Un habitant du septième ciel

martinez fabio un habitante traducción cara sola ab 6 11

 

                                                                     Retazos criticos de la obra

                                                          Le Septième Ciel : un habitant littéraire de Paris

                                                          Entre la memoria y la imaginación: link

                                                                             Fabio Martinez, entrevistalink

                                                                             Lecture littéraire, le 7ème ciel: link

De l'autre côté du rêve

 

Luisa Ballesteros Rosas

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Dans De l'autre côté du rêve, la poésie se définit comme une arme et conscience, car la poésie en elle-même offre une justification de l'expérience, de la vie. Par le contact constant avec la nature, ses vers sont peuplés de perles, lunes, roses, feuilles et épis, dans une philosophie de l'existence, s'éloignant du contexte littéraire colombien des dernières années où, dans un langage plutôt familier, celui de la rue, la ville s'impose.

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Vendredi 27 avril 2012 5 27 /04 /Avr /2012 14:32

Porfirio Barba-Jacob como educador en Guatemala   

 

Jairo Tobón Baena escribió un artículo con motivo del centenario del nacimiento del poeta, titulado “Porfirio Barba-Jacob llevaba el magisterio en el alma y en la sangre” (95). La calificación de maestro, en la realidad empezó ejerciéndola en Angostura cuando fundó el “Jardín Infantil”; en Guatemala lo hizo como profesor universitario en la Universidad Popular; en México fue profesor de la Escuela Normal en Chilpancingo, y también bibliotecario. Y en esa forma fue maestro en distintos lugares y países.

Durante toda su vida esta vocación se manifiesta de distintas maneras; una de ellas fue casi obsesiva. Consistía en lanzar una idea abiertamente y luego pasar a estructurar el proyecto de la misma idea, divulgándolo públicamente con el objeto de crear instituciones educativas para el pueblo, a nivel de la primaria, secundaria, institutos especializados y también universitarios.

La creación de estructuras educativas las promovió en México, Cuba, San Salvador, Honduras y Guatemala. En este último país tenemos el ejemplo de la Universidad Popular de Guatemala, idea que después de una ardua promoción y organización de su parte, se hizo una realidad en julio de 1922, y él la anunció como una noticia fresca, el 7 de agosto de 1922 en El Imparcial:

 

En una breve nota aparecida en El Imparcial el 7 de agosto de 1922, supongo que fue redactada por Barba-Jacob, se anuncia la idea de crear la Universidad Popular, digo supongo porque la iniciativa fue presentada por él y acogida por intelectuales guatemaltecos y estudiantes universitarios.

 

La institución, dice la nota, no seguirá modelos extranjeros sino responderá a las especiales circunstancias y costumbres del país y a sus pocos recursos económicos.

[…]

En sus planes de estudio señala como cursos libres la enseñanza del inglés, la física, la química, la teneduría de libros, la lectura comentada de historia de América, pedagogía doméstica “…tan necesaria y olvidada”; higiene del trabajo y otras disciplinas prácticas y de inmediata aplicación en la vida cotidiana. Se añade a tales cursos, aunque no de carácter preferencial, algunos de índole literaria.

 

Se informa igualmente el propósito, a modo de ensayo, de fundar dos escuelas nocturnas para adultos analfabetos.

 

Se mencionan a Fernando E. Sadoval, al poeta Wyld Ospina y a Ricardo Arenales para impartir clases gratuitamente. (96) 

 

El acta de fundación se realizó el 20 de agosto del mismo año y está firmada por connotados intelectuales de la época y el poeta firmó con el nombre de Ricardo Arenales. Obtuvo personalidad jurídica el 30 de noviembre de 1923 y se inauguró a los pocos días. Transcribimos en pie de página, los nombres de las rúbricas del Acta de Fundación y el párrafo que corresponde a las personas que intervinieron en el acto inaugural (97). 

En reconocimiento a la iniciativa de su creación y participación, como también por su labor docente benévola, desde el 1° de marzo de 1947, una de las aulas lleva su nombre. La Universidad Popular es hoy una institución de prestigio en ese país.

Barba-Jacob además ejerció su magisterio utilizando un mecanismo distinto al de la docencia. Durante su existencia por donde iba pasando, dictaba seminarios sobre diferentes temas, organizaba ciclos de conferencias sobre un tema bien definido para despertar el interés en el campo del saber, y con ello avivar los cerebros adormilados en las geografías visitadas. El poeta logró un prestigio tal en este campo, que en su tiempo le generaba emolumentos de significación, no obstante el estado de analfabetismo generalizado en las naciones visitadas y por ello la falta de interés por los temas de caráter intelectual.

Hacemos uso de una carta fechada en Monterrey el 25 de dicembre de 1930, donde él mismo nos habla sobre este tópico:

 

[…] El 17 del mes, día en que usted me escribía recibí la carta a la cual me he referido, vinieron los estudiantes, por la mañana, a suplicarme que tomara parte en la conmemoración de la muerte de Bolívar, que debía efectuarse esa noche en el Teatro Independencia. No podía decirles que no, y aunque estaba muy ronco, tuve que ir a hablar. El Teatro, que es muy grande, se hallaba colmado, pues la entrada era gratis. Hice una verdadera conferencia sobre la vida del Libertador: estuve hablando como hora y media. Me apludieron mucho y me felicitaron después con mucho cariño.

 

El sábado pasado dicté una conferencia sobre “viajes por Centro-América” en el Salón del Círculo Mercantil Mutualista, que es una gran institución de aquí. También fui muy aplaudido. La diferencia entre las dos fiestas estuvo en que el Círculo me pagó $200.00. lo cual me permitió girarle a mi hijito los treinta dólares que ya habrá recibido. Ahora el mismo Círculo va a ayudarme a llenar el salón, ya por mi cuenta, para dar otra conferencia.[…] (98) 

 

El magisterio se hizo también extensivo a la poesía y a la literatura a través de los grupos literarios y las  tertulias que  cumplían la función de  talleres, donde

se estudiaban los textos de los distintos participantes haciéndole cambios, agregados o suprimiéndole lo que se consideraba superfluo o innecesario. En estas instancias se analizaba la literatura extranjera, muy particularmente la europea, y se exponían igualmente teorías literarias locales, enfoques estéticos, empezando por los del poeta que eran novedosos por su originalidad.

En esta agitación intelectual de fundador de instituciones educativas, promotor de cultura, matizado con la tarea de procurarse el sustento, fue expulsado de Guatemala, porque sus juicios tanto políticos como los emitidos en los distintos planos de la actividad intelectual, contradecían profundamente el pensamiento oficial. Agregado a esto el comportamiento individual de Porfirio Barba-Jacob, en relación con las costumbres y la tradición de una estructura social conservadora, tradicional, pacata e hipócrita; entraban en un choque frontal por sus antagonismos, sus acciones provocadoras que tenían la inofensiva intención de llamar la atención, que en lo prohibido se encontraba una parte de las delicias de la vida. Arguyendo lo anterior de manera eufenística, porque la verdadera razón, la constuía el hecho de que el poeta era un clavo punsador en el zapato de la política guatemalteca. Fue expulsado por orden del general Jorge Ubico, siendo presidente de la República José María Orellana.

Barba-Jacob en su condición de libre pensador, era un hombre consecuente entre pensamiento y práctica del individuo. En su vida personal defiende abiertamente su condición bisexual, asunto que era una osadía para la sociedad de su tiempo. Esto no le resulta suficiente, sino que proclama a los cuatro vientos su condición judía; con ello enfurece a los jerarcas de la iglesia católica, y para cerrar la ofensa se declara ateo militante. Lo último, al igual que el uso de los psicotrópicos y las tertulias etílicas sin haber visto la noche pasar, fascina a los intelectuales que carecen del poder de dicisión. En cambio enoja enardecidamente al gobierno y a las capas dominantes de la sociedad guatemalteca.

La conducta anterior, que los detractores del poeta califican de disoluta, pero que los críticos la consideran como la fuente de inspiración, entre quienes se encuentran los que van más lejos, como es el caso de Andrés Holguín, analizando los contenidos de su poesía, sostiene que Porfirio Barba-Jacob, es un romanticista en la vida y nos dice:

 

[…]si queremos precisar el sentido del clasicismo y romanticismo, hemos de buscarlo en el hombre. Ni en el momento histórico ni en las características formales del verso ni siquiera la temática de un poeta puede darnos solución alguna. Es necesario llegar al hombre mismo; a su posición frente al mundo. […]

 

[…]la lírica de Porfirio Barba-Jacob. El gran poeta colombiano se siente demoniacamente[…]

 

[…] Esta lírica nace, pues, al ser vivida. En el campo o en la ciudad, en el café o en el hospital, en el éxtasis del amor o en medio de la pasión sexual, en el tedio de los días monótonos o en la tensión de instantes de delirio. Allí nace, y, germinando en el alma del poeta, éste nos la devuelve con una exacta fidelidad. Esto, desde luego, vincula a la poesía de Barba-Jacob a la sensibilidad y no a la inteligencia.[…] (99)

 

Andrés Holguín analiza la obra de Barba-Jacob, estableciendo una relación entre la vida, en su condición de individuo y su obra poética. En su artículo encontramos varias conexiones en este sentido. La vida del poeta que se caracteriza por los sufrimientos de las carencias materiales, padecimientos por las persecusiones políticas, dolores soportados en razón de sus conductas sociales atípicas, conduce a buen número de los analistas de su obra, a encontrar la clave de sus versos desgarrados y transidos por múltiples angustias en la existencia personal.

 

 

Tercer viaje a Guatemala 1923

 

El tercer viaje puede destacarse por su actividad de crítico literario. Por lo demás sus actividades no difieren de las anteriores estadías.

En su condición de crítico literario, Barba-Jacob hace una crítica al libro de Gustavo Alemán Bolaños, sobre la juventud de Rubén Darío, escrita en el Diario de Centro América el 7 de abril de 1923, la que también fue utilizada como prólogo de un libro sobre Rubén Darío. En ella discurre sobre el aspecto original del poema, de las tribulaciones, los éxitos, el porvenir de Rubén Darío, y toda una serie de valores del poeta nicaraguense, como sus calidades periodísticas, su generosidad, el aspecto romántico y lírico de su poética …

Sobre Benavente dicta una conferencia donde analiza con extremo rigor la obra del dramaturgo español. Destaca sus calidades como persona y lo sitúa dentro del contexto histórico español. La obra y la personalidad del escritor las valora de manera objetiva. Luego escribe un texto irónico en El Imparcial del 2 de Junio de 1923, titulado “La tristeza de Benavente”. El artículo lo inicia de una manera contundente, le dice al lector que él no conoció a Benavente porque no quiso tratarlo, lo describe en un comedor esparciendo aromas de la solapa del saco y de su copa de vino, autografiando tarjetas, álbumes; sin que brotase de sus labios ni una sola palabra o una sonrisa. Lo retrata introvertido, solitario y poco comunicativo. Lo vapulea por haber estado cerca de la ciudad más bella de América y no haber tenido la iniciativa de pasar a visitarla; alude a la Antigua Guatemala. Su artículo está hecho para hacer saborear al lector un momento de una agradable lectura, en nombre de don Jacinto Benavente.

 

Barba-Jacob en la memoria de los guatemaltecos

 

Es indudable que Barba-Jacob marcó una impronta en el periodismo guatemalteco para que alcanzara un nivel acorde a las exigencias modernistas. En el campo de la poesía y de la literatura sucedió lo mismo, lo dinamizó mediante sus críticas, juicios, renovándolo. Lo que resulta en cierto sentido determinante, es el de haberle dado un impulso hacia el futuro, como lo reconoce José Mejía en la obra crítica de Rafael Arévalo Martínez, al que citamos en pie de página (100). En la vida cultural fue el centro de polémica por sus cuestionamientos y sus posiciones radicales frente a las corrientes literarias tradicionales.

Los guatemaltecos han dedicado variedad de ensayos sobre su obra y persona, han hecho libros como el de William Lemus, Psicoanálisis del hombre que parecía un caballo; Fedro Guillén, Barba Jacob el hechizado; Hugo Cerezo Dardón, Porfirio Barba-Jacob en Guatemamala y en el recuerdo. El premio Nobel de Literatura, Miguel Angel Asturias, hace una semblanza mediante una secuencia de imágenes narradas de riqueza literaria incontestable, de una de esas tantas visitas que el escritor le hizo a Barba-Jacob, visitándolo en su hotel. Por la importancia de su apreciación consignamos dos grandes párrafos:

 

BARBA-JACOB, EL HECHIZADO

 

Miguel Angel Asturias

 

En mi Guatemala lo conocí. Era proceloso y hondo. Cuando hablaba manejaba un pincel de rosas con los labios sensuales. Ayunó siempre de esa pequeña actualidad casera, apenas entraba en su habitación se arrancaba la americana. Surgía una espalda huesosa. A esa espalda huesosa se juntaba un cuello largo. Los brazos también largos. Las manos descarnadas. Con los pulgares abiertos se echaba abajo los tiradores de seda. En redor de su cintura quedaba bailando el pantalón. Abría las persianas y paladeaba la luz y el aire. Sus párpados caídos sobre sus pupilas le hacían vivir en un como interminable atardecer. Por eso, al abrir las persianas para paladear la luz del sol, echaba la cabeza hacia atrás. Y así lo hacía siempre que quería ver mejor. Giraba, en seguida, momentáneamente, al parecer, desorientado. Un instante fugaz. Ya iba sobre los zancos de sus piernas hacia la alacena en que guardaba la botella de coñac. Los vasos. De espaldas se le oía paladear, chasquear la lengua, como si en verdad bebiera, cuando solo tenía frente a los ojos el licor. Servía rápidamente, abundantemente. Alzaba su copa e invitaba a beber con rito sacerdotal. Esta vez el chasquido de sus labios era más fuerte. Por su garganta larga y flaca se veía pasar el coñac. Lo regustaba. Se llenaba nuevamente la copa. Indagaba en sus bolsillos un cigarrillo. Los llevaba en la bolsa de la camisa. Encogía la mano, anguloso el codo, para extraerse del alto de su corazón el paquete de cigarrillos y se llevaba uno a la boca, luego de ofrecer a los otros. Fumaba con chupadas hondas. El humo salía por sus narices. Ya estaba el poeta.

 

De una gaveta extrae su mano el último poema. Lo lee casi de memoria y así logra vigilar nuestros gestos mientras lo va leyendo, leer en nuestros semblantes esa primera impresión que, a su decir, le servía para saber si estaba bien o estaba mal y que nosotros comprendíamos que era sólo lisonja. El cabello negro y duro se le venía hacia la frente despejada. Su mano se lo echaba hacia atrás. Pero luego se olvidaba y terminaba igual que un director de orquesta. Sílaba a sílaba acariciaba el verso. Palabras sin aristas, redondas y sensuales. Encadenamientos sonoros en que las voces se ordenaban en nuevos sonidos, sorprendentes sonidos, al ligarse entre ellas. Por eso, fuera de la sintaxis natural, de lo que rectamente se entendía, otros sonidos surgían, se percibían por aliteraciones insospechadas, música de versos que se formaban, eso que detrás del poema existe y se oye cuando el poeta lo lee. Sonoros, hondos, paladeados, hechos para quemar, para torturar, sus versos nuevos y sus nervios viejos[…] (101)

 

En la cita de Asturias hay aspectos que nos obligan a hacer un breve análisis. La amistad entre Barba-Jacob y Asturias, nos demuestra que el poeta no sólo era reconocido entre la juventud por sus versos, sino también por sus conceptos, consejos y juicios literarios. Los jóvenes narradores y poetas lo frecuentaban con cierta asiduidad. Esta es la explicación de la presencia de Asturias en el hotel, y la razón de que haya ido muchas veces se comprueba en la frase /y así lo hacía siempre que quería ver mejor/ Como puede leerse hay otras frases que también lo reafirman en el mismo sentido.

Un aspecto que es importante para el concocimiento del poeta, desde la perspectiva de lo psicológico es la descripción que hace Miguel Angel sobre los movimientos, gestos y todo lo que se relaciona con el mundo intrínseco. De otra parte, está su ser físico donde lo predominante es la delgadez y lo huesudo. Son dos verdaderos retratos de lo interior y lo exterior. En la parte final donde Asturias habla de las “aliteraciones insospechadas” que no están contenidas en el verso, sino que se producen por efecto de su lectura, confirma nuestro juicio, en el sentido de rigor con que preparaba sus lecturas. El poeta era un purista de la melodía. Las palabras de Asturias testimonian lo hondo que caló en las gentes de letras de ese país, pero también refrendan el afecto que el poeta tenía por los escritores, los intelectuales, la tierra guatemalteca y sus habitantes.

 

 

Obra periodística en Guatemala

 

En 1923 estuvo el poeta en Quezaltenango donde se comenta que escribió varios artículos en un periódico denominado Diario de la Tarde, desafortunadamente la colección de periódicos correspondientes al diario mencionado, en lo que se relaciona al año 1923, contiene muy pocos ejemplares. Este hecho lo confirma Hugo Cerezo Dardón en su biografía sobre Barba Jacob, en la página 91, citada repetidas veces en este trabajo. Igualmente no se encontraron ni ejemplares ni otra prueba distinta a la mención de El Imparcial del 2 de agosto acerca de un periódico llamado El Diario Nuevo, que era dirigido por el licenciado Alejandro Arenales, o sea, Ricardo Arenales, y del que también habla Fernando Vallejo, en la página 218, en la biografía de Barba-Jacob.

Todos los artículos que hemos encontrado correspondientes a los distintos periodos en que Porfirio Barba-Jacob estuvo en la República de Guatemala los detallamos en la la bibliografía, obra periodística.

Periódico Diario de Centro América: Guatemala, 1914-1923, Periódico El Imparcial, Guatemala, 1922-1924, Post-mortem, 23 de julio de 1983

Su obra periodística en Guatemala, en cierto sentido, es una condensación de los principales hechos históricos de ese país, ocurridos en los distintos periodos en que Barba-Jacob se radicó en tierras guatemaltecas.

Su paso por El Salvador

Pudimos establecer que el poeta estuvo en dos oportunidades en El Salvador, la primera como Ricardo Arenales y la segunda como Porfirio Barba-Jacob. Su primera estadía está marcada por una amistad en la cual podemos usar el adjetivo de estrecha con el Presidente Carlos Meléndez, quien gobernaba por segunda vez el país.

El registro de esta temporada lo encontramos en sus artículos periodísticos en El Diario del Salvador donde él hace un retrato interior de sí mismo, declara que la escritura, a pesar de sus exigencias diabólicas, no logran consumirle toda la energía, sino que ésta se derrama para subirse en automóvil brujo que lo rapta como si fuera Helena en el país de lo mitológico. Plantea que El Salvador es un territorio laborioso, de faenas agrícolas, libre y encantado. En la crónica encontramos a un hombre pleno y total porque pasa momentos generosos, donde la felicidad lo aborda por doquier. El mismo nos puede hablar de este lapso:

 

San Salvador es una ciudad encantadora, sobre todo porque es libre. Me dio paz para leer, para soñar y aún para delirar. ¡Cómo rugían entonces y cuán insaciables eran mis leones! No se satisfacían ni con las carreras diabólicas hacia Santa Tecla, en un automóvil brujo, y ella como si fuera Helena en el rapto mitológico. Tembló la tierra, Pero…¡ah país acogedor, sonoro de rústicas faenas, cordial y encantado, fuerte y libre! Mi corazón vuela en las noches hacia Cuscatlán, alma de alondra sobre sus ruinas, espectros amados, embriaguez, un sórdido señor Quiñones que era Vicepresidente, los baños tibios bajo la matinada, toda la miel del día… (102)

 

Sus estancias en El Salvador dejaron para la literatura un texto único en la obra de Barba-Jacob, bastante raro como género, puesto que se inicia como si se tratara de un relato ficcional, para luego entrar a describir hechos reales sobre una catástrofe natural sucedida en ese país. Nosotros encontramos en la Hemeroteca escrito por el poeta, un texto titulado El terremoto de San Salvador: narración de un sobreviviente. Tiene como referencia editorial: San Salvador, imprenta El Diario del Salvador, 1917 y consta de sesenta y cuatro páginas. El relato se inicia con un hecho en el hospital Rosales, donde utiliza el nombre de su abuela Benedicta, y le pone a Joaquín, personaje ficticio, su apellido Osorio, para rememorar a su propia familia. Los personajes centrales, Ricardo Arenales y Joaquín Osorio Ruiz, se hacen amigos en su habitación de enfermos y viven allí los inicios del terremoto ocurrido el 17 de junio de 1917, día de Corpus Christi. La trama del relato, como era la moda en la época, se tejía en torno de asuntos amorosos, entrando en escena una tercera protagonista con el nombre de Consuelo. Luego pasa a narrar hechos reales sobre la tragedia donde hay pasajes verdaderamente conmovedores. El texto en cuanto a género es fundamentalmente una crónica-reportaje considerada por los especialistas en periodismo como texto de indiscutible calidad. Germán Arciniégas que es considerado como uno de los grandes intelectuales de América Latina, la valora como la mejor obra periodística del poeta.

Hugo Cerezo Dardón en la biografía de Barba-Jacob, refiriéndose al mismo texto, dedica todo un espacio significativo y lo titula así: Ricardo Arenales. El Terremoto de San Salvador. Corpus-Christi, Junio 17 de 1917. Narración de un sobreviente. Pero habla de un texto de ciento treinta y nueve páginas consignado en el párrafo siguiente.

 

El propio Ricardo Arenales nos informa al inicio del folleto, como él lo califica, aunque tiene 139 páginas, que le dio comienzo veinticuatro horas después del terremoto el 7 de junio de 1917, concluido el 5 de julio y tirado de inmediato en la imprenta del “Diario del Salvador”. (103)

 

Parece que el texto del que nosotros hablamos fue el primero que se editó, tiene una dedicatoria brevísima al presidente de la República, Carlos Meléndez, que está ampliada en la obra de la que habla Hugo Cerezo Dardón y que es de ciento treinta y nueve páginas. Existe otra edición del Ministerio de Educación en la biblioteca de El Salvador, que tiene la fecha de 1961, donde hay algunos cambios y también supresiones, como es el caso de la dedicatoria que Barba-Jacob le hiciera a Carlos Meléndez, presidente de la República en el momento del terremoto.

El reportaje-crónica utiliza un lenguaje narrativo de acentuación poética para describir todos los horrores, el dolor y el lamento, propios de un terremoto donde han muerto cientos de personas. En él se encuentra la descripción de la destrucción del Teatro Colón, la Iglesia de La Merced, el Manicomio, la Dirección General de la Policía, la Tesorería General y en ese orden, casas y edificios. En los parques la gente se apelmaza, solloza, reza, ruega, gime, grita, llora, esgrime crucifijos. En la plazoleta Cervantes, la multitud desaparece la grama y con ella el espacio, el apretujamiento es total, las masas se derraman por las calles adyacentes pidiendo en vano algo para beber y la protección de su Dios que no aparece por parte alguna. Hay sangre por todas partes, escombros, hierros que salen amenazantes como espadas, polvo que enceguece los ojos y las miradas. El horror se dimensiona en la medida en que el narrador suma acontecimientos. En los días de la dolorosa tragedia, Barba-Jacob que tenía por la tierra salvadoreña y sus habitantes un sincero afecto, se conmocionó profundamente con la catástrofe y la registró en su obra poética en el poema El alma salvadoreña. Transcribimos la primera estrofa donde está diáfano el sismo:

 

¡Hora de angustia! El firmamento

cobija un mundo que se desploma;

se oye un ruido sordo y violento

de valle en valle, de loma en loma.

El negro carro del infortunio

choca en el monte, choca en la peña;

y en la sombría noche de junio

solloza el alma salvadoreña…

(El alma salvadoreña)

 

Como Barba-Jacob era un hombre polémico, hasta en las situaciones más difíciles de la adversidad social, sus enemigos ante el éxito editorial de la crónica en libro, lo acusaron de hombre sin escrúpulos de encubridor de Carlos Meléndez y en ese orden de otros cargos que no presentan el menor fundamento. En lo único que sí tenían razón, es en los beneficios económicos que recibió por la citada publicación.

Su segundo viaje lo hace siete años después, en agosto de 1924, sin tener en cuenta que ahora está en la presidencia de la República, Alfonso Quiñones Molina, el que fuera ex-ministro del presidente Carlos Meléndez, amigo del poeta. El ex-ministro que había sido blanco de la pluma de Porfirio Barba-Jacob y perdedor en otros sucesos de carácter político frente al poeta. Lo expulsó del país sin ningún cargo concreto y a pesar de que ahora se llamaba Porfirio Barba-Jacob. Estuvo preso, se le privó de todos sus derechos incluidos los más elementales. Se dice que estuvo en peligro de muerte, asunto que puede ser cierto, porque el señor Quiñones, para lograr el acceso al poder provocó acontecimientos que dejaron una estela de muertos, las cárceles colmadas de prisioneros políticos y otras secuelas propias de las acciones armadas.

 

Obra periodística en El Salvador

Las crónicas que hemos hallado corresponden únicamente al Diario del Salvador, y la Revista Quincena, donde el poeta trabajó durante su estadía en ese país, siendo las publicaciones más importantes que se editaban en esa época. También encontramos dos crónicas post-mortem, publicada en el Diario Latino. Lo hallado lo reseñamos en la la bibliografía, obra periodística.

Periódico Diario del Salvador: El Salvador, 1917, Revista La Quincena, San Salvador, Post-mortem

 

Su presencia en Honduras, 1915-1925

 

La presencia de Porfirio Barba-Jacob en esta nación centroamericana, donde estuvo en varias ocasiones, las cuales aparecen difusas por ese perpetuo deambular y también ese entrar y salir de países, presentan una verdadera dificultad testimonial por la carencia de registros. En cada viaje su permanencia teje un mundo anecdótico que se confunde entre ficción y realidad. A Honduras llegó por su propia voluntad y también como expulsado.

En torno de la ficción o lo que puede ser una realidad, se afirma que en 1924, uno de los medios utilizados para ganarse la vida en el territorio hondureño, fue el de ejercer la función de predicador religioso, contratado por un gran propietario de ingenios azucareros para pacificar el espíritu alevoso de los trabajadores, los sábados y los domingos días de descanso. Ellos utilizaban este tiempo libre para emborracharse y en estado de embriaguez, en violentas riñas se mataban a puñaladas o a machetazos, en tal cantidad que afectaban la producción azucarera por el alto número de ausencias el día lunes, al iniciarse la semana.

