decidieron dar un paseo. Guillermo intentaba consolar a Julián asegurándole que cuando Ambrosio fuera más grande los percances podrían ser todavía mayores y la separación mucho más dura, y que no dudara un solo instante en cuanto a que el caniche había cometido suicidio.

Julián, desconsolado, lo escuchaba mientras caminaba apoyado en su hombro. Al atravesar el Puente Nuevo vieron un dirigible gris surcar los cielos. Julián empezó a correr por la estrecha vereda del pasadizo, saltaba, gritaba, reía: “¡Es Ambrosio que vuelve conmigo! ” “Pará viejo, no ves que es sólo una publicidad de neumáticos para autos” -le gritó Guillermo. “¿Y qué -contestó Julián-, si Danny “el rojo” hace especiales para la televisión, porqué Ambrosio no va a poder hacer publicidad para la Good-Year?”. Y corría feliz apuntando con sus brazos hacia el cielo.

 

Par VERICUETOS - Publié dans : NARRATIVE
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Vendredi 9 décembre 2011 5 09 /12 /Déc /2011 15:47

  Andrés Soto Bekow

    Andrés Soto 

 

La sombra de Mario

   

Soy una sombra
humilde derrotado
una lámina de acero
que circula por tu fosa.

Surgí de la tierra
a borbotones
discretamente
como un suspiro.

El aire que respirabas
ha dejado un vacío.
¿Quién lo llenará
para convertir
el pan en trigo?

 

 

Un mensaje que no palidece

   

Mensaje en mil botellas
palabras desplazadas
por naves fantasmas
sin llegar a ninguna parte.

Poemas escritos
con plumas de sangre
palabras profundas
que nadie acepta.

Sentimientos ajenos
a veces contradictorios
que chocan contra el vidrio
para escapar del vacío.

Palabras que se dejan llevar
por un mar abierto
el rugido del viento
el empuje de las olas.

Frases con sentido propio
cargadas de sueños
ruegos complacientes
a punta de aguja.

Palabras que se pierden
después de un fuerte temporal
terminan en el fondo
inundadas de lodo.

La tinta palidece
por falta de oxígeno
la letra se hace pequeña
hasta perder el ritmo.

Sólo unos cuantos vidrios
se salvan de la quema
aparecen sin querer
en un río sin orilla.

Una botella rueda
contra corriente
a los campos de arroz
esperando el rescate.

La belleza del momento
se encuentra fácilmente
en cualquier rincón de la vida
sólo es cuestión de buscarla.

 

 

Pasado y futuro

 

Cuando era joven
las ideas saltaban
por los aires
ligeras y animosas
como pompas de jabón.

Mis palabras cruzaban
las nubes, se mezclaban
con el cielo para llenar
el firmamento de luces
ante la noche más fría.

Todo era importante
nada podía detenerme
aunque faltasen normas
para buscar sentido
en capas más profundas.

Las cosas han cambiado
con el brillo del atardecer
el sol nos ha frenado la mirada
lo que un día parecía claro
se ha llenado de contrastes

Mis pasos son más cautos
la vista se dispersa frente
una niebla impenetrable
tu línea recta no existe
sus cauces se tergiversan.

Y aunque ahora controle
el ritmo de las palabras
como piezas de ajedrez
me falta tu inspiración
para crear algo nuevo.

 

 

 Columnas de mármol

   

Athena, amiga desdibujada
por el paso de los años
que perforan los recuerdos
y de ti queda una imagen tiesa.

Te he buscado en el foro
entre las columnas manchadas
del viejo templo de Diana
Diosa de la eterna sabiduría.

En ese desierto rosado de mármol
he percibido tu antigua presencia
y perdí la memoria, o mejor dicho,
la capacidad de bañarme en tu sangre.

Tu antigua blancura me mantiene fértil
en el aire discapacitado de esta orilla,
de este hogar rojo incandescente

impulsado por vivas contradicciones.

Minerva, sueño frustrado

he hallado tus restos
escondidos, lejos de casa

bajo un montón de paja.

 

Las neuronas agitan

un dolor ya pasado.

Sin fuerzas para rescatarte

lloro tu ausencia al vacío.

 

 

Espejo transitorio

 

Las cosas nunca cuajan
si las esperamos demasiado
la vida no sólo decepciona,
sino engaña, te deja de lado.

Tú estas dentro y ella se queda fuera
no cabemos en el mismo tablero
tú ocupas las blancas y yo las negras
caemos juntos y ella se levanta.

La existencia es una diversión contenida
con el aliciente del juego como pantalla
telón de fondo, espejo cóncavo
ríos de sangre coloreados.

Espejo adaptado a caras atractivas
cuerpos perfectos para la pantalla
que en el mundo real adelgazan
y desaparecen con la muchedumbre.

La ilusión del sexo enciende la locura
un orgasmo inalcanzable que se domina
con la droga, un viaje loco y transitorio
que acelera las ansias de aventura.