En un periódico, denominado El Cofrade Trabajador, de edición mensual, órgano oficial de la Agremiación del Trabajo de los jornaleros de la caña de azúcar se hace alusión a un cura colombiano, que de manera abrupta apareció entre los trabajadores, incitándolos a la templanza y al buen juicio donde el trabajo y la vida ordenada son altos valores de la fe. El periódico llama a los trabajadores a estar atentos sobre los requerimientos del advenedizo. Luego en la séptima edición mensual correspondiente al mes de julio de 1925, hay un artículo que se refiere a la súbita desaparición del religioso mencionado. Finaliza diciendo que desapareció de la noche a la mañana como un fantasma (104).

La calificación que hace el órgano de los jornaleros azucareros del predicador, corresponde plenamente a los comportamientos de Porfirio Barba-Jacob por lo intespestivo e insólito. Todo parece indicar que el trabajo de predicador fue un pasaje real de su vida.

En lo que concierne a la realidad de sus presencias en Honduras se han encontrado artículos, crónicas y poemas publicados en distintos medios de prensa. En esta página reseñamos los nombres de los periódicos y los títulos de sus artículos están en  la bibliografía, obra periodística.

Obra periodística, Honduras: Revista Esfinge, Honduras, 1916, Revista Helios, Honduras, 1917, Revista Germinal, Honduras, 1917-1918, Revista Vida, Honduras, 1918, Revista Ateneo de Honduras, Honduras, 1915-1923, Revista Tegucigalpa, Honduras, 1934-1935, Revista Ariel, Honduras, 1925, Revista Atlántida, Honduras, 1925, Revista Los Sucesos, Honduras, 1920, Revista Nosotros, Honduras, 1920, Revista La Tribuna, Honduras, 1927, Periódico El Espectador, Honduras, 1932, Post-mortem, 1942

Lo que publicó en Honduras se caracteriza porque allí salió a la luz pública una buena parte de su obra poética, muchos poemas hoy inexistentes sea porque que los haya destruido o transformado en otro poema. Es el caso de los poemas que no figuran en la obra completa de Piedad Bonet, considerada por los especialistas como el mayor y mejor texto que recoge todo el conjunto de sus poemas. En esta dirección encontramos los siguientes: Erotismo, Lamentación valdía, Canción sin motivo, El triste amor, Primera canción de la soledad, Nuestra Señora de la Roca, Síntesis, El arte de morir, Canción del día fatigado, La honda de David, Meditación primera, La divina desnudez. Atrajo nuestra atención el Album que publicó Froylán Turcios, en la revista Ateneo de Honduras el 22 de junio de 1915, en el N° 21 donde aparecen tres poemas de Barba-Jacob, Arbol viejo, Al partir, y Cancioncilla. Hasta donde pudimos averiguar son textos desaparecidos.

En cuanto a los conocidos, el primero que figura es La canción de la vida profunda, publicada repetidas veces en distintos medios. Le sigue Elegía de septiembre, Contrición, Canción delirante, Canción de la soledad, El corazón rebozante, Canción de un azul imposible, Canción en la alegría, La hora suprema, Soberbia, Balada de la loca alegría, Mi vecina Carmen, El alma salvadoreña, Los niños y muchas otras.

En Honduras promovió seminarios, recitales, participó en conferencias, como de costumbre sobre diferentes temas, fundó tertulias literarias y otras actividades colaterales relacionadas con el arte: como exposiciones de pintura, presentaciones musicales, es decir, fue un motor de la vida artística e intelectual. Sobre lo anterior hay documentación en la Biblioteca de Tegucigalpa y en la ciudad de la Ceiba.

 

  ENTRE LEZAMA LIMA y WALT WHITMAN

 Las tesis absurdas del personaje diabólico

 

Porfirio Barba-Jacob resulta un personaje controvertido desde cualquier ángulo que se le mire o se le analice. En su obra poética y periodística encontramos abundante documentación, donde el poeta da muestras y pruebas de una colombianidad indiscutible. Sin embargo, en el diario vivir, hay igualmente pruebas que durante toda su juventud y hasta pasado los cuarenta años, no sólo odiaba a Colombia, sino que no se reconocía como un ciudadano de ese país. Más adelante citaremos a Jaramillo Meza, quien nos aporta pruebas contundentes en este sentido porque él fue su compatriota entrañable hasta el último momento de existencia de Barba-Jacob, y el único verdadero amigo de toda su vida. En términos de pertenencia se consideraba un apátrida. Hecho que lo llevó a subsumirse en una utopía política sublimadora considerádose ciudadano de América. El término del poeta tiene una acepción geográfica general, encierra América de sur a norte. Con esta actitud se engloba entre los grandes utopistas del continente. En cuanto a colombianidad se refiere, es demostrable en el hecho de que siempre estuvo atento en aprovechar las ocasiones para destacar las efemérides de sus mitos fundadores.

Es suficiente que nos detengamos en un solo ejemplo: el 7 de agosto de 1919, en El Heraldo de México, en un título a ocho columnas informa, “La América conmemora hoy el primer centenario de la batalla de Boyacá”, seguido de un subtítulo extremadamente largo “Tras una prodigiosa campaña, digna de uno de los más grandes capitanes del mundo, triunfó Bolívar en esa célebre acción, y de un golpe dio la libertad a Colombia e hizo posible las de Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia”. Citamos un breve aparte de su artículo que es muy largo, pues ocupa dos páginas, para formarnos una idea de lo que pensaba Barba-Jacob del sonado acontecimiento:

 

[…] El libertador fué grande en la concepción de su plan, brillante a ejecutarlo y heroico en cada uno de los episodios que aseguraron la efectividad de la idea primera. Comprendió bien los dos aspectos del problema: el militar y el moral; vió como el estado de los espíritus podía multiplicar los escasos recursos con que contaba en hombres y armas, y se lanzó a la empresa que apenas puede creerse por sus resultados. […] (105)

 

El que sería su entrañable amigo de toda la vida, lo calificó de personaje diabólico en el momento en que lo conoció en La Habana. A él le declaró que cuando era colombiano se llamaba Miguel Angel Osorio, pero su verdadero nombre ahora era el de Ricardo Arenales, mexicano y ciudadano de América. Que sea el propio Jaramillo Meza que nos lo diga:

 

Yo conocí a Barba-Jacob en Cuba, un día ya lejano de mis viajes de juventud. Una semana después de llegar a La Habana, con mi carga de ensueños y de canciones, una tarde, en el Parque Martí, mientras departía cordialmente con un joven poeta español, se me acercó un hombre alto, huesudo, desgarbado, regularmente vestido, con una mirada de alienista o de alienado, y mirándome fijamente me formuló tres preguntas, sobre mi nombre, mi país, y el rumbo de mi viaje. Le di mi nombre, le hablé de Colombia y le expuse en síntesis el objeto de mi visita a Cuba. Súbitamente, como un enajenado, estrechó fuertemente mi mano y me dijo: “Yo, cuando fui colombiano, me llamé Miguel Angel Osorio. Ahora, soy mexicano y ciudadano de América. Me llamo Ricardo Arenales.[…] […]aquel hombre de extrañas nerviosidades sustentó ante mis oídos absortos las más tremendas tesis filosóficas, sociales y literarias. Para terminar me dijo, adoptando una actitud solemne de pontífice, y con rabiosa voz: “Amigo mío, para ser hombre, pero en toda su plenitud, son necesarias dos cosas, imperativas: odiar la Patria y aborrecer la Madre”. Y no sólo esa vez, sino muchas otras, me quedé atónito, por decirlo así, ante las teorías deconcertantes, ante las tesis absurdas de aquel personaje diabólico. (106)

 

Barba-Jacob era la antítesis de la tabla valorativa vigente en la sociedad de su tiempo. Socialmente fue un modernista por la actitud que asumió frente a la concepción intelectual y estética sostenida por los valores tradicionales. Esto que sorprende, que anonada a Jaramillo Meza, es el elemento que lo atrae, que lo cautiva, como un imán para relacionarse con el poeta transgresor de las normativas existentes. Su pensamiento correspondía a la ruptura en los planos sociales, culturales y políticos. En la isla cubana quedó demostrada esta afirmación, cuando la policía de Machado encarceló a Julio Antonio Mella y a dirigentes obreros acusados de sabotaje. Los intelectuales se pronunciaron contra el encarcelamiento y ahí aparece la firma de Barba-Jacob junto a periodistas y poetas. En este sentido reproducimos un párrafo de unos de sus biográfos:

 

[…] Dieciocho días después, ante la presión popular, Machado se vio forzado a ponerlo en libertad, cuando el joven ya estaba a un paso de la muerte. Queda una “Carta abierta contra el encarcelamiento de Mella” publicada por el periódico El Día, el trece de diciembre y dirigida a Machado por una veintena de periodistas y escritores que encabezaba Varona y entre los que figuraban Barba Jacob y sus amigos Juan Antiga, Juan Marinello, José Tallet, Enrique Serpa, Eduardo Avilés Ramírez, José A. Fernández de Castro, Rubén Martínez Villena, José Manuel Acosta y Gustavo Aldereguía. […]. (107)

 

Las tragedias parecen que no producían ningún efecto en la personalidad del ex-reo, el que se mostraba siempre como un acero templado ante la adversidad, porque retornó a Cuba en 1930 para hacer poesía y escribir en sus diarios. En una de esas entradas y salidas de la Isla, como lo anotamos en otro aparte de este trabajo, muchos años después de que conociera a Juan B. Jaramillo Meza, volvió a La Habana. En esta ocasión conoció a los jóvenes talentos cubanos, como Rubén Martínez Villena, Raúl Roa, José Tallet, Alberto Rieira, José Manuel Valdés Rodríguez, Fernando Ortiz y otros. Su presencia en Cuba en esta oportunidad resulta muy significativa para la historia de la poesía lainoamericana. En ese entonces se encontraba en la ciudad Federico García Lorca, ambos se conocieron casi de inmediato estableciendo una estrecha relación literaria y personal. En el mundo de la bohemia se les veía siempre juntos de bar en bar, y en todas las actividades artísticas y culturales de alguna significación que se realizaban en La Habana. Es célebre la recitación de Barba-Jacob en el homenaje de despedida, que le hiciera la intelectualidad cubana a Federico García Lorca y a Adolfo Salazar, donde prácticamente lo que quedó en la memoria de los asistentes fue la intervención del poeta que causó delirios, y no la voz lírica de Federico García Lorca. Raúl Roa que estuvo presente nos la describe:

 

[…] Alguien le pidió entonces a Barba-Jacob que dijera uno de sus versos. Y, como transfigurado, empezaron a fluirle poema tras poema, tal centelleante cascada de piedras preciosas. A medida que se fue apoderando del auditorium, se “volvió deslumbrador y escénico como el caballo de un emperador en una parada militar”. […]

 

[…] Sobre la salva de aplausos aún flotaban, como un maleficio, las estrofas de “Canción de la Noche Diamantina”.[…]

 

[…] El amanecer sorprendería a Federico García Lorca y a Porfirio Barba-Jacob, cantando locas canciones, a la vera de los muelles dormidos. […] (108)

 

Este viaje se convirtió en una fuente de anecdotarios como su coquetería manifiesta del diente que fulgía de día y se convertía en la noche en un pedazo de carbón. Como de costumbre vivía en lo paupérrimo, en una pieza oscura y dormía en una cama chirriadora. Hasta allí llegaban sus amigos habaneros en tropeles llamándolo “el poeta jitanjaforero”, porque cuando los recibía, siempre comenzaba a recitarles o a leerles un poema que empezaba por una jitanjáfora que era el deleite de la juventud cubana que se encontraba en plena onda de la poesía vanguardista. Entonces se le oía decir: …Catle-catlellas, tilín-tilán-tilacias catlellas-catle tilacias tilán tilín-catle. En sus viajes a Cuba escribió en muchos medios de prensa. De nuestra  parte pudimos  comprobar que escribió en El Fíga-

ro, en la revista Chic y también en El Heraldo Negro, periódico de Eduardo Avilés, estimado amigo del poeta y a quien le dedicara el poema La dama de los cabellos ardientes. Las referencias encontradas están en el apéndice.

 

 Obra periodística en Cuba: Revista El Fígaro, Cuba, 1915, Revista Chic, Cuba, 1925-1926, El Heraldo negro, Cuba -1930

 

 

REFERENCIAS

 

 

96) HOLGUIN, Andrés, “Porfirio Barba-Jacob y el romanticismo”, in Revista del Centenario de Porfirio Barba-Jacob, N° 1, op. cit., pp. 41-51.

97) El encuentro de Rafael Arévalo Martínez con Porfirio Barba Jacob ha hecho correr la tinta de varias generaciones. La literatura en el mal sentido de la palabra (el que acuñó Darío, a partir de un nuevo verso de Verlaine) anda metida en el asunto. Razón de más para interrogar de nuevo este acontecimiento que posee, con todo, el valor de una fábula.

El meollo de esta fabulación lo constituye la relación de Porfirio Barba Jacob con “El hombre que parecía un caballo”, el cuento que le dio celebridad a Arévalo Martínez. La sola mención de esta obra provoca, casi como un acto reflejo, la referencia al poeta colombiano, modelo del protagonista negativo, el señor de Aretal. Esta asociación, aunque justificada, es responsable de algunas incongruencias.

La primera consiste en suponer que el retrato del colombiano forma parte del valor estético de la obra. Nadie ha sostenido directamente la relación entre una y otra cosa. Ahora bien, nadie, tampoco, ha examinado su incompatibilidad evidente. En efecto, para ser lo que es, el cuento no necesita del escolio sensacionalista. Sin embargo, la seducción que ejercen la obra y la vida de Barba Jacob impulsan, cuando se conoce a éste y desconoce a Arévalo Martínez (cosa excusable, cuando uno no es guatemalteco) a revisar el cuento para encontrar en él algo (o mucho) del poeta colombiano. […], MEJIA, José, “Para olvidar a Porfirio Barba Jacob en ‘El hombre que parecía un caballo’” de Rafael Arévalo Martínez, in El hombre que parecía un caballo y otros cuentos, AREVALO MARTINEZ, Rafael, Ediciones UNESCO, Madrid: 1997, pp. 338-339.

98) ASTURIAS, Miguel Angel, “Barba Jacob el hechizado”, in El Imparcial, Guatemala: 6 de junio de 1969.

99) BARBA JACOB, Porfirio, “La divina tragedia”, in Obras Completas, op. cit., p. 371.

100) CEREZO DARDON, Hugo, Porfirio Barba-Jacob en Guatemala y en el recuerdo, op. cit., p. 127.

101) Anónimo, EL Cofrade Trabajdor, N° 7, “Un fantasma que llega, un fantasma que desaparece”, La Ceiba: julio 1925, pp. 5-6.

102) BARBA-JACOB, Porfirio, “La América conmemora hoy el centenario de Boyacá”, in Diario El Heraldo, México: 7 de agosto de 1919.

103) JARAMILLO MEZA, Juan B., Vida de Porfirio Barba Jacob, op. cit., pp. 70-71.

104) VALLEJO Fernando, el mensajero – biografía, op. cit., p. 262.

105) ROA, Raúl, “Barba-Jacob visto por Raúl Roa parecía un caballo”, in Revista del Centenario de Porfirio Barba-Jacob, N° 1, Santa Rosa de Osos: abril 1983, pp. 77-84.

106) […]… Las peripecias de mi existencia son incontables. En general puedo decir que no debo quejarme de la suerte por lo que se refiere a la salud, pero sí  por lo que se refiere a la fortuna. Durante siete años estuve trabajando en México con todas las energías que Dios me dio y logré crearme una buena posición, abrirme créditos y hacer muy buenas amistades; pero vino después la guerra y yo, metido en el torbellino de la política, tuve que correr la suerte del país. Al triunfar la revolución de Carranza y Villa, y después de año y medio de agitación y de peligro, tuve que salir huyendo para Guatemala. No necesito decirte que en la fuga perdí todo lo que tenía, es decir, mis libros, que eran más de cinco mil, que me habían costado tantísimo dinero y que representaban mi tesoro. En Guatemala me fue mal, pues apenas pude ganar con qué atender mis necesidades, y determiné venirme para La Habana. En esa ciudad permanecí varios meses, trabajando con mediano éxito. Me agasajaron mucho, me dijieron “ilustre” en todos los periódicos, y me hubieran puesto en un trono si yo me hubiera ayudado; pero en materia de dinero no andaba muy bien la cosa, y como esto tiene tanta importancia en la vida, yo determiné venirme a Nueva York., BARBA-JACOB, Porfirio, in Obras completas, op. cit., Carta dirigida a la señora María del Rosario Osorio de Cadavid a Angostura, desde New York, pp. 394-395.

107) BARBA-JACOB, Porfirio, in Obras completas, op. cit., Carta dirigida a Salarcito desde San Antonio de Texas, el 10 de marzo de 1920, pp. 388-389.

108) BARBA-JACOB, Porfirio, in Obras completas, op. cit., Carta dirigida a la señora María del Rosario Osorio de Cadavid a Angotura (Antioquia), desde New York, pp. 395-396.

109) MORA NARANJO, Alfonso, “Mi maestro‚ ‘era una llama al viento’”, in Obras completas, op. cit., pp. 116-158.

 

                                      SUITE : Porfirio Barba Jacob, sus pasos por Estados Unidos, suite 6


Par VERICUETOS - Publié dans : ESSAIS
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Jeudi 26 avril 2012 4 26 /04 /Avr /2012 16:22

Sus pasos por Estados Unidos 

 

Ya en tiempo de Barba-Jacob, los Estados Unidos, era para algunos latinoamericanos la tierra de El Dorado, y Barba-Jacob no escapó a este sueño. Estando en México creía firmemente que en New York se encontraba el cuartel general de todos sus proyectos y ambiciones. Consignamos en pie de página un pasaje que ilustra en parte esta apreciación (109).En marzo de 1920 se encontraba ya en tierras norteamericanas, concretamente en la ciudad de San Antonio de Texas, donde permaneció por algún tiempo y donde pudimos establecer plenas pruebas de su presencia en ese lugar, como son los artículos que escribió en la prensa local en lengua española, y otros documentos. En el lugar pronunció una conferencia sobre la vida y obra de Walt Whitman, hizo varios recitales poéticos, no obstante que su estadía fue de tránsito, porque su destino final era New York. Esto consta en una carta escrita por Porfirio Barba-Jacob:

 

“Querido Salarcito: Dentro de tres o cuatro días a más tardar salgo para New York, a reunirme con Rafael Heliodoro Valle, Guillén Zelaya el admirable, y otros muchachos. Vamos a hacer vida, arte, estudio, dinero y bohemia.

 

“Yo he hecho aquí en este hotel la obra que más me satisface, y he comprendido verdaderamente cuántas canteras hay en mí que no han sido trabajadas: verá mi “Pórtico”: es otro; tiene mil matices y un orden enteramante nuevos. Y así otras cosas.

 

“Por otra parte, ya voy teniendo conciencia de que yo debo extenderme hacia el resto de América y hacia España; pues bien, para ello necesitaba una tribuna y la colaboración afectuosa y entusiasta de algunos amigos míos de espíritu superior.

 

“Mi dirección en la Urbe tentacular es la siguiente: 525 West, 135 th St., Apt. 52, New York. Le ruego la tenga presente para que me escriba; y le ruego que pase por «Cultura» y les dé, de mi parte, un saludo afectuoso y mi nueva dirección. No…se…le…ol…vi…de…

 

“Salarcito, su alegría y su modo lírico y serio de ver la vida (¡más equivocado que el diablo, pero con un talento y un corazón!), su fe, su comprensión, me hacen falta. Prepárese para ir a Nueva York: lo acogeremos y lo ayudaremos a vivir.

 

“De su artículo nada tiene qué decirme: allá se lo daré a Rafael Heliodoro, quien como usted sabe, deja este mes su misión oficial y se radica en Nueva York.

 

“Adiós, amigo; un poco más lejos geográficamente; pero siempre en el primer puesto en mi corazón entre mis amigos: (110) 

 

Sobre su radicación en Nueva York no es lo suficientemente clara debido a que se afirma que entre 1908 y 1916 estuvo en dos oportunidades. Sobre este tópico Juan B. Jaramillo Meza lo ratifica, inclusive afirma que vivía confortablemente en un inmueble denominado Cabanagh, en el apartamento marcado con el número cinco en el tercer piso, ganándose la vida de manera correcta, escribiendo en los periódicos que se publicaban en español. El viaje de 1916 es completamente cierto. Nosotros encontramos una carta que confirma plenamente su presencia en Nueva York, dirigida a la señora María del Rosario Osorio de Cadavid, donde le cuenta asuntos personales, entre los cuales se incluye su trabajo en un periódico en lengua española, con un salario de holgura. Transcribimos un breve párrafo de dicha misiva:

 

[…] Yo estoy escribiendo en un periódico que se publica en español, donde no me pagan sino doscientos dólares al mes. Vivo bien pero no estoy contento; y si no logro mejorar, es posible que me vaya a vivir en la Ceiba, una ciudad pequeña en la costa norte de Honduras, donde me ofrecen buenas condiciones...[…] (111)

 

Sobre el segundo viaje existe una prueba que merece credibilidad. El poema de las dádivas está dedicado al poeta José de J. Núñez y Rodríguez, con letra del poeta, donde se lee Estados Unidos, enero de 1912. Un hondureño habla que conoció a Porfirio Barba-Jacob cuando vivía en la Biblioteca de Nueva York, buscamos en dicho establecimiento, pero nos resultó imposible acceder a muchos documentos. Sobre esto no pudimos establecer nada en dicha biblioteca. Existe una documentación entre las que se encuentran muchas cartas de Barba-Jacob, dirigidas a Alfonso Mora Naranjo, alumno de Miguel Angel Osorio, cuando era maestro de escuela en Angostura. En una de esas misivas le cuenta que ha decidido radicarse definitivamente en Honduras, espera comprar una finca y donde tiene ya una imprenta. Tiene entre sus objetivos traerse los libros de México y de Estados Unidos. En esa misma carta le cuenta que vivió en la Biblioteca de NuevaYork. Transcribimos un aparte sobre el tema:

 

[…] En Nueva York viví varios meses en la biblioteca. La biblioteca de Nueva York tiene algo más de nueve millones de volúmenes. Allí hice un curso muy completo de geografía antigua, en el Atlas de hierarchicus, de Karl Streit, ayudándome con infinidad de obras. Volví a mis estudios sobre la evolución de Europa, que los había dejado en el siglo IV (Obras de Gastón Boissiere). Le recomiendo el magnífico libro de Dichl titulado Justinien et la civilization bysantini au VI siècle.[…] (112)

 

Continúa dando una ampia bibliografía sobre la historia de Europa y también sobre filosofía, debido a que tiene en sus proyectos escribir su obra fundamental titulada La filosofía del lujo. Sobre este presunto texto Barba-Jacob ha hecho muchas referencias en charlas con amigos en Guatemala, Cuba y México. Hay quienes afirman que poseen escritos parciales. Nosotros no pudimos establecer ninguna prueba. En cuanto a la carta que venimos tratando, está incluida en página 142 de sus Obras completas.

La presencia que nosotros establecimos la hizo en el peor momento en cuanto al clima corresponde, en invierno neoyorkino. Colombia es un país ecuatorial donde prácticamente son inexistentes las estaciones; allí cada persona vive en el clima que le agrade. Existe el calor hasta cuarenta y seis grados en las planicies del Magdalena, y el frío menos catorce, en los picos de la cordillera de los Andes con las nieves perpetuas. La tierra del poeta corresponde a una temperatura estable entre diecinueve y veintidós grados. En general el frío es insoportable para los colombianos, fue por esto que Nueva York le incomodó desde su llegada. Vivía en el n° 525 West, 135th st., apt. 52. Su estadía en la ciudad se debió más por motivos de amistad que por asuntos de dinero. En ese momento se encontraban viviendo en Nueva York, muchos de sus amigos, entre ellos Guillén Zelaya y Rafael Heliodoro Valle. Al tercer día de su llegada empezó a escribir en los dos periódicos que se publicaban en ese momento en Nueva York y luego lo haría para otros diarios, en distintos lugares del territorrio norteamericano.

En cuanto a su economía personal era floresciente; además de ser bien pagado por sus trabajos de prensa tenía como respaldo a un millonario que convenció para que se convirtiera en promotor de la poesía, de nombre Archer Huntington, a quien se dice le vendió por sumas considerables uno a uno los originales de sus poemas y los borradores de las conferencias que dio sobre poetas norteamericanos y de habla inglesa, y como era habitual organizó veladas literarias, esta vez bilingüe, inglés-español, patrocinadas por el filántropo. La ciudad de Nueva York fue muy generosa en todos los sentidos con el poeta, pero un día desapareció como un fantasma sin dejar una huella de las causas que motivaron su partida ni fechas ni medios utilizados. En cuanto a sus escritos periodísticos, sólo hallamos registros en El Imparcial de San Antonio de Texas, los cuales remitimos a la la bibliografía, obra periodística.

 

Obra periodística en EE.UU.:

Periódico El Imparcial, EE.UU., 1920-1921

 

POR UNA RUTA FRUSTRADA SABOREANDO LA NOSTALGIA, huracanado en Perú

 

Barba-Jacob ingresó a Lima de paso para Buenos Aires, Santiago y Montevideo, atraído por las grandes ciudades sudamericanas y por sus intelectuales como Lugones, Mistral, Rodó y Chocano (113). Llegó al Perú en una mañana de 1926 por el puerto de Callao. El poeta que conocía el valor de su pluma al servicio o en contra de los mandatarios, la usó en esta oportunidad una vez más, correspondiéndole ponerse del lado del Presidente Augusto Bernardino Leguía; calificado por sus opositores políticos como dictador. Trabajó a su servicio en el periódico La Prensa, de propiedad del Presidente, firmando artículos adulatorios con seudónimos, entre los que figura “Junius”. Barba-Jacob modificó la presentación y contenidos del diario, logrando triplicar su circulación. Por el éxito en La Prensa y por las salemas hechas al Presidente, éste lo invitaba con regularidad al Palacio presidencial, y lo albergó en el barrio más prestigioso de Lima, con un sueldo igual al de los más altos empleados de su gobierno, dinero que le permitía llevar una vida suntuosa. La situación de holgura se terminó a causa de que el Presidente le solicitó al poeta hacerle su biografía. Los términos que le propuso Barba-Jacob lo indignaron. Tal fue su furia que lo expulsó del país, según nos lo cuenta Rafael Delgado Ocampo, joven nicaragüense de la ciudad de León e hijo adoptivo del poeta (114):

Estando Barba-Jacob en Lima, se encontraba detenido José Santos Chocano por haber dado muerte al ingeniero Edwin Elmore. El poeta colombiano lo visitaba asiduamente, sosteniendo largas charlas sobre estética y también sobre las actividades que Barba-Jacob realizaba en Lima, distintas a su trabajo periodístico. Los recitales poéticos, como era habitual y ritual en las diferentes partes que llegaba, sólo cambiaron en Lima porque los llevó a efecto en lugares del más alto prestigo intelectual y social, y con la participación de los mejores poetas de la ciudad. Por primera vez la empresa de recital y conferencia fue delegada a personalidades de alta prestancia social. El organizador cursaba selectas invitaciones, empezando por el cuerpo diplomático y se hacía saber que era indispensable la etiqueta como en los conciertos de categoría, siendo evidente que el invitado debía pagar su entrada.(115) Fueron muy pocos los documentos periodísticos que  encontramos en  el Diario La Prensa, los cuales  aparecen en la

bibliografía en su obra periodística.

 

Obra periodística en Perú: Periódico La Prensa, Perú

 

Apenas con una maleta hecha de poemas regresó a Colombia

 

Expulsado del Perú el 12 de abril de 1927 regresa a Colombia por el puerto de Buenaventura. En Cali trabaja en El Relator de propiedad de la familia Zawadsky, que era un periódico de gran tiraje y en el medio de la prensa pertenecía a lo que en Colombia se califica de periódico progresista. Barba-Jacob se enemista con los Zawadsky porque no le concedieron un anticipo sobre unas crónicas que el poeta proyectaba realizar acerca de la arquitectura de la ciudad. Su ímpetu de fundador de publicaciones seguía vigoroso como siempre. Funda el periódico La Vanguardia que tuvo apenas escasos quince días de existencia, alcanzando un tiraje de dos mil ochocientos cincuenta ejemplares. Sobre este hecho existen varias reseñas en la Hemeroteca de Cali y también la registran sus biógrafos.

El 28 de abril de 1927 se encontraba en Manizales visitando a Juan Bautista Jaramillo Meza; en esta ciudad dio un recital poético en el Círculo del Comercio del cual se conserva una invitación, y dictó una conferencia en la Universidad de Manizales en su aula magna. En su recuerdo queda una placa en la institución educativa. Las personalidades locales en política, industria, comercio y cultura  asistieron a los dos actos. De esto hay registros en los periódicos locales y sus biógrafos dan cuenta de ello.

Llegó a Bogotá el 2 de agosto de 1927. El Tiempo y El Espectador, los dos periódicos de mayor circulación en Colombia, registraron su llegada con fotografías, hablaron de su poesía y sus viajes. Lo entrevistaron donde habló de mil historias, y El Espectador lo contrató como jefe de redacción y editorialista de la columna “Día a día” (116)

Lino Gil Jaramillo, persona de solvencia intelectual, escribió un libro, El hombre y la máscara, donde se detalla el paso laboral de Barba-Jacob por El Espectador. Quiso el poeta repetir sus éxitos de tiraje como lo había hecho en México con las historias del Palacio de la Nunciatura, y se inventó un duende que embrujaba a una niña del barrio San Diego, firmando las crónicas con el seudónimo Juan sin Miedo. El Espectador, un periódico de reputación por su veracidad despidió al ingenioso jefe de redacción.

En El Espectador existe un registro del 2 de enero de 1928, donde habla de sus proyectos literarios. Empieza por el comentario de una novela que según él, es la vida de su niñez y que la intulará El viaje a Sopetrán. En poesía anuncia dos libros, el primero tendrá el título La vida profunda, y el segundo dice que todavía no le ha hecho la escogencia. Al parecer éstos fueron los que se publicaron, el uno en Guatemala con el título de Rosas Negras, y el otro en México, Canciones y Elegías.

A Bogotá llegó acompañado de un joven nicaraguense, Rafael Delgado Ocampo, a quien conociera en Nicaragua en una situación de postración económica y sin familia. Decidió entonces que fuera su hijo adoptivo. A partir de ese momento, Rafael  fue el testigo ocular de todas las peripecias que enfrentaba el poeta para ganarse la vida. Por él sabemos que en los pueblos salían cabalgatas a recibirlos a la entrada de las poblaciones como ocurrió en Buga, Sevilla, Tuluá, Cartago y otros, pues era considerado un viajero ilustre. Esta costumbre fue tradicional en Colombia mientras existió el transporte a lomo de equino, hábito desarollado en la Colonia desde tiempos del escritor Pedro Solís y Valenzuela, en el siglo XVI, confirmada en el siglo XVII por José Celestino Mutis y en el siglo XVIII por el barón de Humboldt, quien la describe de una manera detallada y rica literariamente.

Rafael cuenta que cuando el poeta era jefe de redacción en El Espectador de Bogotá, alquilaron un apartamento en la Plaza de las Aguas y lo amueblaron, donde se incluía la máquina de escribir más costosa que había en el mercado. Todo les duró una semana porque los infractores de la ley, mejor conocidos en el lenguaje popular de los bogotanos, como “apartamenteros”, por su destreza en abrir con llaves que ellos mismos hacen, denominadas “ganzúas”, la chapa más segura de cualquier portón, ventana o puerta, sustrajeron todas las pertenencias de los dos inquilinos y la noche del descubrimiento del robo durmieron en el piso arrropados con las hojas de los periódicos en el que escribía Barba-Jacob.

Su existencia en la capital, en todos los planos que la vida cómoda exige, se encontraba satisfecha, fuese en el plano material o intelectual. Por ello es inexplicable el que súbitamente se inventara un viaje con destino a Caracas. De regreso a Bogotá, proveniente de Cúcuta donde se frustó la entrada a Venezuela porque el Presidente Juan Vicente Gómez, manifestó que no quería verlo ni en pintura, pues nunca olvidó los artículos más corrosivos que periodista alguno, haya escrito contra su persona, y también contra su gobierno en la prensa extranjera, todos ellos de autoría de Barba-Jacob; dio el mejor y el más grande recital en Colombia, en el teatro Colón que es el equivalente por prestigio, al teatro de la Opera de París, guardadas las proporciones. Lo presentó el poeta Rafael Maya en un apoteósico discurso escrito con días de antelación, el cual se encuentra en el libro que le dedicara al poeta, titulado Alabanzas del hombre y de la tierra.

Barba-Jacob hizo una exposición improvisada calificada de brillante, desde el palco donde  se  encontraba  en compañía  de los  poetas, el maestro Guillermo

 

Valencia, el más famoso en ese momento en Colombia, y Carlos López. Una semblanza de este evento se encuentra en el libro La danza de las sombras, del escritor boliviano Alcides Arguedas.

En Bogotá estuvo gravemente enfermo por motivo de una afección pulmonar de carácter endémica. Pasó varias semanas recluido en el hospital San José donde fue visitado por sus amigos incluido Fidel Cano, director de El Espectador. Su hermana estuvo presente y le sugirió llevarle un cura para su confesión, hecho que Barba-Jacob rehuzó violentamente de palabra y prácticamente de obra, porque la hizo salir instantáneamente de su pieza de enfermo. Mercedes volvió al día siguiente en forma prudente y se excusó. Iba en compañía de su hija Alcira la que jocosamente molestaba a su tío por su incredulidad, diciéndole que el diablo se lo llevaría para el infierno (117).

En cuanto a su obra periodística, de sus trabajos en El Espectador, en la columna “Día a Día”; igualmente toda su labor de modificación de la presentación del diario, como las distintas crónicas y artículos que firmó con seudónimos distintos a Barba-Jacob, de ellos no pudimos encontrar absolutamente nada, debido a que los periódicos liberales, entre los que se encontraba El Espectador, fueron incenciados y sus archivos desaparecieron entre las llamas; bajo el gobierno conservador de Laureano Gómez, en los años 50 del siglo pasado. El citado periódico era el vocero de la ideología liberal, motivo que impulsó a Laureano Gómez para hacerlo incendiar.

 

Medellín, reviviendo la melancolía

 

El 23 de agosto de 1928 llegó a Medellín, capital de su departamento; en tren procedente de un pueblito cercano, donde se había detenido para visitar a una familiar, Copacabana. A Copacabana había llegado de puerto Berrío; y a éste, por el río Magdalena proveniente de Bogotá. La prensa local reseñó el hecho con letras de alborozo. El poeta en su suelo no hizo nada distinto de lo que había hecho en todas partes. Concedió entrevistas a los periódicos, habló por las emisoras, hizo recitales, dictó conferencias y las interminables charlas de cafés y bares. Una de las conferencias fue dictada en la Universidad de Antioquia en el aula máxima con una variedad de temas: “El significado del dolor religioso en el cuerpo de los místicos”, “El comunismo frente al individualismo”, “Lo estable y lo pasajero en la poesía”, “Las distintas escuelas poéticas” y “La importancia de la moral en los jóvenes”. Esta última, de acuerdo a las distintas opiniones que hablan de ella, fue la menos afortunada del ciclo dictado.

En el Club Unión hizo un recital por el cual le pagaron el equivalente a ochocientos dólares, y fue muy aplaudido por la concurrencia a la cual se negó satisfacer cuando le pidió que leyera su última composición poética (118).

En el teatro Bolívar, el de mayor prestigio en su tiempo hizo otro recital, que fue todo un éxito en materia de asistencia y satisfacción del público. Pecuniariamente superior al anterior, porque le pagaron mejor. Se equiparon de todas las cosas que le hacían falta y se compró la máquina de escribir la de mayor calidad que había en los almacenes de Medellín, según lo cuenta Rafael Delgado Ocampo.

Dejaron Colombia por el puerto de Buenaventura, el mismo por donde habían entrado, un martes, como ese primer martes de puerto Colombia en Barranquilla, cuando se embarcó con destino a tierras desconocidas. El almanaque estaba fechado con el número seis del mes de mayo del año 1930. Abordaron un buque que se llamaba El Cali, y zarpaba con  rumbo a la ciudad de Balboa en Panamá. Fue una partida sin retorno en  vida, pues regresó  muerto, en sus cenizas, mucho tiempo después. En Colombia Barba-Jacob escribió abundantemente en diversos medios y en distintas ciudades. Lo que hallamos es bien poco si se tiene en cuenta todo lo que produjo para los medios de prensa. Ello aparece en la bibliografía, obra periodística.

 

Obra Periodística en Colombia: Periódico El Espectador, Bogotá, Post-mortem

Polifacético como sus tragedias, Crítico literario

 

Barba-Jacob en el campo de la literatura se posesionó como crítico literario, actividad que ejerció fundamentalmente en su forma oral, haciendo de esta tarea un medio de promulgar la cultura a través de las conferencias que dictó sobre poetas latinoamericanos como Rubén Darío, Guillermo León Valencia y otros, poetas de habla inglesa como Walt Whitman, George Byron, entre los franceses se encuentra Charles Baudelaire. Hay variados registros en que se alude a su trabajo de conferencista. El poeta en sus intervenciones, para resaltar el dominio sobre el tema, nunca leyó nada, la improvisación era su norma, leía de reojo breves notas contenidas en una hoja que discretamente colocaba sobre el mueble del estrado. Costumbre con la cual privó a su memoria de registros escritos. Un segundo objetivo de su papel de crítico oral era un medio para conseguir ingresos. En la forma escrita son muy pocos los documentos que logramos encontrar. Uno que resulta interesante sobre un novelista, curiosamente lo publicó en una revista de poesía, el que ha sido reproducido por la Revista del Centenario de Porfirio Barba-Jacob N°2.

Al escritor a quien le hace un análisis de su obra en la revista de poesía, es a Tomás Carrasquilla, quien es considerado uno de los escritores fundadores del género denominado costumbrista en América Latina. Sus dos más grandes obras de Carrasquilla se titulan Frutos de mi tierra y La Marqueza de Yolombó. La Marqueza de Yolombó tiene como tema la vida de la provincia colombina a finales del siglo XVIII, donde se condensan el suceder lento de la vida pastoril, realismo de sociabilidad, el trabajo y vida administrativa. En cuanto a Frutos de mi tierra, Barba-Jacob discurre:

 

[…] Cuando surge Carrasquilla en nuestros análisis literarios, no sólo no existe la novela como expresión regular y constante del alma, de las costumbres y del paisaje, de Colombia, sino que se ha perdido la tradición de los cuadros de costumbre, que dieron carácter propio a nuestra literatura de mediados del siglo pasado. Es cierto que para entonces contamos ya con dos obras de altísimo aliento; pero así el panorama de vida real que se retrata en “Manuela” como el idilio de Efraín y María representan esfuerzos aislados en el tiempo y en el espacio, el autor de “Frutos de mi Tierra” da con el filón que aquellos grandes maestros habían señalado y que el olvido recubría: recoge lo mejor de la tradición realista y de la tradición romática: depura y vivifica el estilo: crea tipos vigorosos en cuyas sienes se hace sensible un impluso vital propio, y desde que aparece su primera narración extensa… (119)

 

En 1921, en México, un escritor amigo de Barba-Jacob fue nombrado Ministro de Educación, el cual estando en ejercicio de su cargo publicó un libro con el título Estudios Indostánicos. Como el texto no era propiamente literario, el poeta aclara este aspecto para luego entrar a referirse a la temática que es desde el punto de vista del género un ensayo etnológico, sobre las mezclas que por razones geográficas o migraciones, se producen en las distintas colectividades humanas. Al respecto escribe:

 

Cuando un hombre de ideas escribe un libro, ya sea novela, colección de ensayos o narración histórica, el tema o la tesis se desborda con frecuencia y las ideas del autor brotan apesar de las limitaciones del orden expositivo y de la forma exigente. Algo semejante pasa con la obra publicada últimamente por el jefe de Educación Pública en México.[…]

[…] Esta hipótesis es optimista en cierta forma para nuestras Repúblicas indo-españolas, y se funda en los fenómenos históricos que presidieron a la fundación de las civilizaciones indostánicas y helena. En la India, los sabios invasores de piel blanca se mezclaron con los dravidios de piel oscura, transformando el animismo primitivo de los aborígenes y el antropoformismo rudo de los invasores, «en el suntuoso y soberano pensamiento de los indostanos». En Grecia  los arios puros encontraron la región poblada con elementos étnicos mixtos, aportando a la nueva civilización su parte de energía primitiva, creando por la mezcla el milagro griego. En España la mezcla de los godos y vándalos del Norte con los moriscos del Sur, en Italia los bárbaros con el residuo de la antigua latinidad, en Francia  los francos, los germanos, y los normandos hiperbóreos con los galos,[…] (120)

 

En el análisis que hace de la obra Barba-Jacob omite el nombre del autor, lo llama simplemente “jefe de la educación pública”. Ignoramos las razones que tuvo el poeta para proceder así. El autor de la obra es el escritor José Vasconcelos, bastante prolífero en materia de escritura quien escribió varias obras de teatro entre las que se encuentra una muy conocida Prometeo vencedor. Memorias: La tormenta, El desastre y una que ha logrado notoriedad ha sido Ulises criollo. Obras filosóficas, sociológicas y de crítica literaria. En México es una personalidad histórica.

Con motivo del Congreso de Escritores y Artistas realizado en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, donde habló el escritor Luis Rodríguez en representación del gobierno, Waldo Frank, en nombre de los escritores norteamericanos y Nicolás Guillén a título de la poesía negra. Barba-Jacob reseñó el acto en el editorial del vespertino Ultimas Noticias, con el subtítulo habital “Perifonemas”. También escribió expresando sus criterios sobre lo que es una obra de arte, en el que destaca que es un acto profundamente individual y solitario. A este respecto sostiene:

 

[…] La producción de una obra de arte verdadero es un fenómeno individual, irreductible a toda intención gregaria. En la concepción y en la ejecución de una estatua de Miguel Angel, de un cuadro de Leonardo, de una sonata de Beethoven, de una canción de Goethe, de un drama de Shakespeare, de una novela ejemplar de Cervantes, interviene una multiplicidad de milagros que provienen de la naturaleza íntima y exclusiva del artista, que ninguna ciencia puede mensurar ni calificar en ninguna de sus dimensiones, ni de orden físico ni de orden espiritual, y esos milagros ni los estimula ni los favorece lo gregario, ni se efectúan conforme a normas y prescripciones y teorías y sistemas políticos. De ahí el fracaso de todas las escuelas de arte, que no adquieren significación sino el resplandor de la figura en cuyo alrededor se formaron y languidecieron.

Pero la obra de arte individual es el prodigio de la inteligencia y la sensibilidad del hombre, una vez creada pertenece por igual a todos los hombres, en la proporción y medida en que ellos, contemplándola –según su sensibilidad, su intuición, su sentido de lo real o de lo ideal, su cultura y entusiasmo–[…] (121)

 

En la anterior cita el pensamiento de Barba-Jacob se mueve en los planos puramente filosóficos en cuanto a teorías de la estética. A comienzos de 1919 se inician en la Unión Soviética enconados debates sobre el problema del arte y la cultura. Se enfrentaban diferentes concepciones desde el ángulo revolucionario, fue un periodo de discusión muy rico en planteamientos teóricos que se cerró desafortunadamente con el ascenso de José Stalin al gobierno soviético. Ejerciendo un poder omnímodo hizo sentir su absoluta voluntad en todos los campos, empezando por el de la política y terminando con el del arte. El interpretó los  fenómenos  artísticos  a través del  prisma  ideológico y político de los que creía que eran los intereses del partido y los intereses del pueblo. En razón de esto elaboró una teoría que la experiencia de los años demostró su subjetividad, puesto que no pudo confirmarse dentro de los marcos de la estética. A esto es a lo que se refiere el poeta en su análisis. Hoy nos parece asunto obvio.En esa época el ambiente polémico entre los enfoques de los dos opuestos, individual y colectivo, no eran tan diáfanos como lo son hoy a la luz de la polémica filosófica y ante los resultados de la historia.

Otro aspecto concerniente a lo literario son las reseñas de libros, presencia de escritores que llegaban a la ciudad de México y efemérides de escritores o de obras literarias. Nos detenemos únicamente en esta última porque en ella el poeta discierne sobre el autor de la novela María, la cual según la mayoría de los especialistas en el género, la consideran hoy que es la novela romántica por excelencia de latinoamérica. Barba-Jacob posiblemente fue el primero en considerarla dentro del género romántico, la califica como un libro lleno del hálito de la naturaleza americana. Transcribimos breves apartes:

 

Colombia va celebrar, en este año, el primer centenario del nacimiento de Jorge Isaac y ya en todo el continente se mueven las plumas para loar al romántico autor de María.[…]

[…]El libro que más hondamente conmovió a nuestros pueblos. Se le ha comparado, por tal eficacia, a la “La Cabaña del Tío Tom”, a “Atala”, a “Graciella”. […]

Pero Isaac fue muchas otras cosas, además de ser el autor del más bello y puro idilio del idioma español en América: fué un gran poeta, que debería ser incluído entre los precursores de la renovación del verso castellano, como Gutiérrez Nájera, como Julián del Casal o como Rubén Darío,[…] (122)

 

En cuanto a este aspecto de reseñas literarias hay un material abundante que corresponde más a su actividad periodística que al campo literario, por ello consideramos suficiente presentar el texto que se relaciona con el centenario de Jorge Isaac.

Reportero

Una actividad en el mundo de la escritura prácticamente desconocida, y que Barba-Jacob de la cual no hablaba, ni figura dentro de su profesión de periodista, es la de reportero de la crónica roja, labor que realizaba forzado para salir de apuros económicos. No la estimaba ni menos le era agradable, pero en cambio la ejercía imprimiéndole calidad, y con celo profesional. El tono de sus artículos y la forma como los narra, le dan un tinte agradable donde el horror y lo mórbido se presentan descarnados y de manera plena. Su estilo personalísimo se percibe de inmediato, empezando por el título como es el caso de un crimen donde una joven fue degollada y las declaraciones de una pitonisa podían contribuir a esclarecer el móvil del delito. Encabeza su información de la manera siguiente, en grandes letras que ocupan lo ancho de la página: “Zulema Moraima, la sibila de los ojos de misterio nos describió la figura del criminal”. Por emplear los términos de “sibila de los ojos de misterio” estamos frente a materiales con significantes de atmósfera literaria, completamente ajenos a la palabra dolorosa que es común en el medio para estos casos. Avanzando en la información encontramos unos párrafos en un lenguaje que corresponden a un relato literario. Veamos:

 

[…] LLegamos a la tercera calle de Luis Moya número 34. Resueltamente penetramos a un patiecillo bastante limpio, que descubría a su derecha una escalera angosta, la que a su vez nos condujo a un amplio corredor. Durante nuestro ascenso ibámos reflexionando: –por estos peldaños hace ocho días, precisamente, subió aquella hermosa mujer que hoy reposa el sueño eterno y que aquel día debe haber venido con el espíritu inquieto, ante el recuerdo de la amenaza proferida, a preguntar a la adivinadora si su vida peligraba, si su muerte estaba lejana o próxima… Penetramos a un pequeño saloncito de espera elegantemente amueblado. Allí se encontraba, cuando nosotros llegamos, un joven de rostro perfectamente afeitado, que esperaba quizás su turno de consultar a Zulema acerca de si sus amores serían correspondidos, si sus ambiciones serían satisfechas, si tendría para el porvenir riquezas y honores, si llegaría a ser feliz y tendría numerosa descendencia. […] (123)

 

Luego narra como apareció la adivina, describe el consultorio donde hay crucifijos, imágenes de distintos santos y todos los ingredientes necesarios para que el relato entre en tensión. Igualmente están presentes los materiales que la crónica policiva necesita para que la narración adquiera una trama propia del tema.

En su labor en la crónica roja encontramos a un reportero innovador, sin embargo, el adjetivo deja escapar parte de la realidad. Más que renovador, innovador es insólito, puesto que rompe con todos los parámetros que el oficio ha establecido. En la época de Barba-Jacob la fotografía era obligatoria como un elemento indispensable de los reportajes en los delitos de sangre. El poeta que consideraba que la fotografía era indignante para la víctima, el victimario y el lector, introdujo el dibujo a la manera de las tiras cómicas para ilustrar los pasajes iconográficos. Luego de analizar los móviles que originaron el delito en el plano de lo individual, profundiza sobre la etiología del crimen y fustiga a la sociedad y al estado, a veces de manera directa y en otras recurre a la sutileza, como en el caso de un folclórico estafador que se hizo pasar, en México, como un prícipe hindú:

 

[…] Claro está que la información que va a seguir, la damos atendiendo a la defensa de los intereses sociales, primordial obligación de toda autoridad –en este caso mo muy atenta a cumplirla– y fundamento sobre el que debe asentarse toda labor periodística[…]

[…] Desde un principio, hizo correr este personaje de cine, la versión que era un príncipe hindú, nacido en Bombay, de familia de alta nobleza y doctor en filosofía, ciencias y letras, de varias universidades europeas y sudamericanas […]

[…] Casi puede decirse allí, como en el “dúo de la africana”: todos los que van tocando el organillo por las calles, son príncipes indios, vástagos de una u otra de las mil y una dinastía de ese país encantado de los Radhjás. Mucho turbante, mucho color, mucho hieratismo, algo de fakirismo, buena dosis de ciencias ocultas, desconcertantes sabidurías que encierran las ciencias del bien y del mal, en un globo de cristal, revelador  del porvenir o que leen el destino en una vulgar cartulina de baraja pintarrajeada bárbaramente.[…] (124)

 

En la crónica, que es extensa, se habla de la cultura hindú, de la trayectoria del transgresor de la ley penal, y se incluyen elementos un poco ajeno al tema que la hacen interesante. Si este trabajo tuviera como tema Barba-Jacob como periodista, los materiales que existen en El Demócrata y otros periódicos resultarían suficientes por el método de periodismo comparado, para hacer una investigación extensa del carácter de la nuestra.

En esos rastreos en busca de materiales sobre el origen de sus poemas, encontramos un artículo en la crónica roja cuando el poeta firmaba con el seudónimo de Califax en El Heraldo de México, correspondiente a su edición del 26 de julio de 1919 que nos aportó la solución para descodificar un poema de significaciones complejas, el cual hemos analizado en la primera parte dedicada a su obra poética y cuyo título es La dama de cabellos ardientes. Empezamos porque una parte del título de la crónica es exactamente igual al título del poema “La dama de cabellos ardientes se bebe la vida de sus amantes”. Lo primero que se encuentra en este título es la ambigüedad; tomado aisladamente y teniendo en cuenta que es un titular de prensa no tiene elementos de comunicación directa, es decir, concreta. Como está en el contexto de lo que el periodismo se denomina en latinoamérica, la página roja, entonces por metonimia, cualquier lector de este tipo de crónica puede deducir que se trata de una mujer muy bella, la cual subyuga a los hombres y lo somete en los planos materiales, sean éstos económicos o eróticos. Como la utilización del verbo beber está al presente, modo indicativo, tiempo simple, permite otra lectura. Que es una dama de vida licenciosa que hace consumir a sus admiradores enormes cantidades de alcohol. Otras lecturas son posibles. En el contexto del artículo, cuando el lector ha leído el titular y pasa a informarse a lo cual aluden las letras de molde se encuentra de inmediato con una desconexión o disgresión de significantes, sigue al título dos subtítulos que presentan cierto encastramiento, debido a que están encerrados en la primera columna, estilo propio del poeta para trabajar el texto en el área del mensaje, pero sobre todo para brindar a la mirada un contraste en cuanto al tamaño de las letras y a su distribución en la página. Los dos subtítulos dicen:

 

No Hay Exitante Más Pode-

roso y Funesto que la Yer-

ba de los “Grifos”

__________

 

El Iniciado en el Culto de la Diosa Verde, se Perece por

las Tres Clásicas Bocanadas

del Humo Hediondo

__________ (125)

 

En la primera línea de su crónica la inicia dando porcentajes de los accidentes, a veces mortales, causados en las calles de la ciudad mexicana, por todo tipo de vehículo, incluyendo el tranvía. Sostiene que estos accidentes, la mayoría de los casos son mortales. Causados porque el fumador de la cannabis satiba pierde en ocasiones la proporción de la distancia, equivocándose en cuanto

al peligro. En otras, por su embotamiento no tiene en cuenta el peligro y perece. Luego se refiere al uso de la yerba perturbadora que en principio estaba reservada a cierto tipo de población como los prisioneros, soldados y marginados sociales, pero la costumbre había evolucionado hasta alcanzar las capas más altas de la pirámide social. Luego recurre a un pequeño titular de carácter literario en una columna y narrando algunos efectos:

 

CAMINO DE DIAMANTES EN EL

AZUL DE LA NOCHE

 

No hay excitante alguno, ni aun los más alcaloides, cuyos efectos sobre el sistema nervioso sean más variados, más numerosos y extraños y más funestos que los de la yerba de los «grifos».