Viaje a los planetas más lejanos
hasta estrellarse con el cemento
o ser detenido por un guardia
que te obliga a soplar el globo.

Pierdes puntos, ganas emociones
la vida es una ruleta de la fortuna
que esta noche rueda a doscientos
y mañana se conforma con una aspirina.

 

 

Ojo de tigre

 

Rema en tus estanques verdes
pescador perdido
hasta la luz infinita.

Rema despacio
no apures el paso
por el verdor de la jungla.

Los árboles se extienden ante tu vista.
Es tu remo el ojo que te guía
por el agua, la niebla y las hojas.

Quizás el tigre aceche
en la húmeda mañana
envuelto entre la niebla.

Pero sus ojos verdes
no sabrán diferenciar
el movimiento de tu figura.

Hiende en las aguas tu ojo con parsimonia
para que la mirada esté presta
a distinguir peligros y maravillas.

Deslízate sobre las aguas
como flor olvidada
no busques los rápidos tumultuosos





Como una vela

 

Para qué sirve una casa
blanca cobertura
abro el paraguas si llueve.

Siempre entretenido con botellas
cortinas, muebles
perfumes suaves, capas espesas.

Como si no quisiera salir nunca
de la pequeña jaula
sin llaves disponibles a forasteros,

Incluso un pájaro de paso sufridor
manchado de nieve
se deja encerrar en este paraíso.

Sólo las palabras que intercambiamos
palpitan como una vela
y no se dejan atrapar por el viento.

 

 

  ***                   Traduction par Libia Acero-Borbon

 

 

L’ombre de Mario

  

Je suis une ombre

Humble vaincu

Une feuille d'acier

Qui circule dans ta fosse

 

Je suis sorti de la terre
par à-coups

Discrètement
comme un soupir.

L'air que tu respirais
a laissé un vide.
Qui le comblera
pour convertir
le pain en blé?

 

    

Un message qui ne pâlit pas

    
Un message dans mille bouteilles
des mots emportés
par les navires fantômes
sans arriver nul part

 

Des poèmes écrits
avec des plumes de sang
des paroles profondes
que personne n’accepte.

 

Des sentiments des autres

Parfois contradictoires
s'écrasant sur le verre
pour échapper au vide.

Les mots sont entraînés
dans le grand large
le rugissement du vent
la poussée des vagues.

Des phrases significatives
pleines de rêves
des appels complaisants
arborant l’aiguille.

 

Les mots sont perdus
après une forte tempête
finissent dans le fond
inondés par la boue.

L'encre pâlit
par manque d'oxygène
les mots deviennent petits

Jusqu’à perdre leur rythme.

Seuls quelques verres
sont sauvés de l'incendie
apparaissent par inadvertance
dans une rivière sans rives.

Une bouteille roule
à contre-courant

Aux champs de riz
en attendant les secours.

La beauté de l'instant
est saisissable facilement
n'importe où dans la vie
juste une question de la rechercher.

 

 

Passé et futur

   

Quand j'étais jeune
les idées légères et courageuses

Sautaient  par les airs
comme des bulles de savon.

Mes mots croisaient

Les nuages, se mêlant
par le ciel pour remplir

Le firmament de lumières

Lanuit la plus froide.

 

Tout était important
rien ne pouvait s’arrêter
bien que des normes manquent

Pour trouver un sens

Dans les couches profondes.

Les choses ont changé
avec la lueur du coucher du soleil
le soleil  nous a ralenti le regard
ce qui jadis paraissait clair
est rempli de contrastes

 

Mes pas sont plus prudents
la vue dispersée face
au brouillard impénétrable
ta ligne droite n’existe pas
ses voies tergiversantes 

 

Et bien que maintenant

J’ai contrôlé le rythme des mots

Comme de pièces d'échecs 

Je manque de ton inspiration

Pour créer quelque chose de nouveau.

 

   


Colonnes de marbre 

 

Athena, une amie défigurée
par le pas des années
qui perfore les souvenirs

et de toi une image raide reste.

 

J'ai cherché le forum
entre les colonnes tachetées
du vieux temple de Diana
Une déesse de la sagesse éternelle.

 

Dans le marbre rose du désert
j'ai perçu ta présence ancienne

et j’ai perdu la mémoire, ou plutôt,
la capacité de me baigner dans ton sang.

Ta blancheur ancienne me maintient fertile

Dans l'air handicapant de ce rivage,

De ce foyer rouge incandescent

Poussé par des contradictions vivantes

 

Minerva, le rêve frustré
J'ai trouvé votre demeure
cachée loin de la maison
sous un tas de paille.

Les neurones agitent

Une douleur déjà passée.

Impuissant pour te sauver

Je pleure ton absence au vide.

 

 


Miroir

 

  Les choses ne sont jamais prises
Si nous attendons trop

 la vie non seulement déçoit

 Mais elle te trompe, te laisse de côté.

 

Tu es à l'intérieur et elle reste dehors

Nous ne tenons pas dans le même panneau

 tu occupes les blanches et  moi les Noires

Nous tombons ensemble et elle se lève.