Desde luego, es necesario notar que la marihuana suele proporcionar antes de que su acción reiterada cree un grave y doloroso estado patológico, una alteración de la sensibilidad que regocija a los principantes. (126)

 

El articulista narra, detalle a detalle, los distintos efectos que padecen los fumadores después de haber pasado un breve tiempo de las inhalaciones, se refiere a los riesgos y peligros para la salud a los cuales se enfrentan los iniciados. Luego viene un segundo título para aludir a los consumidores habituales:

 

EL MARTIRIO DE LAS SERPIEN-

TES

 

Pero los más antiguos fumadores de la yerba nociva sostienen que las visiones plácidas son raras, y que, después de usar varias veces del diabólico excitante, ya no se ve ni se oye nada especialmente grato; los sentidos han perdido su virginidad[…]

Y el marihuano, ríe, ríe, ríe …

Entretanto, el semblante ha adquirido una palidez cadavérica: los ojos se han empequeñecidos y están luminosos y rojizos; las manos tiemblan ligeramente, –y empieza a manifestarse el demonio interior de la víctima. […] (127)

 

Continuando en progresión pormenoriza con agudeza todo el cuadro sintomatológico que produce el trance de la adicción. Finalmente hay un titular entre columna cuyos significantes corresponden plenamente con el tema que se está tratando: “Consecuencias de la marihuana”. Hace un análisis propio de un médico especialista, utilizando un lenguaje conciso, muy lejos del que ha usado anteriormente. Las palabras utilizadas exhudan una precisión impecable, son términos áridos porque se enmarcan en lo conceptual, es un lenguaje de cifras. La ciencia campea entre puntos, comas y líneas. Es el dictamen de una fórmula médica y nada más. Para no hacernos extensos innecesariamente transcribimos unas líneas:

 

[…] Las reservas orgánicas se agotan; el sistema nervioso se desgasta rápidamente; la vista y el oído se atrofian el pulso se altera, porque se ha alterado el ritmo circulatorio: el corazón empieza a padecer arrítmia: la piel se vuelve amarilla y lustrosa: y, a la postre, el sistema disgestivo se relaja y aparecen las dispepsias, las atonías y otros padecimientos [...] (128)

 

En esta crónica se encuentra una parte del retrato de lo que fue en vida el Barba-Jacob profundo, ése que escapó hasta de sus mejores amigos, el que no ha sido visto por alguno de sus biógrafos, pero sobre todo el que no podemos comprender a través de sus escritos tomados aisladamente. La crónica fue encargada por el Ministerio de la Salud Pública de México como un mecanismo de divulgación en el marco de la prevención sanitaria, ella se debió a un hecho circunstacial después de una pregunta inocente que le hizo el escritor moralista Alfonso Junco. Curioso por saber los efectos de los alucinógenos en torno de la inspiración literaria y quien asegura haberle llevado a su lecho de enfermo un sacerdote, para que el alma descarriada del poeta se reconciliara con el Dios de él. Hijo de uno de los mejores amigos, que el poeta tuvo en la ciudad de Monterrey y quien en una conferencia hablando sobre la memoria de Barba-Jacob se expresó:

 

Nos congregamos esta noche, señoras y señores, para evocar aquel gran poeta y aquel hombre peregrino que se llamó Miguel Angel Osorio, luego Ricardo Arenales, finalmente Porfirio Barba-Jacob. Su evocación levanta en mi espíritu una parvada de recuerdos; alondras que aletean y suben mañeras de los surcos de la infancia.

Recién venido el colombiano a México, llegó a mi natal Monterrey, por 1908, cuando yo era un chico de doce años y él rondaba los veinticinco. Tarde a tarde visitaba mi casa –aquella casona patriarcal, abierta, alborozada, rumorosa–, y deleitándose en la armonía hogareña. El paladeaba el provinciano chocolate, nosotros la maravilla de su plática. […] (129)

 

Barba-Jacob que conocía la personalidad de Alfonso Junco, por divertirse le describió los efectos de la yerba a través del horror y la pesadilla. Quedó tan impresionado el oyente que no esperó a que el poeta terminara con su exposición. Días más tarde recibió la propuesta de la parte de Junco de escribir un artículo en beneficio de las buenas conductas sociales. Junco que era persona influyente había consultado y consideró pertinente acudir al Ministerio de Salud, que fue el que acogió la idea. Barba-Jacob todo lo que hizo fue vertir al papel la exposición hecha a Junto días atrás. En este contexto la crónica de “La dama de cabellos ardientes se bebe la vida de sus amantes”, es un producto donde lo lúdico da origen a la ficción. El poeta que siempre fue un conversador inigualable, tenía para cada ocasión una historia que se inventaba de acuerdo al oyente u oyentes, sabía el punto que debía golpear de manera precisa. Esto fue lo que sucedió en la crónica en alusión. Por otra parte es una ironía finamente trabajada destinada, no al grueso público  que es el  destinatario de la crónica, como  en apariencia puede concluirse, sino que está dirigida a las élites de la sociedad mexicana. Y de manera paradógica contra el poder de la prensa y contra el poder del estado. Se necesita tener una audacia sin límites y un coraje a toda prueba para describir el último párrafo con el cual se cierra la crónica:

 

[…] La autoridad debe organizar una verdadera cruzada contra la planta infernal, porque su uso se está generalizando de alarmante manera. De lo contrario, llegará un día en que México, flote en el humo nefasto, y en que la Dama de Cabellos Ardientes presida, como trágica deidad, los cuarteles y las cárceles, las casas de los barrios humildes, los funerales de los muertos, el nacimiento de los niños y hasta los amores de la juventud aristocrática. (130)

 

A principios del siglo XX el consumo de la cannabis satiba era completamente desconocido en los amplios sectores de la población. En rigor sólo los intelectuales en un grado mínimo hacían uso de los alucinógenos. Igualmente un minúsculo grupo de la élite de la delincuencia era consumidor. Por ello la crónica no se sustenta en ningún sentido en la veracidad. Como lo hemos analizado y probado, es el resultado de la imaginación, la fantasía vertida a la palabra periodística, donde Barba-Jacob es primero poeta de la vida para luego ser poeta en el poema La dama de cabellos ardientes, que en sus versos cambia el color de sus cabellos y la dama cumple tareas diferentes. En el verso tercero ella es “una dama de ardiente cabellera”. En el verso cinco su cabello es distinto, “cabello –cauda sombría–”. En el verso cuarenta y ocho su pelo es de otro color, “la dama de cabellos encendidos”. En el setenta y cuatro la dama aparece ejerciendo plenas funciones, «más la dama, sortílaga a mi lado». En el verso ochenta aquí el pelo entra en movimiento, “iba su cabellera”. En los versos ciento veintiuno y ciento treinta y ocho hay una reiteración versal, en ellos se describen los efectos directos producidos por la presencia de la dama, “más la dama me ahondó tan blandamente”. En el ciento veintiséis hay una declaración de seducción “me envolvió en sus cabellos”. El poema ha sido cuidadosamente analizado desde la perspectiva de los contenidos poéticos en la primera parte, dedicada a su obra. En este numeral sólo nos interesa sacar a la superficie como lo hemos realizado, los nexos existentes entre la palabra periodística que corresponde al mundo profesional y la palabra poética que es material del verso.

  

 

Pensamiento

 

Para definir el pensamiento de una persona resulta indispensable establecer lineamientos generales y particulares, así, sean éstos en un sentido mínimo, para poder llegar a encontrar o descubrir lo esencial. En el caso de Barba-Jacob, por su condición de escritor, se presentan características ineludibles que corresponden por una parte, a su condición de individuo inmerso en un entorno social temporal, y, de la otra, su actividad en tanto que creador de valores estéticos. El abordaje de estas dos realidades permiten encontrar los materiales de los cuales se derivan los parámetros que caracterizan lo fundamental de su forma de pensar.

Barba-Jacob nace en el seno de una familia desgarrada por la tragedia de la inestabilidad conyugal, que en su infancia lo colocan ante codificaciones de los valores familiares distintas a las de los niños de situación corriente, donde la relación afectiva se establece con los padres biológicos. En sustitución de éstos, venturosamente para él llenaron el vacío, familiares que cumplieron de manera que podemos calificar de satisfactoria la relación afectiva. En cuanto al medio externo en su periodo infantil resulta corriente, inclusive puede valorarse de óptimo por lo apacible de la zona rural en ese momento. En lo que se refiere a su adolescencia y juventud se presenta un cambio abrupto en los valores de familia y en el medio exterior. No pudo establecer relaciones perdurables con su padres biológicos, y los factores exteriores de lo social le fueron adversos y en ocasiones hostiles.

Las tres situaciones señaladas le plantean al joven Barba-Jacob una realidad tremenda que afortunadamente él comprendió de inmediato y se dispuso a enfrentarla con una celeridad que podemos calificarla un poco prematura. Se hizo un hombre adulto siendo apenas un adolescente. En este contexto comprendió a cabalidad que sería un hombre solo, dueño de sí mismo y responsable de lo negativo y positivo en el hecho de existir. Sería él, y sólo él, la causa de sus alegrías e infortunios. Nos encontramos de cara al pensamiento que corresponde a los individuos que desde su adolescencia tienen que asumir de manera prematura la responsabilidad de ganarse la vida, sin estar preparados ni ser poseedores de herramientas que le permitan garantizar una correcta existencia, tanto en lo material como en lo intelectual. Al no ser poseedor de nada, todas las rutas son posibles en el camino de la vida. Barba-Jacob escogió la que a su juicio consideró acertada. La ruta de la aventura. Tenemos entonces que su pensamiento, en su condición de persona, es el que correponde en lo general a un individuo solitario y aventurero.

En lo que respecta a las valoraciones externas, aquéllas donde el individuo no determina, sino que es influenciado porque son realidades que deciden comportamientos, donde el individuo está obligado a asumir posiciones o a tomar parte en ellas, por fuera de su propia voluntad, como fue el caso de la Guerra llamada de los Mil Días en su país de origen, donde tomó parte en este acontecimiento bélico; le dejaron marcas indelebles que fueron una especie de tatuajes perennes para tomar decisiones o analizar situaciones. En la vida de los individuos se presentan sucesos que dejan improntas por que la persona no sale impoluta. Improntas que pueden ser negativas o positivas, o ambas a su vez. En el caso del poeta los acontecimientos de mayor relieve que dejaron registros como el mencionado y sus prematuros viajes, el encuentro con la civilización urbana, el descubrimiento de la vida intelectual y lo artístico, consideramos que fueron factores de aceramiento, tanto en su personalidad como en su manera de pensar. Nos referiremos únicamente a su pensamiento político porque sobre éste hay enfoques encontrados, donde todo es asunto de intereses de quienes opinan.

 

Pensamiento político

La política tomada en su plena significación, resulta ser un fenómeno contingente en todos los planos que se le analice. Por este fenómeno concluyente es difícil definir o caracterizar la política profesada por una persona, empezando porque el concepto aplicado singularmente, de entrada invalida cualquier análisis, en razón que la política no es estable sino cambiante, entonces lo apropiado es plantear etapas de concepciones y militancia políticas, aspecto que en este trabajo se presenta por fuera de tema. Sin embargo, la historia política del poeta es definible siguiendo los grandes trazos de los acontecimientos políticos nacionales o internacionales.

Al analizar el pensamiento político de Barba-Jacob en lo nacional o internacional, se hace indispensable clarificar hechos un tanto complejos porque de lo contrario se corre el riesgo de emitir un juicio o conclusión en una materia bastante delicada para la memoria del poeta. Su pensamiento político se encuentra en el centro de la madeja de su actividad profesional de periodista, donde escribía de manera permanente editoriales, artículos y crónicas políticas. Alguno de todos éstos en calidad de analista del suceder inmediato o mediato de la política nacional o internacional. La política exige del individuo una actitud concreta para que su pensamiento pueda realizarse. Acto que en la América de Barba-Jacob, en su forma directa podía realizar toda persona que hubiera alcanzado la edad para convertirse en ciudadano. Los ciudadanos de toda América, de norte a sur, tenían derecho al voto. Este acto simple no lo realizó Barba-Jacob jamás, en la única parte en la cual tenía derecho. En Colombia su patria de origen. Por la sencilla razón de que lograda la mayoría de edad, sólo retornó en brevísimos periodos y en México donde pasó la mayor parte de su vida y Centroamérica no tenía el derecho al voto, por extranjero. El poeta reconocía dos patrias, México y Colombia. En la primera era extranjero y en la segunda sólo vivió año y medio después de alcanzar la mayoría de edad.

No encontramos ningún documento que prueben que militó en partido político, en cualquiera de los países donde vivió, o hiciera proselitismo de manera específica o se hubiera adherido de manera activa o pasiva con grupo, movimiento o partido, salvo de manera brevísima, cuando tuvo una militancia de izquierda en Cuba, en la “Cueva Roja”. La actividad política que es inherente a cualquier ciudadano le fue indiferente al poeta. Cosa distinta son sus escritos periodísticos con contenidos políticos, en favor o en contra de las distintas administraciones que regían los países donde estuvo y de manera particular en México. En ese mismo sentido su pluma está presente en todas las coyunturas significativas de carácter internacional. En este campo Barba-Jacob fue un defensor de las ideas democráticas, de los derechos de los pueblos débiles, de las injusticias. Estuvo en contra de las violaciones del derecho internacional y a favor de la soberanía de los pueblos y de las naciones. En cuanto a los dictadores, particularmente los de América Latina fue un crítico mordaz y corrosivo. Juan Vicente Gómez, dictador de Venezuela fue uno de sus blancos permanentes. No dejó pasar ningún desafuero cometido por su gobierno, señalaremos solamente uno, el caso de los estudiantes:

 

La tiranía de Juan Vicente Gómez representa la última y más trágica manifestación del feudalismo en América, y es un ultraje a la conciencia de los hombres honrados, y a la evolución liberal […]

[…] Gómez enseña entonces su garra de tigre: urde una pantomina, se proclama Presidente de Venezuela, y empieza a tiranizar. Mata de un golpe la libertad de la prensa, impide las reuniones del pueblo, aprehende y encarcela a cuanto rehuyen la sumisión incondicional, destierra a los sospechosos, inaugura el régimen de prostitución de los intelectuales por medio de dádivas y amenazas, impone caciquillos en los Estados, asegura la impunidad de los asesinos, y reclama y toma para sí el privilegio de ordenar a su libre talento el dinero de la nación. Todos los poderes han muerto, y sobre sus ruinas erige los parapetos de la tiranía, tan tenebroso como su alma. […] (131)

 

En su escrito Barba-Jacob toca otros puntos sensibles de la dictadura de Gómez y reclama los derechos para el pueblo oprimido de Venezuela. En una serie de crónicas que escribió a pedido del periódico Elcélsior de México, sobre la amistad que le unía a Julio Antonio Mella, el poeta aprovecha para fustigar las conductas dictatoriales de Gerardo Machado y Morales, dictador de turno en la Isla de Cuba. En torno a Julio Antonio Mella escribe el poeta que lo conoció a mediados de 1925, su nombre tenía el valor de un símbolo de una bandera revolucionaria para la juventud, los estudiantes habaneros y para los obreros de toda la Isla. Da pormenores de la amistad con Mella y analiza la política de izquierda del momento, agregando que conoció a Rubén Martínez Villena, al poeta José Zacarías Tallet, da otros nombres y habla de lo que fue su efímera vinculación con el grupo político encabezado por Mella y habla de sus actividades en la famosa “Cueva Roja”, donde le correspondió la tarea de redactar los estatutos para la fundación de la universidad popular. Luego de enconados debates lo tildaron de menchevique, no tanto por la posición en defensa de los mencionados estatutos, sino por sus argumentos en las reuniones clandestinas en que participaba, para discutir las teorías marxistas que podrían aplicarse después del triunfo del movimiento revolucionario. Este pasaje es el único en la vida de Barba-Jacob donde él participó en una corriente ideológica y política. El poeta declaró muchas veces que sus sentimientos políticos profundos le pertenecían a la izquierda, pero su pluma se veía forzada a trabajar al servicio de la derecha. Retomando su posición frente a los dictadores, en su estadía en Cuba la refiere en contra de Machado así:

 

Al advenimiento de Machado al poder se inicia una persecusión sangrienta e implacable contra los elementos oposicionistas y señaladamente contra los adictos al comunismo. El director de un diario es acribillado a balazos al regresar a su domicilio, entre las sombras de la noche. Un líder ferrocarrilero que se dispone a penetrar en un cine con su esposa y su hijito, recibe una descarga que le deja exánime a mitad de la calle. Se dice que varios presos políticos aparecen ahorcados dentro de su celda, esto es, que “se les suicida, quieran o no lo quieran”. Numerosos obreros son reducidos a prisión a causa de sus ideas antigobiernistas. A los extranjeros desafectados se les expulsa por centenares. En fin, el ambiente reververea de tiranía.[…] (132)

 

En América todo el que fue considerado como dictador mereció la atención de la pluma de Barba-Jacob, por ello pagó un alto precio, le prohibieron el acceso a países donde anheló viajar para conocer sus geografías, habitantes y a sus escritores. Fue expulsado por orden de dictadores o Presidentes autoritarios en razón de su palabra escrita, justa o no, pero siempre crítica.

En el plano intercontinental el poeta nos sorprende con sus visiones políticas al analizar los acontecimientos de la Guerra Civil Española, cuyas simpatías personales siempre estuvieron del lado de los republicanos, pero no por esto dejó de ser objetivo. En uno de sus editoriales escritos para el Vespertino Ultimas Noticias, cuando apenas se iniciaba el conflicto bélico, en 1936, en el sur español, el poeta a través de sus análisis es premonitorio en cuanto a los acontecimientos que luego, tres años después se confirmarán en el decenlace de la Guerra Civil. En el citado editorial hace una reflexión aguda, si se tiene en cuenta que sus materiales de estudio son escasamente las informaciones un tanto distorcionadas que llegan por los teletipos a la sala de redacción del diario para el cual trabaja, es decir, que la información que posee, es en últimas, la que conoce todo el mundo. No obstante, visualiza los hechos que se avecinan relacionados con la Segunda Guerra Mundial, y que más tarde se confirmarán:

 

Se hace más inminente la inminencia: más negra la negrura: de las nubes que amenazan a Europa y al mundo. Y se comprende mejor que, una vez más, España pesa los destinos de la historia, vuelve a ser punto de convergencia de grandes corrientes del pensamiento y el sentimiento de los pueblos. Tras la guerra de hazañistas y rebeldes, hay, de seguro, un vasto plan ideado y desenvuelto en sus detalles teóricos para la realización de fines trascendentales.[…] España es el teatro donde se inició la contienda, donde tiene su primera fase. […]

[…] Blum no ha podido, en la práctica, dar validez alguna, ni siquiera aparente, a su nebuloso proyecto de absoluta neutralidad. El no es neutral, no puede serlo; no lo son sus ministros; no lo es su partido. Y acaso, en otra dirección, no lo es tampoco Francia, la mayoría de ese pueblo nunca desasistido por la cordura. Dilema de Blum: si es neutral, sino ayuda a los hombres del Frente Popular español, Azaña y su régimen caerá, y un régimen facista será establecido en España, […]

[…] Ahora bien, si Blum pretende arrojar en pro de Azaña el peso de sus simpatías radicales, trocado en elementos y aún en hombres de combate, la guerra con Italia y con Alemania es inevitable e inmediata.[…] (133)

El poeta desmenuza cada acontecimiento de la guerra, muchos desconocidos u olvidados hoy, inclusive en su tiempo considerados en un segundo plano dado el carácter de la conflagración mundial. Los pequeños países se vieron avocados a situaciones díficiles y muchos de esos gobiernos estuvieron en contra de sus propios pueblos, como lo hace notar el poeta en uno de sus editoriales, relacionados con Checoeslovaquia:

 

[…] Los factores que han hecho que Alemania retarde indefinidamente su temida ofensiva y que, por ese retardo, deje que se le frustren en gran parte las ventajas –acaso más aparentes que reales– obtenidas con la conquista de media Polonia, es la situación interior de los países que ella ha anexado a su carro. En Praga y en toda Checoeslovaquia es irreprimible el descontento de las masas contra la dominación germánica. Ha sido necesario decretar la ley marcial en la ciudad; han sido aprehendidas en todo el territorio más de cincuenta mil personas y –lo más grave de todo ello– muchos jóvenes estudiantes han sido ejecutados, bajo el grave cargo de que soliviantaban a las masas para oponerse a la dominación extranjera. El fusilamiento de estudiantes por el delito de querer una patria libre y autónoma, tiene siempre repercusiones sentimentales muy profundas y dolorosas. Esos jóvenes forman parte del martirologio nacional y sus nombres son venerados con respeto. Caen en la flor de la vida, llevados de un noble entusiasmo, y su ejemplo suscita nuevos y más frecuentes actos de voluntad de sacrificio en aras de un ideal sagrado.[…] (134)

 

La cita anterior resulta importante para comprender el pensamiento político profundo de Barba-Jacob. Ese pensamiento que se enraiza en los sentimientos humanos, el que nace del sentir del hombre, más no propiamente de la razón, fue el que a través de su vida manifestó el poeta defendiendo las causas justas. En el editorial hay un lamento que se suma al dolor de los jóvenes checos que han caído por defender los valores de una patria libre. Las líneas que escribe el poeta en favor de los patriotas checos, son la expresión también del sentimiento de una inmensa parte de los mexicanos que están contra la guerra, y que en últimas son antinazis y antifacistas, en razón de que también existían sectores muy significativos de la opinión nacional que expresaban abiertamente sus simpatías por Alemania y estaban a favor de la guerra.

En el plano donde los sentimientos más hondos del individuo se convierten en política, el poeta los tiene todos, incluido su corazón, al servicio de la causa política de América Latina. El era un latinoamericanista convencido, un optimista total del presente y del futuro de las naciones jóvenes que se presentaban creciendo ante la faz del mundo. Fustigó a los pesismistas y a todos aquéllos que no tenían anhelo en la Patria Grande. A este respecto escribió;

 

[…] El estrépito de las batallas y el negro hollín de las deslealtades políticas –coeficiente de la marea de sangre– nos han hecho pesimistas inactivos y por esa inactividad no osamos creer en la grandeza de la obra que está realizando América. Si a un ciudadano de México, del Ecuador, de Venezuela se le preguntase cuál es la fórmula que define nuestros aportes al movimiento del mundo, vendrían a responder, puesto que fuese un Juan Lanas: matarnos para robarnos, y puesto que fuese un intelectual como Francisco Bulnes: pasar de la dictadura a la anarquía y de la anarquía a la dictadura. […]

Sin embargo, en la proporción en que lo han permitido mil circunstancias contrapuestas, hemos sido colaboradores benéficos en la obra de la cultura. Entre coros de angustia y como a ímpetus de puño infantil tallamos en la piedra familiar la estatua que ha de representarnos en el templo de las grandes razas. Sin un pensamiento que unifique los arranques, fallida la cohesión, inseguro los derechos, el bienestar mezquino, nuestro virgíneo continente no ha interrumpido su tradición de gloria por falta de quienes lo perpetúen.[…] (135)

 

En otro espacio de su palabra escrita donde se halla plasmado su pensamiento, es en lo que corresponde a su obra poética, la cual tomada en su conjunto presenta un pensamiento íntimamente ligado, no al discernimiento reflexivo, producto del análisis lógico, sino donde hay un pensar que nace de los sentimientos y padecimientos humanos. El pensamiento hace parte de lo descarnado, lo angustiado, lo doloroso. La reflexión aparece como expresión de lo sentimental, donde lo espontáneo es conducta y el dolor palabra poética.

 

HAY TAMBIEN OH TIERRA UN DIA EN QUE NADIE NOS PUEDE RETENER. En México elevó las anclas para jamás volver

Todos nuestros esfuerzos por establecer con precisión fecha y medios utilizados en su última llegada a México resultaron estériles. Luego de su partida desde Colombia, se comprobó que estaba en septiembre de 1930 en La Habana donde le hicieron algunos retratos al óleo. En diciembre de 1930 se encontraba en Monterrey como puede verificarse en una carta que le enviara a su hijo:

 

Monterrey, Diciembre de 1930:

…Hoy, como regalo de Niño Dios, volví a tener la dicha de recibir carta suya: la que me escribió el 17 de este mes, centenario de la muerte del Libertador Bolívar. Me puse muy contento e hice muchas evocaciones…[…] (136)

 

A partir de esta fecha hasta el día de su muerte, su actividad en lo que concierne a actividades distintas de su obra poética, en lo fundamental lo hemos tratado en el espacio dedicado a su labor y presencia en México. Sobre su vida errabunda hay un aspecto que consignaremos de manera breve; se relaciona éste con su existencia transcurrida en hoteles.

La persona que habita en un hotel durante largos años adquiere hábitos distintos a la mayoría de la población. El habitante del hotel no tiene ningún contacto con toda la problemática que implica el vivir en casa o apartamento; en el hotel todo está resuelto por los empleados y la administración del negocio. El habitante del hotel, se exonera por su propia condición de inmiscuirse en todo ese complejo mundo de las múltiples diligencias y contactos que exigen los bienes materiales para satisfacer las necesidades permanentes de la cotidianidad. La única relación que el habitante del hotel tiene en torno de esta complejidad, es el de pasar por la caja cada mes para pagar los servicios. Obvio que los servicios prestados al usuario del hotel difieren de acuerdo a la calidad del establecimiento. Barba-Jacob los conoció todos. En lo dominante, vivió en pensiones de media y baja categoría por motivos económicos. El habitante de este tipo de establecimientos es marcado por la forma de vida que el hotel imprime a sus usuarios cuando su permanencia empieza a convertirse larga en términos de años. Sufre una desconexión entre lo social dominante del conjunto de la población, para establecer una sociabilidad que le es propia, la cual se realiza en torno del trabajo y del hotel. Durante toda su vida, raras fueron las ocasiones en que habitó en otros lugares distintos a hoteles, como fue el lapso en que estuvo brevemente en el célebre Palacio de la Nunciatura o el apartamento en Bogotá, donde vivió escasamente una semana y fue objeto de un robo. En el hotel conoció a sus mejores amigos y a sus peores enemigos, nos referiremos únicamente a los primeros. En el Martínez Housse, situado en la avenida Martí, en La Habana, se encontró por primera vez con Juan B. Jaramillo Meza. En un discurso pronunciado en el Tercer Congreso de Academias de la Lengua Española, Jaramillo Meza, en representación de Colombia relata el hecho en el cual hay un pasaje de importancia por sus consecuencias para la obra del poeta y también para la poesía. En uno de los apartes del discurso cuenta lo siguiente:

 

[…] Una tarde llegó Porfirio a mi hotel, en un estado de tremenda exhitación, con los ojos desorbitados, casi febril, y me dijo: –Estoy poseído por el demonio interior; bullen aquí, en mi cabeza, atropellándome por salir, imágenes e ideas soberanas; quiero escribir unos cantos que le darán gloria a mi nombre pero no puedo en mis circunstancias actuales. Necesito reposo espiritual, una profunda paz y no tener preocupaciones por el pan diario. Quiero encerrarme siquiera dos meses a escribir versos, en una pieza confortable, con buenos servicios, como esta habitación. Necesito un amigo que me proporcione, este descanso–.[…] (137)

 

Prosigue Jaramillo Meza diciendo que le pagó varios meses y que veía una vez por semana al poeta, quien le iba entregando sus escritos, entre los cuales figuran los poemas Sapiencia, La hora suprema, Lamentación de Emaín Jiménez, El cincuentón, Canción de la vida profunda, poema que tenía más estrofas del que se conoce actualmente, El triunfo de la vida, Elegía de septiembre, Soberbia, Un hombre, Canción innominada, La vieja canción, El despertar, Lamentación de octubre,  Canción del tiempo y del espacio. Añade el conferencista que todos estos poemas los difundió profusamente.

Otros de sus buenos amigos, Heliodoro Valle, lo conoció viviendo en una pensión y cada vez que lo visitaba, en cualquier país, estaba en la casa de huéspedes. Valle habla mucho de esta experiencia, transcribimos breves apartes:

 

[…] Conocí a Porfirio Barba-Jacob el 10 de mayo de 1911, el mismo día en que me dedicó un ejemplar de su opúsculo Campaña florida. Estaba entonces en el esplendor de su ingenio, que irradiaba como un medio día al parecer sin término. Fue en la ciudad de México, en la pensión en que se hospedaba,[…]

[…] Era frecuente que escribiese hasta tres editoriales diarios para un mismo periódico. Le preocupaba que todos sus lectores le entendieran, y al revisar esas páginas se puede advertir su estilo, a veces áspero, corrosivo, pero siempre terso, compacto.[…]

[…] Volvía a encontrarle diez años después en esta ciudad de México, en que tanto sufrió y gozó. Aún defendía, como su tesoro inexhausto, su conversación. Tenía infinito anhelo de reposo. Estaba en franca penuria. Me recitó su Nocturno de Acapulco. Y me confió el proyecto de una revista que iba a llamarse Ambulacro.[…] (138)

 

Fueron varios los personajes de la política, el arte y la cultura, que lo conocieron en casa de huéspedes o fueron a ellas a visitarlo. Sólo transcribimos un breve párrafo, de Miguel Angel Asturias que lo conoció en un hotel, en Ciudad de Guatemala:

 

[…] No es la habitación de la alfombra roja y muebles tapizados de amarillo oro viejo. Es una casa de pensión. Hay patios. En el patio hay flores. El patio da a un amplio comedor con jaulas de pájaros, mujeres morenas de pelo negro que se mecen en sillas de balancín […] (139)

 

De todos los hoteles donde vivió Barba-Jacob, lugar especial ocupa uno, porque es el más importante para su memoria en su condición de hombre y de poeta. En él se hospedó gracias al odio de uno de sus enemigos gratuitos. En el año 1942, dirigía en la Ciudad de México, el hospital Huipulco, especial para enfermos tuberculosos, un médico de apellido Alarcón. El poeta luchó denodadamente para entrar en el sanatorio. En todas las ocasiones su solicitud le fue negada, la última fue contundente por lo tajante. Se le hacía saber que no podía ser admitido porque estaba por fuera de los reglamentos. Era mayor de cincuenta años y extranjero. El poeta leyó indiferente y se dispuso a buscar un nuevo hotel, pues en el que estaba viviendo lo presionaban para que se fuera por temor a las consecuencias de su enfermedad y también por razones económicas de perder clientela, no obstante, que el propietario había tomado medidas para que la enfermedad del huésped no fuera conocida por los demás inquilinos. Fue así como llegó al Hotel Sevilla, donde continuó escribiendo en la prensa para sobrevivir. En los tres últimos meses dejó de lado su trabajo periodístico y los dedicó por completo a darle los pulimentos finales a sus versos. En relación a los días que antecedieron a su muerte hay cantidad de versiones que coinciden en un punto. Todas presentan un afán en mostrarlo arrepentido como una oveja descarriada que vuelve al redil de la fe católica. Se mencionan nombres de sacerdotes que lo confesaron, distintos crucifijos por su tamaño y color que abrazó y besó en señal de arrepentimiento por su conducta disoluta de pecador empedernido.

Como las versiones son contradictorias las consideramos sospechosas. De nuestra parte nos atenemos al testimonio que da su hijo adoptivo, Rafael Barba-Jacob. No se refiere a asuntos religiosos en ningún sentido. El fue su única compañía en el momento en el que poeta murió y nos da la fecha y hora del deceso: 14 de enero de 1942, siendo las tres y diez minutos de la madrugada. Sostiene que Barba-Jacob vivió cincuenta y ocho años, cinco meses y diecisiete días.

 

REFERENCIAS

 

109) MORA NARANJO, Alfonso, “Mi maestro‚ ‘era una llama al viento’”, in Obras completas, op. cit., pp. 116-158.

110) JARAMILLO MEZA, Juan B, Vida de Porfirio Barba Jacob, op. cit., p. 93.

111) DELGADO OCAMPO, Rafael, “En compañía de las metáforas viajeras de Porfirio Barba Jacob”, Boletín La Hoja Literaria, N° 2, Managua: septiembre 1958, pp. 3-4.

112) Ibidem. 

113) CUBEROS de VALENCIA, Beatriz,  Porfirio Barba Jacob, op. cit., p. 17.

114) DELGADO OCAMPO Rafael, “En compañía de la metáforas viajeras de Porfirio Barba Jacob”, op. cit. p. 10.

115) Ibid., p. 8.

116) BARBA-JACOB, Porfirio, “Honrar honra”; in Revista del Centenario de Porfirio Barba- Jacob, N°2 Santa Rosa de Osos: mayo de 1983.

117) BARBA-JACOB, Porfirio, “Las Consecuencias de los Estudios Indostánicos.- La Glorificación de las Razas Mestizas”, México: El Demócrata, 25 de abril de 1921.

118) BARBA-JACOB, Porfirio, “El Imperio del Guirigay”; in Vespertino Ultimas Noticias, México: 18 de enero de 1937.

119) BARBA-JACOB Porfirio, “El Centenario de Isaac”, in Vespertino Ultimas Noticias, México: 4 de marzo de 1937.

120) BARBA-JACOB, Porfirio, “Zulema Moraima, la sibila de los ojos de misterio, nos describió la figura del crimina”», in El Demócrata, Sección Crónica Roja, México: 8 de junio de 1921.

121) BARBA-JACOB, Porfirio, “Makachadt príncipe hindú, ni es indio, ni es médico, ni es príncipe; nació en Barranquilla, Colombia, y no ha estudiado medicina –Hijo de un honrado voga del río Magdalena y de una campesina, no conoce a los Radhjás”, in El Demócrata, México: 26 de marzo de 1922.

122) BARBA-JACOB, Porfirio, “La Dama de los Cabellos Ardientes se Bebe la Vida de sus Amantes”, op. cit.

123) Ibidem.

124) Ibidem.

125) Ibidem.

126) JUNCO, Alfonso, “Una Llama al Viento”, in Obras completas de Porfirio Barba-Jacob; op. cit., p. 106.

127) BARBA-JACOB Porfirio, “La Dama de Cabellos Ardientes se Bebe la Vida de sus Amantes”, op. cit.

128) BARBA-JACOB, Porfirio, “La Tiranía en Venezuela – El atentado de Gómez contra los estudiantes–“, in El Demácrata, México: 25 de abril de 1921.

129) BARBA-JACOB, Porfirio, “Recuerdos Personales de Julio Antonio Mella”, in Elcélsior, México: 7 y 9 de noviembre de 1931.

130) BARBA-JACOB Porfirio, «Nubarrones», in Vespertino Ultimas Noticias, Editorial “Perifonemas”, México: 19 de agosto de 1936.

131) BARBA-JACOB Porfirio, “La Represión en Checoeslovaquia”, in Vespertino Ultimas Noticias, México: 20 de noviembre de 1939.

132) BARBA-JACOB, Porfirio, “Prólogo de Rosas Negrasin Obras completas, op. cit., p. 378.

133) BARBA JACOB, Porfirio, in Obras completas, op. cit., p. 400.

134) JARAMILLO MEZA, Juan B., “Porfirio Barba-Jacob’, Conferencia dictada en el Paraninfo de la Academia colombiana de la Lengua, el 3 de agosto de 1960, en el homenaje que en el Tercer Congreso de Academia de la Lengua Española, tributó a los grandes poetas colombianos.

135) VALLE, Rafael Heliodoro, “El mundo hechicero de Barba-Jacob”, in Obras Completas, op. cit., pp. 78-95.

136) ASTURIAS, Miguel Angel, “Porfirio Barba-Jacob”, in Obras Completas, op. cit., p. 61.

137) JARAMILLO MEZA, Juan B., “Porfirio Barba-Jacob’, Conferencia dictada en el Paraninfo de la Academia colombiana de la Lengua, el 3 de agosto de 1960, en el homenaje que en el Tercer Congreso de Academia de la Lengua Española, tributó a los grandes poetas colombianos.

138) VALLE, Rafael Heliodoro, “El mundo hechicero de Barba-Jacob”, in Obras Completas, op. cit., pp. 78-95.

139) ASTURIAS, Miguel Angel, “Porfirio Barba-Jacob”, in Obras Completas, op. cit., p. 61.

 

 

Par VERICUETOS - Publié dans : ESSAIS
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Mardi 17 avril 2012 2 17 /04 /Avr /2012 14:25

 

               Aleida Martínez Castaño, poeta de lo cotidiano

 

DSC08088Aleida Martínez Castaño 

 

AHÍ VA LA VENDEDORA

 

 

Ahí va

La vendedora de limones

Llevando sobre sus hombros

La amargura de la vida.

Ahí va cargando

Su cuota de acidez

En la ovalada fruta,

En la ceñuda frente,

En el amargo vivir,

Vende los ácidos limones

Para calmar

La algidez de la miseria

Con la miel del dinero recogido.

Ahí va la vendedora de la vida

Con su cuota de hambre,

Con su callada súplica,

Con su inmenso dolor

En este duro batallar,

Arrastrando su suerte

De pesadas cadenas

Por calles desoladas

Con hambre y soledad,

La pobre, la triste,

La humilde vendedora de limón.

 

  

VOICI  LA VENDEUSE, ELLE VA

 

Ella passe

La vendeuse de citrons

  En Portant sur ses épaules

 L’amertume de la vie.

Elle passe en portant

Son quota d'acidité

Dans le fruit ovale,

Dans  un front froncé,

 Dans le vivre amer de la vie,

Vend les citrons acides

Pour calmer les crampes de la misère

 Avec le miel de l'argent reçue.

Voici la vendeuse de la vie, elle va

Avec son quota de faim,

Avec son silence suppliant,

Avec sa douleur immense

Dans cette dure bataille,

En traînant son sort

De chaînes pesantes

 Par des rues désertes

Avec faim et solitude,

La pauvre, la triste,

La vendeuse humble de citrons.

 

 

CONJUGACIÓN

 

   

Se me ha ocurrido

Pensar en la palabra

Y el uso que de ella

Hacemos los humanos.

¡Es fácil empeñarla!,

Lo hacemos muy seguido;

Pero cumplirla…

Es muy comprometido.

Yo digo,

Me desdigo,

Tú dices,

Te desdices,

El dice,

Se desdice,

Y todos a la vez

Decimos, desdecimos,

Olvidando lo bello

Que es hablar sin mentir,

Para que no se diga o desdiga

Promesas importantes

Del humano vivir.

 

 

UNE CONJUGAISON

 

Il m'est venu à l'esprit

Penser au mot

Et l'usage que Nous en

Faisons d'eux les humains.

Il est facile de l’enrôler!,

Nous le faisons très souvent;

Mais l'accomplir …

 C’est très engageant.

Je dis,

Je dédis,

Tu dis,

Tu dédis

il dit,

il dédit

Et tous à la fois

Nous disons et nous dédisons,

En oubliant qu’il est beau

De parler sans mentir,

Pour qu'il  ne se dise pas ou ne se dédise pas

Les Promesses importantes

 De l'humain vivre.

 

   

DOLOR

  

El mundo se me hace pequeño con tu ausencia;

Casi que no concibo respirar sin tu presencia,

Y el caudal espontáneo de tu risa,

Se quedó suspendido en los rincones,

Cual suave centinela que no se quiere ir.

Espero mi tesoro con sagrada impaciencia

El momento de verte nuevamente,

Como esperan las plantas en verano

La frescura de la lluvia perfumada.

Comprendo que tu tiempo se acabara,

Más el mío se ha quedado seco

Sin atinar siquiera a reponerme de tu cruel partida.

Mi ángel, mi rey, mi tesoro.

¡Cómo duele en el alma tu adiós,

Apenas en la primavera de la vida!

No hay alegría grande o pequeña

Que supere mi bien el dolor

De saberte por siempre escondido

En el mundo infinito de Dios.

 

 

UNE DOULEUR

   

  Le monde devient petit avec ton absence;

je ne conçois  presque plus de respirer sans ta présence,

Et  l’éclat spontané de ton rire,

 Est resté suspendu dans les coins,

Comme une sentinelle douce qui ne veut pas partir.

 

J’attends mon trésor avec une impatience sacrée

Le moment de te voir à nouveau,

Comme les plantes attendent l’été

La fraîcheur de la pluie parfumée.

Je comprends que ton temps se terminera,

le mien est resté plus que sec

 

Sans savoir même comment me remettre de ton cruel départ

Mon ange, mon roi, mon trésor.

 Comment ton adieu fait mal dans l'âme,

Partir dans le printemps de la vie!

Il n'y a pas de joie grande ou petite

Qui surpasse mon bien la douleur

De te savoir pour toujours caché

Dans le monde infini de Dieu.

 

 

  ROMANCE DE TU VOZ

 

Tu voz despierta en mí

Sentimientos inquietos.

Tu voz ingenua y cálida

Me está enredando el alma

Como una telaraña

Puesta a merced del viento.

Tu voz, fresco caudal

De savia alentadora,

Que me estremece el cuerpo

Del suelo a la cabeza,

Se detiene en las zonas más áridas de andar

Y revuelve el torrente

Del dormido ciclón.

La mirada indecisa

De tus ojos traviesos

Me dicen que algo pasa.

No entiendo los mensajes

Del contacto furtivo

Sujeta a la sonrisa

De la cándida boca.

La flor de un beso tiembla

Pero no llega a ser

Y la flor de pasión

Tiene que perecer

Antes de retoñar.

 

      

UNE ROMANCE DE TA VOIX

 

Ta voix réveille en moi

 Des sentiments déconcertants.

Ta voix ingénue et chaude

M’embrouille  mon âme

Comme une toile d'araignée

Mise à la merci du vent.

Ta voix, frais crue

 De sève encourageante,

Qui m'ébranle le corps

Du sol à la tête,

 S’arrête dans les zones

Les plus arides à marcher

Et remue le torrent

Du cyclone endormi.

Le regard indécis

De tes yeux espiègles

Me disent que quelque chose se passe.

Je n'entends pas les messages

Du contact furtif

Fixé au sourire

De la bouche candide.

La fleur d'un baiser tremble

Mais cela n'arrive pas à être

Et la fleur de passion

Doit périr

Avant de pousser des rejetons.

 

 

VIENTO DE AGOSTO

 

Viento de agosto, juguetón sin tregua.

Inquieto viento,

Que revuelves los cabellos

Y siembras de tierra la mirada.

Viento adorable para elevar cometas

En tardes de paseo al cerro,

Y para que acaricies

Las caras de los mocosuelos

Cuando en contravía de tu paso, corren.

Viento brutal y aborrecido cuando destrozas,

Las empobrecidas aldeas campesinas,

Y les robas en tu danza siniestra

El cielo de lata de sus viviendas,

Y el fruto del trabajo

En la cosecha diezmada.

 

Viento, vientito, que me besas quedo,

Viento, vientote,

Que bramas de poderío en los cristales,

Y te comportas como un carcelero,

Blandiendo el asta de tu fusta poderosa.

Viento, viento, viento…

Viento de agosto, tan esperado y tan temido.

 

 

UN VENT D'AOÛT

 

Un vent d'août, un joueur sans trêve.

Un inquiet vent,

Que tu remues les cheveux

Et sèmes le regard de terre.

Un vent adorable pour élever des cerfs-volants

Lors d’une promenade à la colline une après-midi,

Et pour que tu caresses

Les visages des gamins

Quand dans un contre sens de ton pas, ils courent.

Un vent brutal et détesté quand il détruit

 Les villages appauvris de paysans,

Et tu leur voles dans ta danse macabre

Le toit de tôle de ses abris,

Et le fruit du travail

Dans la récolte décimée.

 

Un vent, un petit vent, que tu m'embrasses je reste,

Le Vent, grand vent,

 Que tu mugis de puissance dans les cristaux,

Et tu te comportes comme un gardien de prison,

 Portant l'hampe de ta tige puissante.

Un vent, un vent, un vent …

 Le Vent d'août, si attendu et si craint.

 

                                               Traduit de l'espagnol par Libia Acero Borbon

 

 

ALMA - Aleida Martínez Castaño, poétesse et enseignante des lettres , née à Bogota, Colombie. Fait ses étudesde linguistique et littérature àl'Université pédagogique Nationale. A participé à plusieurs ateliers littéraires et poétiques dirigés par Policarpo Varon, Marco Tulio Aguilera Garramuño et Eduardo Marceles Daconte à la faculté de l’Université Pédagogique Nationale, l’Université Centrale et à l’Université la Gran Colombia.  A publié, entre autres trois recueils des poèmes, dont le dernier « Sintonias » en 2006. ALMA écrit aussi en prose poétique, elle a plusieurs narrations poétiques  inédites.

Par VERICUETOS - Publié dans : POESIE/POESIA
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Mardi 27 mars 2012 2 27 /03 /Mars /2012 23:46

Hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles

Como en Abril el campo, que tiembla de pasión;

 

bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión...

 

                                                    Canción de la vida profunda de  Porfirio Barba Jacob

 

 

Porfirio Barba-Jacob transido y compungido en su realidad


                                                                       Por efer arocha

 

 Porfirio Barba Jacob3

 

 

 

  PROLEGOMENOS

   

El trabajo que hemos hecho sobre la obra y la persona de Porfirio Barba-Jacob, por necesidades metodológicas, se sumerge de manera forzosa en varias direcciones, dado que el siglo XIX es un lapso de formación y consolidación de los diferentes Estados que constituyen hoy América Latina. Colombia, primera patria del poeta, se debate en un complejo mundo de contradicciones, entre los cuales se encuentra la necesidad de forjar sus nuevos valores culturales y estéticos para crear una fisonomía propia, mediante el hecho de inventarse, como lo dicen el historiador mexicano, Edmundo O’Gorman y el esteta peruano Juan Acha(1), en la búsqueda del camino hacia una cultura nacional. La obra de Porfirio Barba-Jacob es una parte de esa realidad y su continuación, hasta hoy todavía reversada por las convulsiones sociales.

    En el siglo XIX Colombia se independiza de España mediante la crítica de las armas. Instaura una República e inicia un proceso de transformaciones que eran indispensables para consolidarse como un verdadero Estado independiente. Su principal necesidad material consistía en pasar de una economía meramente agrícola a una economía de tipo industrial. Dos enfoques políticos entran en competencia para imponerse: los centralistas que consideraban que el Estado debía corresponder a un solo cuerpo administrativo, y los federalistas que eran del criterio que las administraciones debían ser regionales. Como no se logró un acuerdo, la naciente República se sumió en sucesivas guerras civiles, las que aún no terminan hoy. En una de estas guerras, Porfirio Barba-Jacob fue soldado y oficial. En el seno de esta realidad no había espacio para la creación de las instituciones que exigían el arte y la cultura para una sociedad, ahora libre.

La realidad del movimiento social hace que la poesía continúe enmarcada dentro de los parámetros del modelo colonial. En el ciclo de la emancipación se funden literatura e intereses políticos, la poesía enaltece mediante su carácter épico, los valores militares y patrióticos. José Fernández Madrid, poeta cartagenero, escribió con motivo del desaparecimiento de Atanasio Girardot, un poema titulado Oda a la muerte de Girardot, otro dedicado a Simón Bolívar,Canción al padre de Colombia, además de Oda a los libertadores de Venezuela(2). Trabajando esta misma temática encontramos a Luis Vargas Tejada y a José Joaquín Ortiz; este último escribió un extenso poema a la bandera, dividido en tres partes: la bandera del combate, el triunfo y la paz.

La poesía de la Colonia en Colombia, fue un modelo que poetizaba la naturaleza mediante lo pastoril y bucólico de las zonas campesinas. En las ciudades exalta lo religioso, las virtudes de la moral cristiana y el sentido de lo crístico. A partir de 1838, el movimiento romántico que viaja por el mundo, hace su presencia en el país, alcanzando su máximo apogeo en 1860, cuando Tomás Cipriano de Mosquera establece una nueva constitución, con valores que corresponden a una administración moderna, como fueron los principios de concepción de Estado laico, Cuerpos legislativo y judicial. Igualmente se establecieron elecciones cada dos años.

El poema criollo que se caracterizaba por una rigidez temática y usando un molde inamovible sustentado en el soneto, rápidamente fue modificado por la corriente romántica, que en Colombia se manifestó en dar libertad a los sentimientos, liberar las imágenes, lograr mayor intensidad en el verso. Mediante su vivacidad dio espacio a lo nacional y con ello a lo heroíco, adicionando otros elementos modificó completamente la creación poética antecesora. Es sobre este terreno que echó una de sus primeras raíces el poema de Barba-Jacob.

La poesía romántica estaba representada en poetas como Gregorio Gutiérrez González, Diego Fallón, Rafael Pombo, Epifanio Mejía, Rivas Groot, Joaquín González Camargo, José Caycedo Rojas y muchos otros. José Manuel Marroquín se destaca en este grupo porque es el autor de La Perrilla, poema de veintitrés estrofas, de cuatro versos octasílabos, texto obligatorio para el conocimiento de la poesía del siglo XIX en Colombia.

La poesía que a su vez es un producto social histórico, y como tal, no se margina de los cambios y convulsiones sociales, produjo un movimiento poético de tinte popular, a causa de las transformaciones sociales antes analizadas y a la ruptura entre el criollismo y el poema modernista. Esta manifestación poética ha sido hasta ahora ignorada por la crítica colombiana. Algunos especialistas la mencionan sólo para desdeñarla por la razón de que era la receptora del pesimismo de su tiempo, debido a que sus adeptos terrminaban suicidándose. Fueron numerosos los casos de suicidio en el Salto del Tequendama. Allí cada suicida antes de lanzarse al abismo, leía su poema preferido de esta corriente, que en la poesía colombiana se le conoce con el término despectivo de “poetas llorones”.

Sólo un poeta cuyas obras marcaron todo el siglo XX, en la poesía nacional, retomó la vertiente pesismista para incorporarla en sus poemas en la categoría de lo tanático. El fue Julio Flórez, poeta romántico y simbolista, que es considerado entre los grandes de la poesía colombiana y uno de los preferidos de Porfirio Barba-Jacob, en las lecturas de sus tiempos juveniles.

Dos revistas preparan el advenimiento del modernismo en Colombia. En 1859 sale a la luz en Bogotá, El Mosaico, publicación que es un espacio para la literatura, ciencia y música(3). En Medellín, capital de Departamento de Antioquia, al que pertenece el Municipio de Santa Rosa de Osos, lugar de nacimiento de Porfirio Barba-Jacob, la publicación más sobresaliente fue la revista Oasis que agrupaba a los escritores y poetas antioqueños. El paso del romanticismo al modernismo que los historiadores de la literatura colombiana consideran que terminó entre 1880 y 1890, se le califica como etapa de transición, período en el que nació el poeta. Una parte de la poesía de esa época, presenta una característica de retorno a las fuentes coloniales, porque cae en un costumbrismo que destaca la descripción de lo cotidiano, satiriza y hace uso de lo burlesco y de lo moral. Ricardo Carrasquilla, hace un poema a las fiestas de los toros en Bogotá. Ricardo Silva, padre de José Asunción Silva, relata un cuadro costumbrista en el poema El niño Agapito. Roberto Mac-Douall, considerado uno de los clásicos del romanticismo colombiano, crea un poema que su título lo dice todo, porque es una descripción de lo que sucedió en la fiesta del día del casamiento de su hermana, A mi hermana Elena en el día de su matrimonio.