 

L'existence est un amusement contenu
avec l'attrait du jeu comme un écran
un rideau de fond, miroir concave
des rivières de sang colorées.

Un miroir adapté aux visages attractifs
des corps parfaits pour l'affichage
que dans le monde réel, ils amincissent
et disparaissent avec la foule.

 

L'illusion de la folie du sexe tourne

L’orgasme inatteignable qui se domine
avec la drogue, un voyage fou et transitoire
qui accélère les désirs d'aventure.

Voyage vers les planètes lointaines
jusqu'à s'heurter au ciment

Ou jusqu'à être arrêté par un garde
qui t'oblige à dénoncer le monde.


Tu perds des points, tu t’enrichis en émotions
La vie est une roue de la fortune
qui tourne, cette nuit, à toute allure

Et demain elle se conforme à une aspirine.

 


 
 Œil de tigre

 

  Rame dans tes étangs verts

 Un pêcheur perdu

Jusqu’à la lumière infinie.


Rame lentement
ne  précipites pas le passage

Par la verdure de la jungle.

Les arbres s'étendent devant ta vue.

C'est ta rame l'œil qui te guide

Par l'eau, le brouillard et les feuilles.

 

Peut-être le tigre guette
dans le matin, humide
enveloppé entre la brume


Mais ses yeux verts
ne sauront pas différencier

Le mouvement de ta figure.

 

Traverse dans les eaux ton œil avec parcimonie

 Pour que le regard soit prêt à distinguer

Des dangers et de merveilles.

 

Glisse-toi sur les eaux

 Comme fleur oubliée

Ne cherche pas des torrents croissants

 

 



  Comme Une bougie

      

A quoi sert  une maison
couverture blanche

J’ouvre le parapluie s'il pleut.

 

Toujours m’amusant avec des bouteilles

Des rideaux, des meubles

Doux parfums, des couches épaisses.

 

Comme si elle ne voudrait jamais sortir
de la petite cage
sans des clefs disponibles pour les étrangers,

Même la souffrance d'un oiseau de passage
tachés de neige
se laisse enfermer dans ce paradis.

 

Seulement les mots que nous échangeons

Palpitent comme une bougie

Et ils ne se laissent pas attraper par le vent.

 

 

Andrés Rojas

Nací en Barcelona en 1961, he vivido muchos años en Suecia y mi interés por escribir se plasmó por primera vez a los ocho años cuando me entretuve relatando la vida de las figuras de los animales con los que jugaba. A los 13 años una de las abuelas me regaló un libro con textos de introducción de los autores más notables de la literatura universal, lo cual influyó en gran medida mi elección de autores cuando tuve tiempo para leerlos, que fue al terminar el instituto y ponerme a trabajar en una fábrica de pinturas, ya que tenía media hora de viaje y los aprovechaba para leer, costumbre que mantuve durante los años universitarios.

Estas lecturas  inspiraron la creación de todo tipo de textos cuando encontraba tiempo libre, desde un libro de viajes titulado Luces de Carnaval, que por desgracia se ha perdido, hasta culminar con Den Slaktade Tjuren, (El Toro embolado), una novela escrita en sueco que envíe a dos editoriales sin ningún éxito, probablemente porque no dominaba la lengua de Strindberg con la suficiente soltura.

El deseo de recuperar el castellano fue uno de las razones fundamentales para trasladarme a España en 1995, aunque tardé muchos años en sentirme lo suficiente maduro para escribir y fue gracias a internet, entrando en foros, dando mis opiniones sobre cualquier tema social, político o filosófico, atreviéndome finalmente con la creación literaria. Así llegó Diario de un Morador Enfrascado, publicado en Forolibre en como una especie de experimento, ya que no sabía de ninguna manera cómo iba a terminar, pero que tuvo reacciones muy positivas entre los lectores del foro y me animó a publicar otros muchos textos que luego fueron desapareciendo de la red  y ahora podrán ser rescatados para el lector.

Mi obra es toda inédita y muy extensa, por lo que sólo indico una selección:
 
En sueco:
 
Den Slaktade Tjuren (El Toro Embolado) - 1991
Ockuperade hjärtan (Corazones ockupados) - 1995
 
 
En castellano:
 
Diario de un Morador enfrascado - 2002
Memorias de un tiempo casi olvidado - 2004
Silogismos sobre la Mentira - 2005
Viajes al continente Negro - 2006
Prisioneros del Tiempo - 2009
El semen de Ken - 2010
 
Poemarios:
 
Lágrimas de Vapor - 2004
Poemas de Le Revenant -2007
La sombra de Mario -2009
 
En preparación:
 
Mujeres que no aman a los hombres
Estrella Fugaz - Tesoro Oculto
Le Revenant
Un decoroso Celibato
Septiembre 2001
 
Cuando termine esas cinco novelas sólo me dedicaré a la poesía y tal vez al teatro.

Par VERICUETOS - Publié dans : POESIE/POESIA
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