El romanticismo colombiano se encontraba en completa declinación cuando llegaron desde París, el simbolismo y el parnasianismo, frescos por su olor a tinta y sin ninguna alteración. Los escritores colombianos recibían solamente con el retardo que necesitaba el barco para atravesar el océano, folletos, periódicos, revistas y libros. El francés era la lengua obligada de los intelectuales. Fueron corrientes los libros de Stéphane Mallarmé, de Théodore de Banville, de Paul Verlaine, entre muchos. Los poemas Ophélie y Credo In Unam, de un joven desconocido llamado Arthur Rimbaud, rechazados por un miembro del comité de selección de la revista Parnasse Contemporain, Charles Leconte de Lisle(4), circularon en Bogotá como una curiosidad poética, y luego pasaron al olvido.

En esta atmósfera intensa en la capital, y menos acentuada en la provincia, hace sus lecturas de joven, y escribe sus primeros poemas Porfirio Barba-Jacob. En torno de su vida y la compilación totalmente inédita de su obra periodística, dedicamos la segunda parte de nuestro trabajo, y la primera a su obra poética.

La mayor parte de su escritura en relación con la prensa, se perdió, a causa de los avatares políticos de la revolución mexicana y las tragedias de los golpes militares, insurrecciones y revoluciones, por los países en que anduvo el poeta. Convulsiones que en sus desvastamientos tenían como blanco estratégico los medios de prensa. Por esto, los medios escritos estaban entre los primeros que se incendiaban, hecho que convirtió en cenizas gran parte de la prosa periodística de Barba-Jacob. Es de lamentar la pérdida de una revista dedicada a la cultura y sus escritos en el célebre periódico Churubusco.

La segunda parte de esta investigación se orientó siguiendo las fuentes de sus biografías, documentos en archivos oficiales y en colecciones privadas. Un trabajo de campo ha sido necesario para establecer pruebas en los distintos lugares en que vivió y realizó su obra, tanto poética como periodística. Los resultados de nuestra búsqueda revelan un personaje totalmente atípico, dentro de los parámetros de su tiempo. Su actuar profesional, su conducta en el ámbito de la literatura y en lo social, rompen los esquemas de comportamiento orientado por lo razonable y lo lógico, dando lugar a ser calificado de marginal y demoníaco.

El anterior material modela a un Barba-Jacob como un personaje que produce rechazo o simpatía, pero que no deja indiferente. En él todo es anormal y complejo. Esta fue nuestra gran dificultad porque no sabíamos en qué momento nos encontrábamos, si en la leyenda, en el mito o en la realidad. Bástenos con señalar una de esas situaciones totalmente incomprensibles por lo paradójico. El alcalde de Santa Rosa de Osos lo persigue como infractor de la moral pública, por escribir la novela titulada, Virginia. Ordena su incautación y multa a su autor con una elevada suma de dinero, so pena de ser encarcelarlo en caso de no pago. El cura párroco del pueblo lo excomulga, por infringir las leyes de dios, hecho que en las condiciones de la época resultaba peor que ser condenado a muerte, porque la zona no es religiosa, sino ultra católica, y con ello se corre el riesgo de ser agredido físicamente por cualquier fanático. En este contexto el gobernador del Departamento de Antioquia lo nombra director de la Escuela de Varones de Santa Rosa de Osos, para reemplazar a Abraham Rojas. En Colombia aún hoy, el poder del cura párroco es enorme, y el alcalde era y es la primera autoridad municipal en representación del Estado. En aquel entonces lo nombraba el gobernador, hoy es elegido por elección popular. Consideramos que una de esas tres situaciones no correspondía a la realidad. Las dos primeras, son hechos establecidos. Recurrimos a los archivos históricos del Departamento de Antioquia, y efectivamente el 3 de julio de 1905, el gobernador dictó el Decreto número 580, donde se nombra al poeta como director de la Escuela citada. A este mismo documento, se refiere Jaime Tobón Baena en un ensayo que tiene como título “Porfirio Barba-Jacob lleva el magisterio en el alma y en la sangre”, el cual ha sido publicado en la revista N°3 dedicada al centenario del poeta(5). Aún incrédulos, pensamos que lo habían podido nombrar, pero que no había tomado posesión de su cargo. No sólo comprobamos que había asumido el puesto de director, sino que usaba el mismo vestido de color negro todo el tiempo para dar clases y para llevar a los alumnos a la misa dominical, despertando la curiosidad de los estudiantes, porque era el único feligrés que no comulgaba entre los asistentes ni seguía el desarrollo del rito religioso.

  Barba-Jacob tiene una imagen de vagabundo, de transgresor, pero detrás de ésta se oculta otra cara, la del educador. Lo encontramos como profesor universitario, como promotor y cofundador de centros de educación superior, como en el caso de la Universidad de Guadalajara, en México, que además de cofundador, fue su director por un tiempo. En Guatemala es uno de los fundadores de la Universidad Popular de Guatemala, y uno de sus profesores. En el área de la cultura, promueve simposios, seminarios, conferencias; en esto último fue un conferencista que adquirió notoriedad. Además organiza tertulias, exposiciones de pintura, recitales, conciertos, destacándose como promotor en los campos mencionados. Fundador y director de numerosas revistas culturales y artísticas. En su condición de periodista fundó varios diarios. La mayoría de ellos de gran tiraje, verdaderas empresas de la palabra periodística. Algunos existen actualmente, como es El Imparcial de Guatemala y Ultimas Noticias del Excélsior de México, empresas de desenlace trágico. El Excélsior es el responsable de la miseria en que murió el poeta. En una carta del 23 de septiembre de 1940, dirigida a su amigo Juan B. Jaramillo Meza, Barba-Jacob lamentándose de su vida miserable, cuando ya no estaba en condiciones de trabajar a causa de su enfermedad, le comenta que fue despedido del vespertino, sin la más mínima consideración. A continuación transcribimos un aparte donde él hace alusión a lo referido: (6)

Toda esta ctividad se encuentra tratada en la segunda parte. Como se puede colegir, Barba-Jacob fue un agente de progreso en los planos materiales e intelectuales, para los distintos territorios que lo acogieron. En este contexto de educador, aparece la ironía de los hechos tozudos de la vida dura. Barba-Jacob, apenas sí, hizo la escuela primaria, e intentó la secundaria, las carencias económicas lo privaron de estudios propios de la educación formal. En un pasaje de la “Divina tragedia”, que es su testamento literario, anota rasgos de esta realidad: (7)

Lo que Barba-Jacob llamó sus estudios clásicos, es esa gran universidad que es la vida, la cual le deparó una autoformación que debió ser muy sólida, porque en su función de educador surge un interrogante, ¿cómo pudo el poeta salvar el obstáculo para ejercer el magisterio a nivel superior en un medio de pensamiento latino, donde el aval del saber debe estar precedido por el certificado de aptitud que son los diplomas? Eran los tiempos en que la universidad aseguraba el ascenso en la escala social, y sus certificados garantizaban el ejercicio de una profesión rentable, digna y feliz. Por ello, los exégetas del Ministerio de Educación Nacional de Latinoamérica, no se apartaban ni un milímetro de la norma.

 

 

Cancion de la vida profunda

                                                Original del poema Canción de la vida profunda

                                                                Documento de de Miguel Ángel Benítez

 

Comprobamos que Barba-Jacob era un lector voraz, en cada sitio dejaba arrumas de libros leídos que eran verdaderas bibliotecas, los cuales quedaban abandonados por lo abrupto de su partida. En México llegó a acumular una biblioteca cercana a los diez mil volúmenes, que perdió cuando el general Plutarco Elías Calles, quien fuera criticado por Barba-Jacob, desde las columnas de la prensa mexicana, por los manejos indebidos en sus funciones ministeriales, en represalia lo expulsó brutalmente de México, sin permitirle llevar sus objetos personales, y ni siquiera despedirse de sus amigos. Barba-Jacob se lamentó durante muchos años de la pérdida de sus preciosos libros.

Por su trabajo como periodista siempre era un perseguido por aquéllos que fueron objeto de sus críticas. Encubiertamente descriminado y hostigado por algunos de sus colegas profesionales por celo en el oficio. Los partidos y los grupos políticos se convertían en sus adversarios cuando su palabra periodística no estaba a su servicio, o recibían sus ácidas y corrosivas críticas. En su trabajo profesional fue un denodado partidario de las libertades públicas, ciudadanas y de la democracia. Por ello, los dictadores latinoamericanos le impedían entrar a los países donde gobernaban, empezando por Juan Vicente Gómez, dictador venezolano. Por el mismo motivo fue encarcelado y también fue expulsado de Honduras, Guatemala y Perú, conminado a abadonar el país por Gerardo Machado, dictador cubano, y por otros de la misma estirpe en Centroamérica. A causa de esta situación tuvo que enfrentar periodos de absoluta pobreza, donde las calamidades fueron una dominante. En el campo internacional escribió muchos editoriales en el vespertino Ultimas Noticias del Excélsior de México, denominados “Perifonemas”, que le valieron un notable prestigio de analista de la política internacional. Fue un firme defensor del derecho de asilo; en este sentido defendió a León Trotsky para que entrara y permaneciera en México, lo mismo que a los cientos de judíos que huían de Europa por las persecusiones del nazismo y el facismo. De la misma manera mostró sus simpatías por los republicanos en la Guerra Civil Española, por Léon Blum a la cabeza del Frente Popular francés. Criticó a Benito Mussolini y a Adolfo Hitler en la Segunda Guerra Mundial, y en ese orden analizó todos los hechos más sobresalientes del conflicto bélico hasta mediados de 1940, porque a causa de su enfermedad la prensa prescindió de sus servicios profesionales. Murió a principios de 1942. Lo anterior está tratado en la segunda parte.

A su obra poética le hemos dedicado la totalidad de la primera parte. Ella refleja una parte de su vida porque muchos de sus poemas son condensaciones autobiográficas en verso. El fue un contestatario del orden imperante. Un transgresor de la norma social y jurídica. Un atormentado del medio en que vivió porque nunca se encontró con esa armonía que liga el sentir con el vivir. Su primera forma de romanticismo fue una actitud frente a la vida, que se convirtió en la fragua que cardó la palabra poética de sus versos, los que contienen una imagen tremenda por sus significantes humanos. Andrés Holguín, intelectual colombiano, ha sido el primero en abordar la actitud romántica de la vida, como lo real empírico en la existencia del poeta, en su análisis, Barba-Jacob y el romanticismo (8). Su romanticismo es primero y ante todo, un producto de la experiencia cotidiana y no el derivado de su lirismo versificador. En el poema de Barba-Jacob está el sentimiento poético como consecuencia de la experiencia más profunda del mundo de su interioridad.

El concepto de romanticismo en la obra de Barba-Jacob, se enmarca en el plano de lo regional latinoamericano, que es diferente del concepto, de lo que en Europa se entiende por romanticismo. Basta con señalar sólo un aspecto. El romanticismo europeo tiene sus cimientos sobre la cultura clásica, cultura que es completamente inexistente en Latinoamérica por razones de tiempo y espacio histórico. En el verso de Barba-Jacob el carácter predominante de su sentido romántico, se encuentra en la oposición entre sentimiento y razón, y no entre sensibilidad y libertad. Consideramos que éstos son dos polos guiadores para la comprensión de su obra.

La presencia romántica en la obra de Barba-Jacob la tomó de dos vertientes. La europea a través del movimiento alemán, inglés y muy particularmente de la tendencia francesa. En lo nacional de los mosaiquistas, y también de Guillermo León Valencia y Julio Flórez, a quienes el poeta consideró como sus primeros maestros.

El movimiento poético que demenuzó plenamente, a través del verso Barba-Jacob, fue el simbolismo; empezando por el Manifiesto de Moréas, el cual era una de las lecturas obligatorias de los escritores colombianos de fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

El elemento simbólico se encuentra en el verso de Barba-Jacob mediante la simbología de las étnias africanas trasplantadas al Caribe, Centroamérica y a la parte norte de América del Sur, por medio del sincretismo del hechizo a través de los ritos mágicos, sobre todo en el vudú. Pero donde verdaderamente se siente el peso de la poética simbólica, es en el hecho de que logra la libertad para el poeta de versificarse asimismo en cualquier sentido, en su condición de unidad. Porfirio Barba-Jacob hizo suya esta divisa incorporándola a su texto literario, el cual es palpable en el conjunto de su obra. La cúspide del enfoque se encuentra en uno de sus poemas de mayor popularidad, dedicado a las intrinsidades humanas, Canción de la vida profunda (9). Transcribimos dos estrofas:

El poema que es una individualización del mundo interior versificando los estados de ánimo, se reencuentra con cada lector, en su experiencia personal, en razón de que el verso es práctica individualizada de la voz poética, que es individualizante e individualizadora en las vivencias de los distintos lectores.

En cuanto a la poética latinoamericana modernista, la obra de este autor se encuentra ligada al modernismo de los demás poetas que fueron sus contemporáneos, y al igual que él gestores y constructores de dicho movimiento. Movimiento que se enmarca en la necesidad apremiante e impostergable de Latinoamérica, constituida en Repúblicas independientes y libres, con una herencia literaria común, atada por diferentes lazos a España, monarquía colonialista, y ligada también a Repúblicas colonizadoras europeas. El modernismo latinoamericano se inventa a sí mismo, por esa necesidad que tienen estos pueblos de cerrar y sellar en un acto original del arte que les permita establecer una diferencia con el arte dominante y dominador. Necesidad que fue el andamiaje sobre el cual nació el modernismo, tal como se reinventó la pintura, la más auténtica de Latinoamérica, el muralismo mexicano. 

Los contenidos modernistas, en la obra de Pofirio Barba-Jacob, son negados o afirmados por quienes dedican espacios a comentar sus versos, pero ni unos, ni otros, se han detenido a bucear sus textos y a demostrar sus afirmaciones o negaciones. La adversidad de su azarosa existencia, se hace extensiva a su obra poética, y nuevamente lo paradójico cobra presencia. Barba-Jacob conoció a los hermanos Max y Pedro Henríquez Ureña, en Monterrey, en la época que eran jóvenes como él. Los promovió y los publicó en los medios de prensa. Los animó y los impulsó por el camino de la literatura, y en reciprocidad a este gesto, el autor del libro Breve historia del modernismo, obra sólida y famosa sobre el tema, y con el correr del tiempo faro y abrevadero de críticos y especialistas, apenas sí lo menciona en tres líneas, para decir que su modernismo está en un segundo plano, y destaca más la importancia de sus seudónimos, al lado de Gregorio Castañeda Aragón, Miguel Rasch, Eduardo Castillo, Leopoldo de la Rosa y José Eustasio Rivera. Sobre este último, emite un juicio brevísimo de penetrante agudeza.

La opinión de Henríquez Ureña, fue un plomo que lo hundió y lo oscureció durante más de medio siglo para los ojos de los entendidos del modernismo. En cambio, han trabajado para él, la memoria de su vida atormentada y trágica de errabundo. Cada uno de sus poemas en forma paciente han venido abriéndole el sendero tortuoso y empinado del reconocimiento. Entre los que se destacan: Acuarimátima, La Dama de cabellos ardientes, Campaña florida, Mi vecina Carmen y ciento veintiséis poemas más.

El verso de Barba-Jacob contiene la reacción del modernismo que buscó sustituir la imagen acuñada en exceso y gastada por reiteración. La metáfora de Barba-Jacob es el producto de la búsqueda para perfeccionar la forma y renovar la expresión del verso; rompiendo todas las ataduras de la retórica tradicional. Como es sabido el modernismo liberó al verso del reducido número de metros en que se mantenía rígido, aumentando el número de versos, tanto simples como compuestos. En el poema latinoamericano aparecieron los metros de diez, quince o más sílabas, todos ellos presentes en el poema de Barba-Jacob. En el modernismo, el anacrusis cobra vigencia y fuerza como en los poemas de Leopoldo Lugones. La sinestesia, hija de la poesía greco-latina, en boga en el barroco y en el simbolismo francés, adquiere en el modernismo, mediante el malabarismo de la imagen, como lo practicó Julio Herrera y Reissig(10), una significación distinta. Estos elementos formales y muchos otros están presente en la metáfora de Barba-Jacob.

Un elemento que define al modernismo es el empleo temático de lo transhistórico, empezando por Rubén Darío. En Barba-Jacob esto se encuentra en poemas donde se alude a los personajes del imperio romano y a otros espacios históricos, tratados en la primera parte de este trabajo. Los contenidos modernistas inspirados en la canción popular, en el trabajo del obrero y del campesino, los elementos tanáticos, la presencia de las máquinas, los transportes, la navegación, lo material moderno, son recolectados para convertirse en materia de sus versos. Todo esto ha sido analizado en la primera parte.

En lo que concierne a lo cuantitativo de su obra poética, ha sido un largo y dispendioso trabajo lograr determinar su número. Cuatro años después de la muerte de Barba-Jacob, los especialistas consideraban haber concluido esa tarea, citando una cantidad exigua. A este respecto recurrimos a uno de estos especialistas:(11)

Piedad Bonnett publicó un libro en 1996 con el título de Poesía completa, considerando que se incluyen todos sus poemas con un total de ciento veinte. De nuestra parte hemos descubierto aproximadamente una decena más, sobre los cuales hay algunas dudas. No obstante, que a la altura de las investigaciones históricas de hoy, no se ha logrado establecer en rigor la cantidad, se puede afirmar que quedan muy pocos poemas por fuera del presente trabajo. En cuanto a la publicación de su obra poética en vida del autor, sus poemas aparecen publicados en forma aislada, en periódicos y revistas, en un espacio de cuarenta años, como él lo certifica en un prólogo que escribió para un folleto:(12)

Hemos encontrado prólogos que anuncian libros como el anterior que se titula Autobiografía, que no pudimos comprobar su existencia. Muchos de ellos, es posible que hayan sido escritos, entre los que se desaca La filosofía del lujo, del que Barba-Jacob sostenía que era su máxima obra en prosa. Son de tres a cinco los folletos de los cuales podemos estar seguros que se publicaron, dedicados exclusivamente a su obra poética. En relación con la posibilidad de que sus escritos en prosa hayan sido publicados en forma de libro, es un hecho que prácticamente descartamos.

Debe tenerse en cuenta que en varias ocasiones los propietarios de hoteles de diferentes países, retenían sus haberes personales, entre los que se encontraban originales de su obra poética o en prosa. Esto con el objeto de presionar al huésped para que pagara sus abultadas cuentas de servicios. El poeta siempre se escabullía dejando abandonadas sus modestas pertenencias.

Los poemas citados, crónicas y editoriales los incluimos en el anexo. Otros documentos que allí van lo señalamos en la parte correspondiente. 

 

NOTAS

 

1   FREROT, Christine, Identidades Artísticas de América Latina y El Caribe, París: 1999, p. 11.

 

2   NUÑEZ SEGURA, José Antonio, Literatura colombiana, Medellín: Bedout, 1961, 5ª Edición, p. 140.

 

3  Se incluye en el anexo una fotocopia de la carátula de la revista El Mosaico, y una fotocopia de la página 4 del primer número.

 

4   STARKIE, Enid, Arthur Rimbaud, Ediciones Siruela, Madrid: 1989, p. 50.

 

5  TOBON BAENA, Jairo, “Porfirio Barba-Jacob lleva el magisterio en el alma y en la sangre”, in Revista del Centenario de Porfirio Barba-Jacob, N° 3, Santa Rosa de Osos: junio de 1983, pp. 31-38.

 

6  BARBA-JACOB, Porfirio, “Carta dirigida a Juan B. Jaramillo Meza”, México D.F.: septiembre 23 de 1940.

  

 [...] Ya imaginarás que en tales circunstancias físicas mi penuria económica tiene que ser absoluta. La cooperativa periodística de Excélsior, el gran diario en que estuve trabajando cuatro años y donde me decían admirarme y quererme mucho, se limitó, al ver que no podían seguir exprimiéndome, hacer que me pagaran los cuatro meses de sueldo que prescribe la ley mexicana, y después...nada. ¡Cuánto pudiera yo decirte acerca de esta frialdad!. Fui uno de los fundadores de la segunda edición de ese diario llamada Ultimas Noticias de Excélsior, en la cual no se gastaron sino doce mil pesos y que hoy se calcula que vale no menos de un cuarto de millón. Siempre se me dijo, y se me repitió hasta el fastidio, y se me repite aún, que mi pluma fue uno de los factores principales de la estupenda victoria editorial. […]

 

7  BARBA-JACOB, Porfirio, Obras completas, Medellín: Ediciones Académicas de Rafael Montoya y Montoya, año MCMLXII, pp. 357-358.

 

[...]fui a Bogotá entre lágrimas y sonrisas. Para que mis abuelos se resignasen a retornarme al lejano hogar, díjose que mi padre navegaba con vientos propicios: era una eminencia entre los empleados de tercera categoría, ganaba buen sueldo, y quería enviarme a París... pero no había tal prosperidad.[...]

 

[...]...y mi timidez para andar entre personas, dizque era hábito de montañero: “Si, educado por ese burdo don Emigdio...” Y mi franqueza de campo abierto, de brisa derramada, de brote, de grito, dizque era falta de urbanidad: “¡Qué niño tan brusco! la brusquedad de doña Benedicta...” Y todo esto me hería, me hería en lo más hondo. Y no  hubo paz en mi corazón. Y no la hubo en esa familia estrambótica. Y fui enviado a la Escuela Normal. Estuve un año, porque al finarlo, allá por exámenes, advino la guerra de 1899. El año que estuve repasé la Historia Sagrada, la Gramática de Marulanda, la Religión del Padre Ortiz, la Aritmética de Rueda hasta la división de quebrados, y otras cosas menos profundas. Enseguida pasé a mi Escuela Preparatoria, o como quien dice, a mi facultad hispano-americana de estudios clásicos: la campaña en guerra civil. Fui soldado conservador, porque me reclutó el gobierno conservador...[...]

 

8  HOLGUIN, Andrés, “Porfirio Barba-Jacob y el romanticismo”, in Revista del Centenario de Porfirio Barba-Jacob, N° 1, Santa Rosa de Osos: abril de 1983, pp. 41-51.

 

9  BARBA-JACOB, Porfirio, Porfirio Barba-Jacob poesía completa, Bogotá: El Ancora Editores, 2000, Segunda reimpresión de la Tercera edición de 1996, p. 108.

 

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,

como en Abril el campo, que tiembla de pasión;

bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,

el alma está brotando floresta de ilusión.

 

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,

que nos depara en vano su carne la mujer;

tras de ceñir un talle y acariciar un seno,

la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

(Canción de la vida profunda)

 

10 HENRIQUEZ UREÑA, Max, Breve historia del modernismo, México: Fondo de Cultura Económica, 1954, p. 16.

 

11 ARANGO, Daniel, “Estudios y ensayos Porfirio Barba-Jacob”, in Revista del Centenario de Porfirio Barba-Jacob, N° 3, Santa Rosa de Osos: junio de 1983, pp. 17-30.

 

[...] Aunque desconocidas las fechas de algunos poemas, podría asegurarse que lo fundamental en la obra de Barba-Jacob está realizada entre los años que van de 1906 a 1925; los versos escritos posteriormente no añaden nada vital a su poesía y antes bien la prolongan con tibieza. Es muy breve esta obra: 80 poemas, más o menos, -sin incluir lo pocos que andan dispersos- entre los cuales no pasarían de veinticinco[...]

 

12 BARBA-JACOB, Porfirio, in Obras Completas, op. cit., p. 324.

 

[...] Amigos ilustres, que tanto me habéis estimulado a recoger mi obra en un volumen; afectuosos, ingenuos admiradores del tránsito, que os dolíais de que yo fuera escribiendo en el viento, sin unidad en mi vida y como bajo el influjo de una embriaguez diabólica: he aquí el libro que me representa, el fruto amargo de mi saber. Resume los esfuerzos de muchos años de experiencia honda y seria del dolor humano, de dilatación de la fantasía, de pugna con las palabras. Compensa el tiempo que he hurtado a la regularidad de la empresa periodística, en mi vagabundez.

                                                   

                                                                                            Porfirio Barba-Jacob transido y compungido en su realidad, suite 2

 

Par VERICUETOS - Publié dans : ESSAIS
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Mardi 27 mars 2012 2 27 /03 /Mars /2012 23:44

 

 

El lapso tempo espacial y sus nexos con el poema

 

 

Monumento a Porfirio Barba Jacob en Santa Rosa de Osos

  Monumento a Porfirio Barba Jacob, en Santa Rosa de Osos

 

  

 Consideramos que es necesario tener una idea general sobre la ubicación del periodo en el cual escribió sus primeros poemas Miguel Angel Osorio, nombre de pila de Porfirio Barba-Jacob, tema sobre el que nos detendremos en la segunda parte que constituye  este trabajo. La poesía colombiana a partir de 1883, fecha del nacimiento del poeta, hasta 1907, año en que salió del país y al cual retornó sólo en dos oportunidades, fue muy fértil en cuanto a su cantidad y diversidad. El movimiento literario era vigoroso, particularmente el poético; si se tiene en cuenta que en Colombia los factores de progreso eran muy incipientes, debido a que no se podía consolidar la República porque los dos grupos políticos, -liberal y conservador-, que se disputaban el poder, vivían en permanentes guerras civiles, y como se explicará en la segunda parte, Barba-Jacob fue oficial del bando conservador, en la Guerra de los Mil Días. Las guerras fueron hechos que retrasaron el desarrollo del país, en el sentido material, intelectual y artístico.

El transporte en lo fundamental se hacía a lomo de mula; la construcción de las vías carreteables y férreas se encontraba en una etapa inicial. El país era casi completamente rural, con una población ubicada en el campo que fluctuaba entre el ochenta y cinco, y el noventa por ciento, en su mayoría analfabeta. El sector urbano lo constituía un número muy reducido de ciudades de poca significación en cantidad de habitantes. Medellín capital del Departamento de Antioquia, territorio al cual pertenece administrativamente el Municipio de Santa Rosa de Osos, lugar de nacimiento de Porfirio Barba-Jacob, tenía en el año de 1883, una población de treinta y siete mil doscientos treinta y siete habitantes, y en 1905 había aumentado a cincuenta y nueve mil ochocientos quince(13). Bogotá era el centro principal de las actividades culturales, intelectuales y artísticas.

  El movimiento poético tenía existencia mediante los grupos, las tertulias, lecturas y recitales, también con las publicaciones regulares en diarios como El Telegrama, que fue el primero en publicar en 1886, en Bogotá, un suplemento literario dominical que concedió significativos espacios a la poesía. Otros periódicos como El Nuevo Tiempo, El Correo Nacional, los que dirigiera el poeta parnasiano Ismael Enrique Arciniegas, contribuyeron a su divulgación. Asimismo, la revistas fundadas y dirigidas por poetas, tales como Santo y Seña, La Epoca, Gris y Trofeos, entre otras; fueron vehículos que dieron a conocer el poema de su tiempo. También las ediciones de libros y antologías. Es el caso de la antología que organizara el poeta José María Rivas Groot, publicada en 1886 y titulada La Nueva Lira, en la que aparecieron ocho poemas de José Asunción Silva y varios de Julio Flórez. Este último en su tiempo logró una de las más altas difusiones de sus poemas, a tal grado, que los músicos populares los convertían en canciones, haciéndoles algunas alteraciones, hecho que perjudicó en forma notable al conjunto de su obra.

Julio Flórez, para divulgar el simbolismo fundó en 1900 una de las tertulias más connotadas intelectualmente, dejando un registro de memoria profundo en la historia del movimiento cultural colombiano. A las reuniones de La Gruta Simbólica, que así se llamaba la tertulia, asistían setenta miembros de manera regular. Fue el centro de agudas polémicas intelectuales y causa de múltiples publicaciones; tuvo una vida relativamente corta, expiró en 1903. Su fundador y animador fue coronado en Usiacurí, -un pueblito olvidado de la costa atlántica colombiana-, como poeta nacional, días antes de su muerte. Este poeta, 1867-1923, es calificado como romántico por la mayoría de la crítica colombiana, mientras que otros reconocen que es también simbolista, valorándolo dentro de esta última corriente.

Un poeta de notoriedad de la época, fue José Asunción Silva. En su casa se agruparon los que serían considerados más tarde como el núcleo de los modernistas colombianos, entre los que se contaban Joaquín González Camargo, Diego Uribe y Clímaco Soto Borda, entre otros. Silva es considerado como el pilar del modernismo colombiano y murió en 1896. Era el tiempo en que Barba-Jacob se encontraba en plenas lecturas poéticas; leía vorazmente todo lo que circulaba en los medios intelectuales y juveniles, tanto a los románticos españoles como a los colombianos. Asiduo lector de la nueva poesía colombiana que estaba de moda entre los círculos de intelectuales, sus poetas criollos preferidos fueron: José Asunción Silva, Guillermo Valencia y Julio Flórez.

Baldomero Sanín Cano, prestigioso intelectual colombiano y primer erudito de la ciudad de Bogotá, convirtió su casa en sede permanente de los distintos grupos poéticos que seguían las diferentes corrientes. Tres se destacaban. El primer grupo lo formaban dos corrientes, los que se consideraron simbolistas donde se incluye a Julio Flórez, Jorge Pombo, Casimiro de la Barra y Enrique Alvarez Henao, los pos-románticos que se catalogaron así, porque entre sus lecturas preferidas se encontraba la poesía española de José Espronceda, Gustavo Adolfo Bécquer, Gaspar Núñez de Arce y Manuel José Quintana. Entre los románticos colombianos, uno de los preferidos del grupo fue Candelario Obeso, calificado por la crítica de su tiempo como el más sobresaliente de los románticos, y quien murió en 1884.

En el segundo grupo sobresalía Guillermo León Valencia, que fue poeta y político. Candidato a la presidencia de la república en dos oportunidades. Uno de sus poemas, Anarkos, de carácter social, alcanzó una alta popularidad. Inmediatamente lo conoció el público. Lo escribió en 1887 con el objeto de recitarlo en un concierto de beneficencia. Guillermo León Valencia, a principios de siglo XX, se encontraba entre los poetas más leídos por la crítica literaria, los medios artísticos e intelectuales. Lograba la aceptación incondicional de las distintas capas de la sociedad colombiana. Con él se agrupaban Aquilino Villegas, Max Grillo, fundador de la revista Gris, Victor M. Londoño, director de la revista Trofeos, e Ismael Enrique Arciniegas quien fue director del periódico El Correo Nacional.

El tercer grupo lo encabezaba José Asunción Silva, quien con sus poemas de ruptura y cambio, hacía furor entre la juventud. Los maderos de San Juan había invadido la geografía colombiana y ganaba el exterior por el sur, entrando a Ecuador, Perú y Chile. Los estudiantes y profesores de escuelas y colegios lo conocían de memoria y lo utilizaban en los recreos escolares, no como poesía, sino como un instrumento lúdico ignorando el nombre de su autor.

En esta atmósfera respirada en la ciudad de Bogotá, intensa y contradictoria, irrumpió el poeta provinciano Porfirio Barba-Jacob, quien se puso en contacto con los distintos círculos de escritores, artistas e intelectuales. No logramos encontrar pruebas que nos permitan afirmar cuál pudo ser la acogida o el rechazo dado al poeta, pero se puede concluir que no fue satisfactoria en este su primer viaje, puesto que regresó muy pronto a su ciudad natal.

Santa Rosa de Osos, pueblo rural bastante alejado geográficamente de Bogotá y relativamente distante de Medellín, estaba constituido entonces por tres calles. Condiciones que hacen pensar que carecía de toda actividad intelectual y artística; sin embargo, no era así. En un ambiente tan reducido fueron contemporáneos de Barba-Jacob, nacidos en su mismo pueblo: Federico Carlos Henao, escritor y poeta; Francisco Rodríguez Moya, poeta y estadista; Victor Garay, poeta; Vicente Tobón Mejía, poeta, y Gabriel Mejía G., escritor(14). En Medellín, adonde iba de vez en cuando Porfirio Barba-Jacob, el movimiento poético no presentaba interés, puesto que era una especie de caja de resonancia de los hechos literarios de la capital de la República.

 En el plano internacional, las corrientes poéticas más conocidas y que influenciaron la poesía colombiana en la época que nos ocupa, fueron las francesas. Una de las razones que posibilitaron el nutrido intercambio cultural con Francia, obedeció al hecho que durante el siglo XIX se consolidó Colombia como una República soberana e independiente. Para desligarse de la tutela y de los nexos con España, estableció lazos estrechos con el país galo, lo que dio como resultado la creación de una especie de molde político copiado del francés, empezando por el poder legislativo y seguido por los códigos, donde el civil fue prácticamente una réplica del Código Civil Napoleónico. De Francia se trasplantaron a la nueva República muchas instituciones y formas para organizar la sociedad.

Este hecho repercute en los distintos campos de la sociedad colombiana donde el lenguaje también se incluye. Durante el siglo XVIII y XIX, inclusive hasta mediado del siglo XX, los intelectuales y artistas colombianos, tenían como segunda lengua el francés. Precisamente, una de las limitaciones de Porfirio Barba-Jacob la constituyó el desconocimiento de otra lengua, en sus viajes a Bogotá no pudo hablar en ninguna lengua extranjera como era corriente hacerlo en los cenáculos capitalinos, puesto que resultaba corriente común leer a Laforgue y a Rémi de Gourmont en francés. Es por esto que sus aseveraciones en México de que hablaba francés, no están respaldadas por ninguna prueba; todo parece indicar que no llegó hablar nunca esta lengua.

Charles Baudelaire era conocido de manera corriente entre los selectos grupos de intelectuales en la década de 1860; fecha en que la crítica literaria francesa considera que nació la verdadera generación de los simbolistas como Paul Adams, Albert Samain, Georges Rodenbach, Marie Krysinskar, Rémy de Gourmont, Francis Vielé-Griffin, Emile Berrearen, Jean Moréas, Charles Morice, Félix Fénéon, y otros.

Las obras de los escritores que hacían actualidad en París, eran leídas no solamente por la élite, sino por una mayor capa de lectores entre los que se incluían también los artesanos. Verlaine y Mallarmé, fueron conocidos en forma personal por muchos poetas colombianos de aquella época. Es el caso de José Asunción Silva, que en 1885 fue recibido en París, por Mallarmé y el pintor Gustave Moreau. Silva hablaba corrientemente el francés, como consta en la edición bilingüe de la Colección de Obras Representativas de la UNESCO(15)

Tanto el parnasianismo como el simbolismo, tomados como corrientes artísticas, se enraizaban en Colombia casi en el mismo momento en que nacían en Francia, puesto que las noticias de los dos lados del Atlántico llegaban frescas y había un intenso intercambio de libros, periódicos y revistas enviados desde la capital francesa y a la inversa.

 

Casa de Porfirio Barba Jacob

                                   La casa donde nació Porfirio Barba Jacob

 

El paisaje campestre donde pasó Porfirio Barba-Jacob sus primeros años de niñez, fue propicio para iniciarse en el verso, pero sobre todo lo que a la postre resultó determinante fue la sociabilidad infantil, realizada total y plenamente en un ambiente de absoluta libertad. Sobre esto, descubrimos varios testimonios de personas que por su condición merecen nuestra credibilidad. Su prima Ana Rita Osorio, dejó una prueba y nos lo describe así:(16)

En este ambiente feliz donde la figura paterna no tiene cabida y mucho menos existencia en tanto que valor simbólico de obediencia o de emulación, puesto que ha desaprecido, emerge el yo en total plenitud y exuberancia, el que lo estructura en los planos extrínseco e intrínseco, permitiéndole desarrollar toda su potencialidad interior. Es precisamente en este momento cuando Barba-Jacob se revela como creador de la palabra. Su prima Ana Rita cuenta que la primera vez que lo oyó hablar de poesía fue cuando su abuela les hizo un gran pastel para festejarlos. El poeta para congraciarse con la pastelera creó un poema que lo escribió en un pedazo de papel de un empaque de abonos, y de un librito que trajo de Bogotá copiaba algunas palabras hasta que armó un himno. Rita guardó celosamente el papel hasta cuando en un día de sus tantos trateos lo perdió. A partir de ese momento, él escribía las recitaciones de las rondas infantiles y hacía versos en todos los papeles que encontraba, hasta que un hecho extraordinario lo llevó a escribir lo que se consideran sus primeros versos.

Un primo suyo, Luis Felipe Osorio, se encontraba perdidamente enamorado de Amalia Uribe, y para conquistarla le propuso a Porfirio Barba-Jacob que le hiciera un acróstico, -género literario popular muy en boga en los siglos XVIII y XIX, y que hoy continúa vigente entre adolescentes-. Porfirio Barba-Jacob debía incluir pasajes de este idilio, asunto que rehuzó por considerar el género demasiado común. En su reemplazo le propuso hacer unos poemas, labor que cumplió en una tarde y Luis Felipe pagó por el trabajo de su primo cinco reales, suma muy significativa en la época. Este pasaje fue publicado por primera vez en septiembre de 1946, en Upsala, Suecia por Rudecindo Soto(17). El poeta lo contó con orgullo, en sus momentos de alegría, durante toda su vida.

En el plan de este trabajo incluíamos establecer de manera exacta la cronología de lugares y fechas en la elaboración de su obra, proyecto que fue imposible realizar por dos razones principales. La primera es la que no se encontró ninguna prueba fehaciente de credibilidad de dónde, cuándo y cómo escribió la mayor parte de su obra. Apenas se posee la certeza de un número muy reducido de sus poemas. La segunda está relacionada con la reforma de manera sistemática de ellos debido a que nunca los consideraba terminados. Además, porque Barba-Jacob llevaba el conjunto de su obra siempre consigo. Algunas veces la perdió y la encontró, en otras la perdió definitivamente, también la dejó empeñada en hoteles en su valija de viaje con sus objetos personales, no pudiéndola recuperar en algunas oportunidades. Tenía la costumbre de aumentar su obra con nuevos textos o la disminuía porque destruía poemas, algunos publicados en revistas efímeras, otros apenas leídos entre amigos y la mayoría conocidos exclusivamente por él, porque no se atrevía a mostrárselos a alguien. El poeta estableció con sus textos una íntima relación que puede calificarse de tallerismo continuo, consistente en cambiar títulos o sustituir metáforas, modificar versos, suprimir o agregar estrofas, rasgar y quemar poemas para rehacerlos de memoria. Sobre esto, él mismo nos aporta la prueba. Reproducimos dos parágrafos de un prólogo de un libro que nunca publicó, donde él da testimonio fiel de la reelaboración y muerte de muchos de sus poemas, fue escrito en Bogotá, en diciembre de 1927(18)

El poeta era poseído por una sed obsesional de perfección, su sensibilidad creativa no se encontró jamás, ni plena ni satisfecha. En el lecho de muerte sus escasas fuerzas físicas y mentales las dedicó a pulir su obra, como consta en carta del 23 de junio dirigida a su amigo de toda la vida, J. B. Jaramillo Meza(19)

Cada poema presenta a veces cambios en el título, en el número de versos, en la métrica, en lo consonante y asonante, en el efecto metafórico, en la estructura, en la utilización del ritmo, y en todos los elementos del poema. Es el propio autor quien define la ubicación espacial y temporal de su obra, porque le ha hecho las modificaciones, supresiones e introducciones que juzgó necesarias para considerarla terminada.

En documento hecho de su puño y letra, en carta dirigida a Jaramillo Meza, antes citada, la cual corresponde en lo temporal al año 1941 y en lo espacial a la República de México, queda claramente definido este aspecto. A esto le podemos agregar un nuevo elemento, es el hecho que Porfirio Barba-Jacob jamás publicó un libro de poesía. Durante su vida se editaron cuatro folletos que Barba-Jacob reprobó y desconoció: Rosas negras en 1932, Canciones y Elegías en 1932, La canción de la vida profunda y otros poemas en 1937, y en 1942, El corazón iluminado(20). Lo fundamental de su obra se conservó inédita en vida del autor, en cambio fue conocida a la oralidad por el público amante de la poesía. En forma sistemática organizaba en las ciudades y pueblos por donde transitaba, lecturas poéticas de los poetas de moda, los de sus preferencias en el lugar, y desde luego sus propios poemas. En todos los sitios donde estuvo, sus lecturas se hicieron famosas y el público llegó a pagar la entrada como en cualquier otro espectáculo. Sobre esto existen pruebas en Medellín, Bogotá, Lima y Centroamérica. Después de su muerte su poesía sigue lozana y llena de vigor en los ámbitos de las tierras que en vida trasegó y vivió, siendo ampliamente conocida en todo el área del español. En lo que concierne a otras lenguas, sus poemas más famosos han sido traducidos y el conjunto de su obra se va proyectando lentamente.

Su obra poética en el sentido de la cantidad no es abundante. La constituyen aproximadamente, entre ciento veinte y ciento treinta poemas los que detallamos en el espacio de la bibliografía dedicado a su obra.

  Lo que entendemos hoy por modernismo en poesía latinoamericana es un cambio que tiene rasgos revolucionarios, y se expresa a través de la renovación poética que presenta aspectos inéditos en la historia de la poesía. Esta ruptura afectó al conjunto del poema, tanto en su contenido como en su forma, y también en diferentes grados al conjunto de la poesía latinoamericana. Participaron en el cambio poetas provenientes de distintas tendencias y horizontes geográficos de América, entre los que se incluye Porfirio Barba-Jacob.

En la medida que se investiga sobre el tema, los criterios van evolucionando hasta forjar un concepto que puede catalogarse de categoría literaria histórica. Max Henríquez Ureña, quien es uno de sus primeros analistas y que se ha constituido en un pilar teórico del tema, lo denomina Movimiento de renovación literaria en América Española(21). Gutiérrez Girardot, utiliza la categoría de Literatura Hispanoamericana(22). Las dos anteriores afirmaciones desde el ángulo gnoseológico son inconsistentes, en razón que el modernismo es el producto de la necesidad del rechazo y desligamiento a la tendencia de la literatura española, que representa la continuación de dominación colonial en el plano de la estética. La formulación que usa Saúl Yurkievich al hablar de poesía latinoamericana, expresa lo objetivo, puesto que encierra los contenidos de los cuales se impregnó el modernismo proveniente de los movimientos literarios de cambio, ocurridos en Francia, como son el simbolismo y el parnasianismo.

La idea de Yurkievich encaja perfectamente en el movimiento de la historia, aspecto no tratado por los teóricos modernistas precedentes en sus enfoques literarios. El análisis histórico exige no omitir el concepto de proceso, el cual sólo es comprensible si se tiene en cuenta el movimiento de la historia, que está conformado por valores particulares que ascienden al concepto de universalidad. En el caso colombiano, la modernidad poética fue precedida por las ideas de la ilustración, forma local de todo el movimiento intelectual europeo que se inicia en el renacimiento. Las ideas de la ilustración en la literatura colombiana están presentes en lo que se denomina la literatura criolla. Criollo designa todo lo que es un producto regional. Este producto regional en términos temporales se remonta a la novela de Pedro de Solís y Valenzuela, titulada El desierto prodigioso y el prodigio del desierto, obra de reciente descubrimiento y la que se empieza a considerar como la primera novela de Latinoamérica. En los siglos XVII y XVIII, la mujer tuvo presencia literaria en Colombia, con Francisca Alvarez de Velasco y Francisca Josefa del Castillo. En todo este periodo la obra más sobresaliente fue El carnero de Juan Rodríguez Freiles.

Las ciudades importantes en Colombia en la época eran Cartagena, Popayán y Bogotá, lugares donde era común encontrar bibliotecas personales, las cuales disponían de toda clase de libros, sin excluir los más perseguidos por La Inquisición; inclusive los hombres de religión eran asiduos lectores y conservaban las obras prohibidas, como lo prueba el historiador y miembro de la “Société de Américanistes de Paris”, Guillermo Hernández de Alba, en el caso del canónigo Fernando de Castro, quien vivía en una pequeña población denominada Tunja, capital del Departamento de Boyacá, y quien dejó al morir mil sesenta volúmenes donde se encontraron libros de pensadores franceses como Descartes, Montaigne, ingleses como Locke y Newton, entre otros(23).

En 1760, fecha cuando llega a La Nueva Granada, el que se considera en la historia colombiana como el máximo gestor y promotor de la ilustración, José Celestino Mutis; los integrantes de los cenáculos de intelectuales que proliferaban, tanto en la capital como en las ciudades importantes de provincia, suscitaban vivas polémicas entre los partidarios de la teología, que eran los seguidores de la corriente española y en consecuencia pro-colonialistas, con los partidarios del pensamiento francés que se denominaban los cartesianos, que luego se llamarían enciclopedistas. Más tarde se forma el grupo seguidor del pensamiento inglés para interpretar las ideas de Bacon y Locke, dentro de estos grupos apareció un cuarto que se llamó asimismo empiristas. Las polémicas se desarrollaban en distintas lenguas, latín, francés o inglés. En materia lingüística, los abuelos de los colombianos de hoy eran mucho más políglotas(24).

Por esta época la Universidad de Salamanca, luego de resistir los embates de la contrarreforma, al reabrir la cátedra de matemáticas, como lo atestigua Diego de Torres Villarroel, encargado de la gestión, no encontró un profesor en la disciplina para nombrar(25). Es de colegir que los territorios coloniales, como el virreinato de La Nueva Granada, en el movimiento de las ideas, estaban más avanzados que la metrópoli. Luego siguió la Independencia y con ella la disolución de la sociedad feudal de economía pastoril, basada en el monocultivo y en la exportación de dos o tres materias primas de origen agrícola: el caucho, el añil y el tabaco. Se fundaron las instituciones precapitalistas en el siglo XIX, y luego al iniciar el siglo XX, se afincaron las estructuras del modo de producción capitalista. La navegación fluvial interior liquidó por completo el remo, y en su reemplazo el río Magdalena, principal arteria fluvial del país, fue surcado por barcos a vapor que inicialmente subían y bajaban mercancías, para luego introducir el turismo fluvial a vapor, que dio origen a una verdadera flota dedicada a esta actividad económica. Los Andes colombianos conocieron las vías férreas; las calles de sus ciudades vieron por primera vez el automóvil; se tendió también por primera vez la mampostería para la luz eléctrica, y apareció la primera forma de transporte colectivo mediante el tranvía.

En el plano de la literatura, y particularmente en el poético, no se loará a la moral religiosa o a la virtud; no trabajarán para el canto sagrado ni harán poemas al Sarao, jolgorio tradicional de la Colonia, ni los narradores describirán las cabalgatas con fines de esparcimiento de clases altas, detallando colores abigarrados, niñas de faldones debidamente entrenadas para montar sobre un apero que ofrece la comodidad de sentarse como en la silla corriente, inclusive, cruzar las piernas que era la forma ideal de cabalgar de la mujer decente y culta, quien en ocasiones llevaba un paje para arriar la bestia, porque  la mujer campesina en las labores del agro, montaba, y, aún monta en pelo, o sea, sobre la piel del animal, y como lo hace el hombre, con las piernas abiertas. Esta posición se juzgaba indecente por libidinosa, a causa que incitaba a los placeres de la carne. En el cabalgar del hombre, la literatura se ocupaba de destacar los zamarros y sobre todo los estribos metálicos en cobre o en acero, bellamente grabados al buril o en otras técnicas. Los cronistas de los periódicos no describen ahora, las procesiones ni las voces de los salmos, ni los cantos del coro. Los cambios versales alcanzan el mayor grado de contradicción con el Nocturno de José Asunción Silva que fue motivo de encendidas polémicas, tanto en Bogotá como en Caracas. De acuerdo a la afirmación de Max Henríquez Ureña, los unos lo encontraban extravagantes mientras que otros lo estimaban innovador(26). Las transformaciones materiales crean un campo propicio para que un enfoque distinto del arte y de la cultura logren enraizarse sobre bases firmes.

El modernismo  latinoamericano  de la infraestructura y la  estructura mate-

rial, es el tránsito entre una sociedad que muere y otra que nace; un nuevo concepto trae en sus entrañas la sociedad naciente, como lo anota Gutiérrez Girardot analizando el concepto de derecho de Hegel “Cada uno es un fin para sí todo lo demás es nada para él”.(27)

La anterior cita que es válida en economía y en literatura; aplicable al continente europeo y a la zona norte del continente americano; no se cumple con el mismo rigor en el seno de la literatura latinoamericana. Destacamos esto debido a que es un factor que incidió en la obra de Barba-Jacob. Por lo demás, este trabajo no tiene como objetivo analizar, hacer una crítica o definir lo que es el modernismo latinoamericano, sino en qué medida Porfirio Barba-Jacob, es o no, un poeta modernista.

En Colombia y América Latina, muchas personas que se dedican a la crítica sostienen que no existe ningún elemento de juicio para calificar la obra de Barba-Jacob como modernista, y hay algunos que lo han valorado como modernista trasnochado y otros como modernista rezagado(28), sólo que estas personas no nos dicen las razones para emitir esos juicios.

Sosteníamos anteriormente que la idea de modernidad en literatura y en economía en América Latina, es muy diferente al concepto económico y literario que se da en otras geografías y planos del capitalismo. La nueva forma de producción está basada en lo pragmático, cuyo objetivo principal, esencia y causa de su existencia, es el beneficio. Este no le proporciona al escritor ni al poeta ningún espacio, puesto que su producción, en tanto que artista, no genera en términos del capital, ganancias. Es por esto que el poeta latinoamericano, queda al margen de la sociedad como un rezago de la anterior forma social. Es aquí donde cobra vigencia la afirmación de Pedro Henríquez Ureña, que sostiene que la literatura no es una profesión sino una vocación.(29)

Esto que los teóricos del modernismo llaman vocación es la anulación simple y llana del poeta de todo espacio del ordenamiento imperante. La poesía anulada por la ganancia, entra en el campo de la anulación para anular la ganancia; el poeta ahora trabaja al margen del dinero. El dinero no es el motivo ni el fin de su poema. En esta condición, el poeta se ve obligado a existir, como un ente inexistente, en razón del capital; siendo esta inexistencia, la que le permite acceder a su existencia. El encarna entonces una actitud abanderada, asume una posición crítica ante lo social desequilibrado e injusto. Como lo dice Hernández Sánchez-Barba, al analizar la Ilustración Indiana, es “un incremento de la respiración histórica en el lenguaje de Braudel”(30).

  El poema modernista aparece como el vaho de la historia porque condensa lo inasible, lo que se va al fondo en los segmentos de la memoria. Filón de las derrotas y victorias, de la frustración, de lo trágico, de lo alegre, sueño de las pasiones e invento de los anhelos, impregnaciones del sentir de lo colectivo y de lo individiual. Todo como la derivación de la materialidad social de las distintas regiones de América Latina. El poema se convierte en una esponja que absorve las esencias más sentidas de los grupos humanos de un espacio y de un tiempo delimitado que en este caso, fue un estadio en el cual se modelaron fisonomías. En él se hace presente el verso de Barba-Jacob, portador de variados elementos de valor identitario.

  En lo que existe unanimidad para definir lo que caracteriza la poesía modernista latinoamericana entre teóricos y críticos, profesores universitarios y demás especialistas, es en el nuevo contenido que presenta el material del poema. Los modernistas comprendieron cabalmente que la cantera del canto popular del nuevo mundo, era una fuente completamente inexplorada, cuyo significante brindaba solidez para crear una poesía distinta.

  Barba-Jacob utilizó en forma directa el término “canción” en dieciséis títulos de sus poemas: Canción de la vida profunda, La vieja canción, Canción innominada, Canción ligera, Canción delirante, Nueva canción de la vida profunda, Canción del tiempo y del espacio, Canción en la alegría, Canción de la noche diamantina, Canción de un azul imposible, Canción de la soledad, Primera canción delirante, Canción de la hora feliz, Canción del día fugitivo, Segunda canción sin motivo y Segunda canción delirante. Barba-Jacob que era de origen campesino, que vivió el trabajo del agro y compartió las alegrías y pesares del campesino antioqueño(31), descubrió y comprendió la importancia que tiene el hecho de cantar solitariamente. Los campesinos, tanto de Colombia como los de América, cantan cuando están trabajando la tierra en forma solitaria, o cuando viajan sin ninguna compañía por los caminos o simplemente están en soledad. Es hábito en las haciendas y en los hogares que la gente se reúna para charlar y cantar antes de acostarse. Esta misma conducta se practicaba en las zonas semi-urbanas y urbanas antes de la llegada de la televisión. La canción cumplía la función terapéutica y de profilaxis psíquica. También fundía valores identitarios particulares los que luego ascendieron a lo universal, como ocurrió con la guaracha, el bolero y el tango, para citar sólo algunos casos.

La palabra “canto” la utilizó una vez, Canto a la ciudad de Barranquilla. “balada” una vez, Balada de la loca alegría. En cuarenta y un poemas, sus títulos tienen relación indirecta con canciones populares: No tardaré. No llores..., La neblina perezosa, El árbol que sombrea la llanura, La tristeza del camino, La estrella de la tarde, Retrato de un jovencito, Lamentación de mediodía, Triste amor, Soberbia, El despertar, Elegía de septiembre, La dama de cabellos ardientes, El alma salvadoreña, Contrición, Vivir, La hora suprema, El son del viento, Corazón, Momento, Elegía de Sayula, Estancias, El peregrino, Soy como Ascanio, La reina, Cintia deleitosa, La hermana, La infanta de la maravilla, Futuro, Imágenes, Un hombre, Oración, Elegía del marino ilusorio, Sueño de Acapulco, Ante el mar, La vida es agua de un áureo río..., El viento de la mañana, El espejo, Oh viento desmelenado..., Toda la vida, El hijo de mi amor, mi hijo único, En las noches oceánicas...

Sus títulos están íntimamente ligados a la secuencia versificadora de cada poema, aparecen como un verso más del cuerpo textual en la medida que la lectura lo exige, pero entre el título y el cuerpo del poema media una distancia que establece plenamente la diferencia entre el título que hace las veces de cabeza con el resto que se constituye en su cuerpo. Hay algunos poemas donde repite el título en el primer verso, como en el caso de El árbol que sombrea la llanura. Aquí por anaforismo usa el título como primer verso, en otros, va irrigando el título o parte de éste, por el cuerpo de cada uno de ellos de manera distinta para darle al texto una atmósfera y ritmo de canción popular, como en el poema El viento de la mañana. Su primer verso es una epanáfora en relación al título /Viento de la mañana,/, en el tercer verso toma una parte del título /viento sonoro, viento de armonía,/, aparece nuevamente en el séptimo verso de la segunda estrofa /Viento alígero y puro,/, luego surge en la tercera estrofa, en el quinceavo verso /Viento que con tus alas/, para encabezar la quinta y sexta estrofa /Viento de la esperanza,/, /Viento de las campiñas olorosas,/, luego emerge en el verso treinta y dos /viento sonoro, alígero,/. El recurso reiterativo está empleado para asir lo musical popular latinoamericano creando un caracoleo melodioso por aliteración.

Tanto los títulos directos como los indirectos, son el producto de ese profundo enraizamiento del sentimiento musical y rítmico del canto centroamericano y caribeño y de América del Sur. En ellos encontramos un parentesco directo con el bolero; es el caso del poema Toda la vida. En la colección titulada “Los cien boleros más hermosos, la música que nunca muere”(32), encontramos un bolero titulado “Toda una vida”, del Trío Los Jaibos, lo mismo que “Te amaré toda la vida”, de los hermanos Martínez Gil. Igualmente es el caso del poema que venimos analizando, No tardaré. No llores..., que se emparenta con el bolero “Por que no he de llorar”. También tiene un acercamiento con el tango, como sucede en el poema El corazón rebosante, con el tango “Donde estás corazón”, de Luis Martínez Serrano, y con la música puramente colombiana, como es el caso del pasillo. El poema El despertar, encuentra su símil con el pasillo “Triste despertar”, de Carlos A. León, y en ese orden, muchos poemas parecen fundirse con este tipo de canciones latinoamericanas que son simultáneamente canto y música de lo terrígeno.

Lo señalado anteriormente no es una característica exclusiva de su poesía, sino una constante de otros poetas modernistas que utilizaron directa o indirectamente los términos canción, canto, balada. Rubén Darío utilizó el término canción, para titular varios de sus poemas, directa o indirectamente: “Ama a tu ritmo y rima tus canciones”, “Balada en honor de las musas de carne y hueso”, “Canción de otoño en primavera”, “Tarde del trópico”, “Cantos de vida y esperanza”, “La canción del oro” y otros. Leopoldo Lugones, “Balada del fino amor”, “Odas seculares”, “La voz contra la roca”, “Rosa marchita”, “Rosa de otoño” y muchos más. Julio Herrera y Reissig, “Canto de los meses”, “Canto de las horas”, “Desolación absurda”. Igualmente hicieron uso de esta idea, otros modernistas.

El extraer material de la canción popular, comenzando por la palabra canción, balada, canto y todos los términos que son asimilables a esta temática, obedece a una concepción que se sustenta en la necesidad de la afirmación de la sociedad, ahora independiente y libre, la cual se encuentra en el vacío por haber cortado los vínculos con la vieja tradición española. La idea de canción popular durante el siglo XIX y hasta la década de los sesenta del siglo XX, en la mayor parte de la regiones de América, era considerada por los cuantificantes de valoración estética, como una manifestación inferior que no podía compararse siquiera con el estatuto del poema. Barba-Jacob, quien no tenía una formación tradicional, o sea, universitaria y académica, causa que lo ubica en el campo del autodidacta, se nos revela genial al comprender que tenía que vincular sus poemas con el canto popular.

El conocía perfectamente, tal como los demás poetas modernistas de su tiempo, la posibilidad de versificar el canto popular para lograr establecer un puente entre canción y poema. Es por esto, que en los poemas de Barba-Jacob se encuentra una unidad indisoluble entre la voz del lirismo popular, y el lirismo de la voz poética, pero también en la frase anodina del lenguaje común o en las convicciones religiosas. En el poema Anima Victa afloran en sus contenidos las creencias del catolicismo /Ya ni dolor, ni voluntad, ni ensueño,/ /Ni gajo de laurel... ¡ya ni siquiera/ /mi corona de espinas!/. La corona de espinas remite al decir de la madre cuando ha tenido un hijo que la satura permanentemente de problemas por cualquier motivo. A la mujer que está obligada a soportar a un hombre que la ostiga de infelicidad. La corona y las espinas referencian cualquier tipo de sufrimiento de una persona.

La canción popular se sumerge en el texto poético inyectándole su propio mundo. Mundo que está constituido de distintas realidades en cada país. El poeta fue un deambulante del Caribe, Centroamérica y una porción de América del Sur. Espacios que contienen particularismos donde la complejidad de lo social no presenta contenidos estables, sino que es una suma de reacciones diferentes ante una misma realidad. La efervescencia de lo caribeño contrasta con la pasividad del hombre andino. La nueva poesía descubre todo aquello que no había sido poetizado, y también lo despreciado por la corriente naturalista y tradicional de la Colonia. El verso se detiene ahora en lo nimio, en los lugares comunes, en todos esos hechos que fueron un territorio ignorado de la versificación precedente. El rescata los valores que fluyen por las arterias de las muchedumbres latinoamericanas en silencio, raquíticas, anémicas y ausentes hasta ahora en el plano de lo literario. El poema se empapa con tonos abigarrados para vestirse con lo masivo. Se trajea con lo que antes era detritus, aquello que Saúl Yurkievich denomina los grandes recolectores de bazar(33)

Lo popular en el poema de Barba-Jacob se encuentra al primer golpe de ojo, en el portón de la entrada, lo que en el lenguaje del taller poético se denomina “gancho para el lector”. El empieza con el título, lo enloda con la fuerza de la vida dura, lo baña con el sudor de las manos callosas del que labra la tierra, o en la fábrica hace chirriar los metales, lo proletariza, prescindiendo de todo temor de no ser leído o rechazado. Por esto el título de su primer poema No tardaré. No llores..., puede ser utilizado para un bolero, un tango, un bambuco o cualquier tipo de canción latinoamericana sentimental o erótica.

Para descubrir en qué medida están presentes los códigos de la canción popular, comenzaremos con éste, su primer poema, No tardaré. No llores...(34), el que fue elaborado en su primera versión en el alba de su juventud y rehecho durante toda la existencia del poeta.

La primera característica que presenta el poema es que es anisosilábico, debido a que sus versos no tienen la misma cantidad de sílabas. La razón de esta técnica obedece al hecho de que el poema presenta una prioridad por lo sonoro, donde el metro resulta secundario.

El título por sí solo exuda una atmósfera de canción popular, la razón es simple. Los materiales utilizados han sido extraídos del lenguaje cotidiano y organizados para que cumplan la función de una catáfora, como es común en el bolero y otros géneros de la canción popular, en la cual el título es un anuncio o anticipación de los contenidos del discurso poético. El título está formado por una anáfora, una cesura de hemistiquios irregulares que dan lugar a una pausa tonal intermedia. Por la repetición de la vocal “o” y las distintas acentuaciones produce una melodía que es la que constituye la atmósfera de ambientación popular. Al entrar en el cuerpo textual nos encontramos que se da una reiteración entre título y primer verso. El recurso anafórico usado busca el mismo fin sonoro. Aquí estamos frente a una anáfora asonante por aliteración entre título y verso.

El cuerpo del discurso poético presenta varios recursos para lograr los efectos tonales, pero sobre todo para obtener una rima suave. Para ello recurre al verso bimétrico, donde el número de sílabas carece de importancia. Al usar palabras de semejanza fónica, pero con distinto significado, se vale de la paronimia con el objeto de cristalizar un afinamiento sonoro. Sin embargo, el recurso más importante para alcanzar lo musical, lo encontramos en las rimas consonantes de los versos del primero al octavo.

 

Para descubrir la rima, nos basta con la agrupación de los sonidos en su sentido fónico:

 

La anterior agrupación nos devela la presencia de un estilo propio de la rima de la Edad Media que se usaba en la métrica de los Cantos Gregorianos, sin embargo, el conjunto del poema presenta rasgos de una rima abrazada, forma innovadora francesa en el siglo XIX(35).

Esto significa que Porfirio Barba-Jacob, no sólo conocía la métrica en las distintas manifestaciones de ésta, sino que la dominaba y se servía de ella. Al usar la métrica que corresponde al poema tradicional heredado de España, para crear un ambiente sonoro en un poema erótico de temática plenamente popular, el poema No tardaré. No llores..., presenta una modificación en lo puramente rítmico como lo hemos visto anteriormente, pero a su vez contiene otra característica mediante el ritmo visual que es un signo de la nueva poesía, según la afirmación de Francisco López Estrada(36) que plantea la libertad a la cual asciende el verso.

En cuanto a los materiales son novísimos, porque poetiza el amor y lo erótico de la mujer trabajadora que habita las zonas semi-urbanas y rurales de la América que nos ocupa, que son ciento de miles de pueblos. Luego en los versos del nueve al quince, el poema es directo porque nos plantea en forma escueta y sin lugar a dudas, la clase de canto que asciende al verso poético, al hacer uso del recurso técnico de la canción popular que se vale de la catáfora para anticipar la idea del mensaje que contiene el canto. En este sentido el poema procede por acumulación significativa en razón de que el poema para que la mujer no llore, le ha traído un ramo de flores azules de romero, ha cogido también aves en sus nidos, cristales de las grutas, mariposas en vuelo, frutas exquisitas producidas por viejos árboles, y la progresión continúa, con lo cual queda al descubierto todo un mundo de atmósferas propias de las montañas, cordilleras y planicies, donde es palpable contenido de la pesía anacreóntica y también lo ecológico, la filosofía de un modo de vida, el pensar y el actuar del campesino latinoamericano, base de la pirámide social, donde la musicalidad y el ritmo condensan cantares de esencia de lo genuinamente proletario.

El poema nos presenta una imagen de mujeres cantando, que van bajando por caminos inclinados de la cordillera, en dirección de los pueblos de mercar(37). La mujer campesina canta porque está feliz, debido a que va caminando hacia la zona urbana para vender los productos agrícolas que ha producido en su granja; vive el ajetreo que transforma su vida rutinaria cada ocho o quince días con la venta y compra de productos, saludo de amigos y gozar de toda esa sociabilidad que genera el comercio local.

El poema se sitúa en geografías empinadas, que en términos de la región se traduce en miles de metros de altura. La palabra montaña usada en el poema nos remite a las zonas del campo, referenciando a las mujeres cordilleranas. El primer espacio invocado en el poema es el que alude a toda la cordillera de los Andes y luego a las demás alturas de América. El poema nos entrega un tercer y último elemento con el cual se remacha de manera contundente la temática del canto campesino. Este está presente en la imagen del viejo de la aldea, quien se ha quedado en aguarda y consume el tiempo en torno de un fogón que es alimentado por el fuego de un tronco encendido. Tronco que arde al soplar el viento. Esto nos ubica en una casa campesina de paredes de bareque y techo de paja, donde la cocina  está expuesta  por uno  de los laterales al viento  del exterior. El  aire  que

viene de afuera sopla sobre el tronco encendido produciendo una llama, que es la que canta al pasar el aire por los distintos orificios que tienen las paredes, debido a que el barro se va cayendo con el tiempo. El imaginario campesino interpreta la musicalidad del viento y la llama augurando visitas; buena o mala suerte y en ese orden toda clase de supersticiones. Esto lo hemos visto y oído muchas veces cuando éramos caminantes de esas cordilleras.

El hecho de incorporar materiales extraídos de las amplias capas de la población es un acto pacientemente reflexionado por Barba-Jacob, que descubrió la dimensión de la riqueza estética existente en las profundidades sociales. Sin embargo, el problema que plantea el contenido del valor estético de lo social es el de encontrar los procedimientos creativos que permitan utilizarlos para que sirvan como elementos fundamentales en cualquier manifestación del arte, sea en música, pintura, escultura o literatura. Procedimiento riesgoso para cualquier artista. Barba-Jacob estaba conciente de esto, fueron muchos los poemas que en borrador envió al cesto porque no pudo lograr cristalizar lo que buscaba. Decía que lo difícil que él encontraba era ponerle el temblor poético, cómo labrar la palabra popular en el cuerpo del poema. Aquí en esta fase, el poeta conoce bien su material, él mismo nos lo hace saber en un párrafo de la Divina Tragedia:(38)

En esta cita encontramos la concepción del poeta para escribir en torno al numeral que nos ocupa. En este pasaje descubrimos el conocimiento que se debe tener del material a incorporarse en el verso. Todo buen poema es producto del conocimiento de su autor, conocimiento que determina la calidad textual, sin la cual no puede ascender a la categoría de lo estético. Buena parte de su obra fue constelada con las gemas seculares como él nos lo dice.

El enlace entre canción popular y poesía en el poema de Barba-Jacob, ha sido posible porque él supo escoger los significantes que ofrece la calidad precisa para construir la versificación de cada poema. Es el caso del sonsonete, que en música se consideró como un sonido pesado, y su presencia era calificada de carencia creativa, relegando las piezas musicales o canciones que lo contenían al espacio de lo vulgar. La música afro-latinoamericana mediante la percusión lo fue decantando para combinarlo con lo fónico y así pulirlo hasta alcanzar lo que hoy se califica como estribillo. Este elemento se encuentra en la poesía de este autor, tomemos el caso del poema Canción de la noche diamantina:

La estructura del texto en análisis, está cargada de contenidos musicales que nos envían directo a un son tropical latinoamericano. El verso sexto que cierra la estrofa y que por reiteración se repite en las seis estrofas que constituyen la totalidad del discurso poético, utiliza el adverbio no, para comunicar una negación. Pero al analizarlo desde el punto de vista rítmico, su contenido es muy diferente, en razón que lo utiliza de manera sucesiva con signos de admiración, cuatro veces consecutivas. Entonces lo que antes era un adverbio de negación, por el uso que cumple en el verso, es una tonada que sigue cuatro intervalos regulares, como si se tratara de golpes de tambor, pum–pum–pum–pum–. Frecuencia rítmica de tonada, la que fácilmente puede emparentarse con el chachachá o cualquier otro ritmo tropical. Además está presente el estribillo que es un segundo valor de la canción popular y en el cuerpo poético busca lograr un efecto melódico por aliteración.

En el caso del presente poema, el estribillo es un eje sonoro que tiene una ubicación espacial precisa. Al ser el estribillo lo que en métrica española se denomina rima de eco, absorbe como un imán toda la rima contenida en la estrofa para buscar un efecto auditivo. Con este procedimiento formal, el poeta se traslada al espacio de lo innato para hacer surgir ese músico intuitivo que hay en cada ser humano, producto del registro sonoro de la memoria musical atávica; que en este poema, lo nuevo en el verso, es el hecho de haberlo emparentado con los codificantes musicales considerados del vulgo. Término que él mismo Barba-Jacob usó en un sentido peyorativo en varios de sus escritos literarios y en su prosa periodística.

En la época que vivió Barba-Jacob, las clases que estaban en la cúspide de la pirámide social, tenían un hondo desprecio por todos los valores de los sectores clasificados como clases bajas. Lo que ellos calificaban de vulgo, en el arte incluía la canción y la música. Es por esto que recalcamos su importancia. Los distanciamientos sociales en América Latina son muy marcados en todos los planos, lo que media entre los grupos humanos son verdaderos abismos de los cuales no puede escapar el arte. De ahí que el modernismo tuvo la capacidad de fundir en una sola unidad la palabra “inculta” con la palabra “culta”. Este ha sido uno de sus principales méritos una acción de originalidad de la nueva metáfora, un acto de liberación de la imagen. Su equivalencia en término de comparación, la constituye en Francia la palabra vulgar del francés frente a la palabra culta del latín.

Al entrelazar los valores de la canción popular con los valores poéticos, hemos encontrado un contenido de inédito que convierten el poema de Barba-Jacob, y por ende a todo el verso modernista, en un sistema poético con un carácter diferenciador. Contenido que al hacer presencia, le imprime al sistema poético un valor que lo caracteriza, y por ello lo transforma en un elemento identificante que lo hace específico en el conjunto poético universal.

 

NOTAS

 

13  Anuario Estadístico del Distrito de Medellín, año III, datos del Cantón, 1917, tomo 339, documento 6502.

 

14  Revista del Centenario de Porfirio Barba-Jacob, N° 5, Santa Rosa de Osos: agosto de 1983, pp. 19-23.

 

15 Collection UNESCO D’ŒUVRES REPRESENTATIVES, Silva Poésies, Paris: Editions Unesco, 1996, p.223.

[...]y en el marco de la Colección UNESCO de obras representativas aspira a darle la audiencia que se merece en una lengua que él mismo practicó con soltura y por cuya cultura finisecular, en pleno apogeo simbolista y decadentista, no sólo sintió admiración, sino de la cual fue entusiasta difusor en América. 

 

16 DIEZ, Humberto, “Un testimonio excepcional. –La prima de Barba-Jacob habla de infancia y secretos–in Diario El Tiempo, lecturas dominicales, suplemento literario, Bogotá: 23 de junio de 1974.

 

[…] Nuestro juego preferido era una rueda en la cual danzábamos cogidos de las manos al compás de unos versos ingenuos que cantábamos en coro:

 

“Gulupán de la China,

gulupán de la China,

corramos que nos come la gallina...”

 

–Barba-Jacob jugaba con los otros niños campesinos, pero sin disfrutar mucho de la rueda. Se quitaba la camisa, como un diablito loco, y su afán era siempre terminar la “rochela” con una travesura. La rueda del “gulupán de la China” que hacíamos a la orilla del río Tenche, terminó muchas veces cuando más de uno de los jugadores cayó al agua, empujado por Miguel Angel. […][…] Nuestro juego preferido era una rueda en la cual danzábamos cogidos de las manos al compás de unos versos ingenuos que cantábamos en coro:

 

“Gulupán de la China,

gulupán de la China,

corramos que nos come la gallina...”

 

–Barba-Jacob jugaba con los otros niños campesinos, pero sin disfrutar mucho de la rueda. Se quitaba la camisa, como un diablito loco, y su afán era siempre terminar la “rochela” con una travesura. La rueda del “gulupán de la China” que hacíamos a la orilla del río Tenche, terminó muchas veces cuando más de uno de los jugadores cayó al agua, empujado por Miguel Angel. […

 

17  SOTO Rudecindo, «Apuntes sobre la vida azarosa de un tal Porfirio Barba Jacob», in Semanario Correo Suramericano, N° 1, Upsala: septiembre 1946, pp. 7-8.

 

18 BARBA-JACOB, Porfirio, Obras Completas, op. cit., pp. 323-324.

 

El poema inicial de esta colección –“Acuarimántima”– fue escrito y publicado hacia 1909 y rehecho en años sucesivos, hasta lograr la forma actual. Tal como está corresponde a los días que precedieron a mi expulsión de México en 1922. Después he carecido de tiempo y de reposo para trabajar en él.

 

[...]

 

Excluyo para siempre, claro está, no pocos que he abandonado por mi voluntad, por mi conciencia de artista, y que nadie tiene el derecho de recordar, puesto que los condeno a perpetuo olvido. 

 

19   Ibid., pp. 412-413.

 

[...] Mi enfermedad sigue avanzando. Ya no soy el Barba-Jacob optimista. Barba-Jacob errabundo, Barba-Jacob el impetuoso. Ahora soy el viajero que se marcha definitivamente hacia lo desconocido... Ahora, tan solo, me he dado más a mí mismo. Ya no cultivo mis vicios, pero pulo mi obra. Quiero dejarla definitiva, ya que es todo lo que dejo, pues me marcho como nací... Voy, pues a comunicarte, en forma detallada las correcciones que he hecho en mis poemas, los títulos que han variado, por estar repetidos los unos, por ser impropios los demás, y , sobre todo, las poesías que he suprimido de mi obra, o porque nada valen o porque[...]

 

20  VALENCIA JURADO, Fabio, México en la poesía colombiana, Universidad Autónoma de México y Universidad Nacional de Colombia, Bogotá: 2002, pp. 37-46.

 

21  HENRIQUEZ UREÑA, Max, Breve historia del modernismo, op. cit.

 

22  GUTIERREZ GIRARDOT, Rafael, Historia de la Literatura hispanoamericana, Madrid: Editor Cátedra, 1987, tomo II, Del neoclasicismo al modernismo, “La literatura hispanoamericana de fin de siglo, pp. 495-506.

 

23  HERNÁNDEZ DE ALBA, Guillermo, “La biblioteca del canónico don Fernando de Castro y Vargas”, in Thesaurus, XIV, Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1959, p. 111.

 

 

24  SILVA & MANJARES, Lenguaje culto de los bogotanos, Santa Fe de Bogotá: 1827, Reproducción en facsímil, Bogotá: Editorial Antares, 1961, pp. 37-54.

 

25  TORRES VILLARROEL, Diego de, Vida, Buenos Aires: Austral, 1948, p. 61.

 

26   HENRIQUEZ UREÑA, Max, Breve historia del modernismo, op. cit., p. 136.

 

27  GUTIERREZ GIRARDOT, Rafael, Historia de la Literatura hispanoamericana, op. cit., p. 495.

 

28  URIBE FERRER, René, “Barba-Jacob en el folclor y la literatura”, in Revista de Literatura y folclor Biblioteca pro-Antioquia, febrero, Antioquia: 1978, pp; 57-71.

 

29  HENRIQUEZ UREÑA, Pedro, Las corrientes literarias en la América hispánica, México: Fondo de Cultura, 1949, p. 165.

 

30  HERNANDEZ SANCHEZ-BARBA, M., “La ilustración indiana”, in Historia de España “Menéndez Pidal” Madrid: Espasa-Calpe, t. XXXI, vol. 2, 1987, p. 293.

 

31  Toponímico que se refiere a las personas nacidas en el Departamento de Antioquia, división geográfica y administrativa de la República de Colombia.

 

32  Trío Los Jaibos, Los cien boleros más hermosos del mundo, la música que nunca muere, volumen I, CD, Discos Fuentes. E 56001.

 

33  YURKIEVICH Saúl, Celebración del modernismo, Barcelona: Tusquets Editor, 1976, p. 12.

 

      [...]Los modernistas tienen alma de coleccionista, son los más grandes recolectores, propician la poética del bazar. Todo lo acopian, todo lo compilan, todo lo inscriben, todo lo exhiben como en un almacén de ramos generales. Su obra semeja un teatro de variedades, ofrece el más vasto popurrí nunca concebido. El afán turístico de trotamundos se confabula con el arqueológico para remedar cualquier pretérito prestigioso. [...]

 

34  BARBA-JACOB, Porfirio, Porfirio Barba-Jacob poesía completa, “No tardaré. No llores...”,  op. cit., p. 25.

 

No tardaré. No llores.

Yo para ti he cogido

del áspero romero azules flores;

las aves en su nido;

cristales en las grutas;

las mariposas en su vuelo incierto;

y de los viejos árboles del huerto

las sazonadas frutas.

Y he aprendido las lánguidas querellas

que cantan al bajar de la montaña

los grupos de doncellas; y la conseja extraña

que, mientras silba ronco

el viento en la vetusta chimenea,

cuenta alrededor del encendido tronco

el viejo de la aldea

(No tardaré. No llores...)

 

35   QUILIS, Antonio, Métrica española, Barcelona: Ariel, 2001, p. 140.

36   LOPEZ ESTRADA, Francisco, Métrica española del siglo XX, Madrid: Editorial Gredos, 1987, p. 120.

37  La expresión “pueblo de mercar”, alude en la parte norte de Sudamérica, a los poblados medianos, pequeños o grandes, enclavados en zonas rurales, ubicado en espacios geográficos estratégicos, para la compra y venta de productos de origen agrícola e industrial, las cuales se llevan a efecto en un día preciso cada semana, dando preferencia al domingo debido a que los campesinos aprovechan para cumplir con las obligaciones religiosas.

 

38  BARBA-JACOB, Porfirio, Obras Completas, op. cit. p. 372.

                [...] Hay tesoros de formas poéticas y aún de la prosa de los vulgos, ya ennoblecida, que fulgen desde hace siglos con igual fulgencia en la forma de los clásicos. Esto no es posible sustituirlo. Lo difícil es poner en esas formas el temblor de hoy, la inquietud que nos envuelve en su onda, y hasta un poco de la inquietud que amanecerá mañana. Por eso yo he dicho en el Pórtico, que ansío mi verso constelado de gemas seculares...

 

                                                          Porfirio Barba-Jacob transido y compungido en su realidad, suite 3

 

Par VERICUETOS - Publié dans : ESSAIS
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